martes, 11 de octubre de 2011

Penitencias

Escuché las campanas redoblar con desconsuelo,
y vi en tu rostro el dolor desencajado,
vi las ruinas de la historia carcomidas por la arena,
sin perder de vista el color del cielo que me diste.

Si las cosas del mundo se miden por lo opuesto,
¿con que ilusión pude ponerle precio a un alma?,
si en todos mis pasados encuentro tu presente,
¿cómo pude imaginar un futuro con tu ausencia?

La vana pretensión de atesorar las horas,
ignorando que la nube ya fue mar y será lluvia,
que la semilla será trigo y será pan y luego migas,
lo que es inexorable será porque está escrito.

Es inútil abrir la ventana del pasado, ya se ha ido,
como se han ido ya todas las cosas recordadas,
solo queda un de aquí en mas, y los fantasmas,
empeñados en resistir su postergado entierro.

Recomienzo el porvenir cada vez que empieza un día,
ejerzo el derecho a olvidarme hasta del aire que respiro,
no llevo la cuenta de tus perdones ni los míos,
y los volveré a pedir y dar cuantas veces necesarios.

Incapaz de explicar lo que me resulta incomprensible,
nos he impuesto una innecesaria y penosa penitencia,
intentando flagelarme a mí mismo te torturo, negando,
las verdades que conozco y las palabras que preciso.

Comparto mi confianza en hallar la salida al laberinto,
la paciencia necesaria hasta eclipsar la incertidumbre,
un juicio sumario, un veredicto elaborado con prudencia,
y clemencia, por si acaso, a la hora de aplicar justicia,

1 comentario:

  1. Cada día renacemos.
    Eso si, cada vez más escarmentados.

    Saludos.

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