sábado, 26 de enero de 2013

¿Símbolos?


Existen unas coincidencias notables en la vida a las que nosotros nos gusta rebajar de categoría y decirles casualidades, hasta que entendemos, en algún momento, por algún hecho iluminador, que hay una conexión tangible e inmaterial entre distintos aspectos de la vida.

Hace -en las dimensiones de mi vida- muchísimos años compré y quiso el azar que fuera ese, un disco de Joan Báez cantando en castellano canciones que eran todas bonitas, pero dentro de eso alguna era más importante que otra. De una de esas que supo importarme, hace una cantidad de años imprecisable, sobre un papel de almacén, tomé nota de la letra. Empieza diciendo: Sube a nacer conmigo hermano.


Este papel fue doblado en dos, en cuatro y en ocho y permaneció sobreviviendo a mi completo olvido en una caja de madera de la que lo saqué hace pocos días, una caja de madera que contiene este papel y otros papeles con otras cosas escritas, que tienen importancia o la tuvieron en el momento en que entraron en ella, cuyo contenido no inventarié después de que me la devolviera hace unos meses la que fue mi primera esposa. Yo había curioseado en esta caja hace unos días o unas semanas o unos meses, pero (recién) la última vez que curioseé la caja lo encontré: a pesar de ser el papel que estaba más arriba no lo había visto. Este reencuentro se produjo a los pocos días de terminar de leer un libro de poesía, una selección -caprichosa como toda selección- de poemas de Neruda, que es el autor de estos versos que son conocidos, pero no para todo el mundo.

Cuál es la línea que va desde un afán por conocer música que me llevó en algún momento de mi vida a comprar un cassette en español de Joan Báez en una punta y en otra punta me hace conocer a una persona, cuya casa visito, cuyo libro me presta, y en él encuentro este poema que reconozco cuando lo leo de aquella canción, esto último antes, unos días, pocos, escasos pero antes de reencontrar el papel donde había tomado nota de los versos. Que este papel sobreviva, que esta caja me fuera devuelta ahora cuando aun no he retirado mis pertenencias de mi anterior hogar en forma sistemática, me fui trayendo las cosas que fui precisando, pero no he traído mis discos, no he traído mis fotos, no he traído mis libros. Esta curiosidad, esta casualidad tan prolijamente encadenada por una mano invisible me tiene hoy, acá, hablando de esto.

Y una amiga sube a Internet un audio de Joan Báez cantando en Hanói durante un bombardeo americano y otra amiga se pregunta si debemos reconocer símbolos en nuestro camino y yo le respondo así:
Sube a nacer conmigo hermano.

Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de la roca.
No volverás del tiempo subterráneo.

El último libro que termine de leer es de Umberto Eco, que de símbolos sabe mucho, y el que estoy leyendo ahora es de Alcira Argumedo, que expone con muchísima claridad algunas facetas del pensamiento social comprometido.

¿Símbolos?. ¡Claro que sí!

BONUS:


Sube a nacer conmigo, hermano.

Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra,
labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares:
albañil del andamio desafiado:
aguador de las lágrimas andinas:
joyero de los dedos machacados:
agricultor temblando en la semilla:
alfarero en tu greda derramado:
traed a la copa de esta nueva vida
vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco,
decidme: aquí fui castigado,
porque la joya no brilló o la tierra
no entregó a tiempo la piedra o el grano:
señaladme la piedra en que caísteis
y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales,
las viejas lámparas, los látigos pegados
a través de los siglos en las llagas
y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.
A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche
como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena,
eslabón a eslabón, y paso a paso,
afilad los cuchillos que guardasteis,
ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.

Dadme el silencio, el agua, la esperanza.

Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.

Apegadme los cuerpos como imanes.

Acudid a mis venas y a mi boca,

Hablad por mis palabras y mi sangre.


miércoles, 23 de enero de 2013

Marita Verón

La trata de blancas es el tema del día.

Nos causa espanto el fallo de la justicia tucumana. Cuesta entender por cual agujero de la telaraña se escapan los acusados, y cuesta, cuesta mucho, muchísimo, aceptar que si por alguna sutileza legal quedan en libertad los victimarios la culpa no es de los jueces sino de los legisladores que no han legislado de modo tal que no encuentren el punto débil por el cual todos se escapen. Aun no sabemos, y la profundidad de la retórica legal me confunde, si los jueces han actuado mal o han actuado bien: no es tarea del poder judicial corregir las leyes mal hechas sino velar por que se respeten todas las formas de los procesos. Coincido con todos en la indignación del resultado, pero no me resulta evidente el reparto de los méritos que concluyeron en la absolución general.

Volviendo al primer punto, se reitera la frase, casi slogan, “sin clientes no hay trata”, lo cual podría ser cierto si no fuera imposible. Por algo le dicen “la profesión más antigua del mundo”. En la mismísima Biblia, libro familiar a la inmensa mayoría nacional de origen teológico judío-cristiano, el único oficio conocido de una mujer fue la prostitución, y seguirá habiendo prostitución (femenina) por mucho tiempo más. Mientras los hombres acumulen testosterona y no tengan una pareja o amistad con derecho, y mientras haya mujeres acorraladas por el sistema en las orillas de la miseria o la necesidad seguirá existiendo el caldo de cultivo necesario para que el oficio más antiguo del mundo tenga su eternidad garantizada.

Debo ser cuidadoso a partir de aquí, porque lo que sigue es apto para la polémica. No estoy a favor de la prostitución. No me parece justo que alguien encuentre en el alquiler íntimo de su cuerpo su modo de subsistencia; más claro: me parece inaceptablemente injusto que alguien deba optar por prostituirse para no sufrir penurias económicas y carencias o para seguir sufriéndolas morigeradas. Pero no soy quien para imponer mi ley a nadie. Si una persona con opciones encuentra una salida voluntaria en la prostitución me parece mal; si una persona sin opciones encuentra una salida obligada en la prostitución me parece peor, pero desde el momento en que escapa a mi proveerle la salida, lo menos que debo hacer es respetar. Y, aunque no me agrade, me siento obligado a reconocerle a una persona adulta y libre la capacidad de decidir (para tranquilidad de mi conciencia, doy por asumido que es una decisión libre entre opciones válidas).

El problema no es la prostitución, el problema es la trata.
Sin trata no hay trata, aunque haya prostitución y haya clientes dispuestos a pagar por el uso de otro cuerpo.

Trabajé largos años en Suipacha y Tucumán, y recorría habitualmente la calle Lavalle. Cuando la oferta sexual era en la esquina de Esmeralda y Lavalle, la policía estaba en Lavalle y Maipú, y viceversa. Ahora ya no hay oferta “en pie”, o es más discreta, pero pululan por el centro de Buenos Aires pegadores de cartelitos de oferta sexual, con teléfonos y direcciones. Según uno de los muchachos a cargo de esta tarea, percibe $150 diarios por esa labor. No debiera ser tan difícil encontrar los departamentos, ver quien los alquila, quien paga los gastos, quien llama a esos teléfonos, quien manda a imprimir los papelitos, quien contrata a los que empapelan el microcentro y mas allá, expandiendo diariamente el límite de las superficies válidas para ese fin, que comenzó sobre el mobiliario urbano público, pasó luego a cortinas de negocios y ya orilla las vidrieras comerciales, a las que aun no se han animado.

La Metropolitana, la Federal, los funcionarios del poder judicial, y otras gentes obligadas por su trabajo a intervenir de oficio, a denunciar, están todos distraídos de su deber, y lo peor, lo peor de todo, es que no es necesariamente por connivencia o lucro, sino sencillamente por desinterés o complicidad ad-honorem.

Mientras no nos demos un debate adulto sobre el tema, permitiendo la prostitución como cualquier oficio, con un marco legal adecuado, reglas, permisos, condiciones de salubridad, aportes jubilatorios, y todas las demás condiciones propias de una actividad laboral legal, seguirá habiendo trata. Mientras sea necesaria la protección de alguien para desarrollar el oficio, habrá trata. Mientras la posibilidad de trabajar dependa de la venia policial, habrá trata. Por el contrario, en un contexto en el cual la prostitución sea legal, una prostituta no requerirá la protección de un cafiolo para evitar el acoso policial, sino que podrá denunciar en sede policial al cafiolo que la acose (y en sede judicial al policía que no se resigne a dejar de aprovecharse). Las prostitutas trabajarán para sí mismas, solas o en cooperativas, y se van a acabar muchos negocios turbios que se alimentan de la marginalidad forzada del oficio proscrito.

Toda prohibición es estéril en su intento de evitar lo que prohíbe y genera un negocio para quien la desafíe.
En un país progresista, este tema debería ser materia de discusión.



domingo, 20 de enero de 2013

Sobre mi cuaderno


Estaba pensando –estuve pensando- en escribir sobre mi cuaderno, sobre mi cuaderno (así al pasar noté que la reiteración de esas tres palabras tiene completo sentido). Hablaba de escribir sobre mi cuaderno y opté por hablar sobre mi cuaderno. Después escribiré lo que ahora hablo.

Mi cuaderno es como mi vida: hojas que quisiera arrancar, hojas que quisiera tachar y unas cuantas hojas en blanco. La analogía es perfecta. Mi cuaderno es un regalo de una de mis hijas, un cuaderno de hojas cuadradas, blancas, lisas, en el que de a ratos dejo cosas escritas. Quizás debí ser más estricto a la hora de juzgar que cosas elegí escribir ahí y que cosas debí escribir en otro lado, pero no hay ninguna manera de arrancar la página sin que se note y tampoco voy a ganar nada.

Me gustó mucho darme cuenta un día de que mi hijo el varón aprieta el pomo de dentífrico -pasta dental- de cualquier manera porque esa actitud que yo no tenía la he rescatado como valiosa después de la tardía lectura del primer párrafo de Rayuela. Esta casualidad coincide con que las hojas de mi cuaderno son lisas, otra de las cosas que Cortázar menciona muy al comienzo de este libro, y la complicidad padre-hijo (el tal para cual, el de tal palo tal astilla, el a menudo los hijos se nos parecen) se hace evidente en estos dos detalles.

Me distraigo en una conversación de ascensor sobre un segundo gol de River a Boca, tema que hasta hace pocos minutos llamaba mi atención pero dejó de hacerlo luego de un fugaz interinato en el podio de mis intereses. Otra vez encuentro un parecido entre lo que digo sobre algún tema y lo que pasa con mi vida: paso de una preocupación a otra y de una despreocupación a otra momento a momento.

Mientras hablo de mi voy haciendo cosas, como aprontar los menesteres que mi varón va a precisar mañana a la mañana cuando se levante y se mantenga en pie, solo, esperando que yo me despierte. Al momento de decir la frase “esperando que yo me despierte” me repiquetea, me golpea en la cabeza como un pájaro carpintero, buscando hacerme reaccionar. También despejo el camino (me quedo con esas tres palabras de la frase completa como una nueva manifestación de que la vida se hace presente en lo que digo) mientras hablo (despejo el camino) para que mis hijas mayores, la que me regaló el cuaderno y la mayor, cuando regresen de una fiesta a la madrugada no tengan obstáculos que puedan resultar una complicación para sus ojos distraídos.

Si hubiera escrito sobre mi cuaderno sobre mi cuaderno probablemente hubiera concentrado mi atención en algunas líneas más confinadas de mi pensamiento. Tengo una manera muy especial de referirme a esta capacidad de perder de vista el camino por el cual llegué a un  lugar, y al irme desde ese lugar a cualquier otro acarreo la sospecha de que es muy probable que haya coincidido el cambio de rumbo con su pérdida, y estoy hablando de lo que estoy hablando y estoy hablando de la vida también; encuentro una y otra vez que digo algo sobre algo y esa misma expresión la puedo aplicar sobre mí mismo. En algún sentido o en otro soy todas las versiones posibles de mi mismo, y entre todo eso que digo ser, ser adorador de las ramas de los árboles es esto de lo que mi palabra está dejando testimonio.

Ser todas las cosas posibles es convertirnos en una esfera capaz de rodar libre. El teorema de la esfera -tal cual lo he postulado en algún lugar- dice que cada una de las cosas que somos es una cara de un cuerpo,  y un cuerpo que tiene todas las caras posibles es una esfera. Esto que digo en forma tosca y destemplada tiene una argumentación geométrica, en aquel momento hablaba de poliedros regulares, como el tetraedro o el cubo, que al avanzar en su número de caras empiezan a parecer esferas, porque un poliedro regular de infinitas caras es una esfera. Por ahí el infinitas caras es un exceso, pero si cada una de las cosas que somos es una cara y tenemos muchas caras empezaremos por lo menos a ser algo parecido a una bola de espejos, donde cada una de las cosas que somos es uno de los tantos espejitos que tiene.

Sé que varias veces dije o pensé en decir en este último rato algo de lo que a la pasada me di cuenta que podía aplicar sobre mí mismo pero no quise detenerme a puntualizar y ahora me cuesta identificar que fue. Mañana o pasado o alguno de estos días me pondré a escuchar esto que dije para convertirlo en un texto escrito y sé que me voy a sorprender de cómo en un momento algo se nos revela y en un momento nos queda el recuerdo del hecho y el recuerdo del instante pero nos queda el olvido de la verdad que conocimos.

Me sorprendí hace un rato en la casualidad de que tenía unos versos que aparecieron durante una fugaz ducha y de que logré recordarlos cuando me senté ante mi cuaderno con la primera lapicera que encontré -porque la que hubiera usado está en algún lugar en el cual la reencontraré algún día- y quiso la suerte que haya sido la birome roja, la que uso pocas veces, cuya última contribución descubro en una hoja imprecisa, sin fechar, donde la página siguiente tiene dos meses y el escrito anterior tiene tres. No me voy a tomar el trabajo de ver si en algún otro lugar dice de cuándo son los versos anteriores escritos en rojo, que tienen algo en común con los de hoy, que son unos versos duros, impublicables quizás.


Es otra coincidencia la pérdida de referencias sobre la ubicación de la lapicera que acostumbro usar y el encuentro de la lapicera del color de lo prohibido, que es también el color del peligro. Qué hay que hacer con lo prohibido y que hay que hacer con el peligro son dos preguntas completamente actuales de mi vida. Lo prohibido hay que hacerlo, y el peligro está bien, el peligro es necesario: vivimos en peligro y sin peligro no hay vida. Si alguien cree que vivimos en peligro no puede discutir esa afirmación. Iba a decir que es la primera vez en mi vida porque soy amante de los excesos, pero quizás sea nada mas que la primera vez en mucho tiempo en la que digo algo que tiene completa lógica para darme cuenta después de eso de la indiscutible aplicación de uno de los versitos que uno aprende cuando aprende lógica: si P implica Q no Q implica no P. Este es un recuerdo de la escuela secundaria que uno entiende tan indestructible como el principio de Arquímedes, Pitágoras es menos evidente, aunque uno sepa que la diagonal acorta camino.

Sé que me fui de tema una vez más. Me interesa la confirmación, pero no me importa. Y tras decir esto me queda la incómoda sensación de estar diciendo algo imposible: ¿como nos puede interesar algo sin importarnos al mismo tiempo?. Estas palabras no son sinónimas. Encontré un ejemplo que para mí es válido y tiene que ver con querer saber el resultado de un partido de futbol –pasión de multitudes entre las que no me incluyo-, ver dos goles, darse cuenta de que uno es una distracción del defensor y el otro es un gesto brillante del delantero y ya está, no me importa más nada. Creo que su mayor valor es poder hablar en este lugar de lo que estoy hablando y poder ilustrarlo con este ejemplo.

Tengo un muy bonito segundo blog. No creo que este ensayo salga en el primero -que se llama Discurso Bravo- como tampoco van a estar ahí y de esto estoy un poco más seguro porque los leí los versos de hoy a la noche, que empiezan con un fuertísimo reproche personal que le hice a otra persona que no soy yo, aunque al releerlos recién me doy cuenta que me lo podría haber hecho a mi mismo con las mismas primeras cinco palabras, las segundas cinco también, y también las tres terceras con las que cierra una primera estrofa.


Acabo de volver de confirmar la corrección de la palabra estrofa, porque le sentí una connotación muy musical. Esto espero que no sea un presagio, no sé cómo entenderlo. De la búsqueda en Internet de la confirmación de la palabra estrofa me fui a un artículo que habla de versos, rimados, libres, blancos y sueltos, donde se cita un poema llamado “El paraíso perdido”. Lo siento. No quiero hablar más.

jueves, 17 de enero de 2013

Leí a Umberto

I

Furgón
de cola,
detrás
solo queda
una estela,
por delante
la vía,
rieles,
la vida,
estaciones,
trasbordos:
al menos
uno
en la próxima
parada.

Los dragones
remeras rojas
y la semiótica
haciéndose acertijo
y carambola.

Afuera,
mirar afuera
adentro,
justo acá,
justo ahora,
un travestido
prepucio,
cambia
hacia allá,
curiosidad
bajo el mar.

Coincidencia
o azar
del dragón
la dragona.

Denuncia
la vida
eficaz
eficiente:
eco, eco,
ilusión,
hoy
empecé a escribir.


II

No cambia
nada
lo que era
lo que vi,
verdades
emergentes,
palabras
adecuadas,
símbolos
o presencias,
dudo
entre visita,
invasión,
continuar
en la refracción,
silencios,
economías,
publicidades,
luces verdes,
carriles
irrespetados,
regateos,
provechos,
ventajas,
anonimatos,
conocimientos,
intenciones,
intimidades,
intimideces,
facsímiles,
dramas,
comedias,
teatros,
prioridades,
anhelos,
arribos,
pausas,
mas remeras,
olvidos,
continuidades,
socialismos,
calles nuevas,
sobresaltos,
nombres viejos,
traducciones,
registros,
maniobras,
renuncias,
aparcadas,
cerraduras,
llaves,
destinos,
música,
fiesta,
placeres,
calma,
puntos finales.


Bonus

19:58
Hace un rato escribí un poema titulado “Leí a Umberto”, ni dirigido ni dedicado pero seguramente influido por una lectura reciente de un libro suyo. Podría extender un poema que di por finalizado -quizás le agregue una postdata- resumiendo el hecho de que al estar barriendo mi casa, sacando el polvo acumulado, rescato de su cercano, fortuito, cuasi probable, posible, indeseable e inminente (estas eran las palabras que buscaba) destino de basura un dije, un pequeño arco del triunfo que reclamaré para mí, porque esto también es un símbolo. Hablaba exactamente de esto hoy con otras voces.

21:01
No sé que fue lo que vi. Estoy dando un paseo errático en bicicleta que me encuentra buscando un lugar oportuno donde deshacerme de una manzana inoportunamente vieja, cuando veo una luz muy fuerte y muy rápida que hace una rajadura en un cielo diáfano que lleva un rato comenzando a oscurecerse para que resalte una luna que se encuentra en uno de sus dos cuartos. Quisiera decir que fue una estrella fugaz, pero fue una luz más fuerte y más rápida y duró menos. En esa fracción de segundo, la que duró desde que vi la luz hasta que me di cuenta de lo que no era, recordé de que hablaba hoy cuando empecé hablando de los signos, los símbolos y terminé hablando de las señales que veo. Hablo del poema y su postdata y su segunda postdata:


PD

Barrer,
desterrar,
rescatar arcos
triunfos.

Luz fugaz,
suficiente,
luz al norte.

martes, 15 de enero de 2013

Madrugada

Cada voz
encierra un designio, ahora
siento ahora pienso ahora, deseo,
por ejemplo, revelarte
donde conduce el baile
distraído, complaciente,
de los cuerpos perfectos
entre la base de tus alas,
rodando
derivar lo nuevo en llave,
excusa mínima del cofre.

Hay otras cosas que conozco
como el alias de mi madrugada,
la hora de las manos sedientas
de amasar arcillas en tu vientre.

Quisiera estar aquí o allá,
y decirte todo esto de otro modo,
sembrarte palabras al oído,
hacer un mantra con tu nombre
en lenguas peregrinas,
bajo el argot del código morse
demorar el sueño
hasta que el día venza.

viernes, 11 de enero de 2013

Día D

Tengo algo así como un exilio en mi pasado,
una infancia entronizada hasta estas horas,
el encierro de cuatro docenas de veranos
en el mecanismo insuficiente del reloj.

Sobreviví a los diáfanos grados de niñez,
a desencantos, desamores, desengaños y desprecios,
a la conciencia frustrante
de lo efímero de ser quien soy,
de saber y no tener lo que me falta.

La vida es juego, pero el juego muta,
un hilo de espuma, sal que cose arena y mar,
una costilla lejana donde el cielo se entierra,
donde nace y muere el sol resucitado
cumpliendo una condena más eterna que la propia.

Aun maduro el salto, el paso, la partida,
el éxodo de los lugares fatigados
por mis pies impúberes e imberbes,
carente del propósito vertebral que me cobije,
de una ley nuclear que alimente mis labios,
que silencie mis desvelos, que entibie mi sombra.

Hay un día de jugar a todo y nada,
de hollar el piso, de apostar al desembarco,
de retar la osamenta a cara o cruz en Normandía,
de ver al crupier cantar la muerte del infante.

Sentir que llego solo en mi ataúd al cementerio
huérfano en mi humanidad de compañía
sin saber de que lado del suelo es el entierro,
que es falso y que real, ni quienes impostores.


lunes, 7 de enero de 2013

A rajatabla

II) Día de Reyes, 02:02

Hace un rato escribí un poema que empieza diciendo: Son los últimos minutos de este día y termina en un verso que aun no encontré, en el que quiero resumir que debemos sentir que el plan se cumple, cualquiera que sea ese plan del que no somos dueños sino testaferros, donde creemos que ejercitamos nuestra voz y nuestro albedrío.

Si en realidad nuestra voz y nuestro albedrío son parte de un plan, debemos amigarnos con ese plan, porque al fin y al cabo nos excede. Vaya por donde vaya y venga por donde venga, debemos saber que es un plan que no hicimos y a partir de ahí aceptarlo sin demoras.

Surge la duda de cuál será el plan: el plan es lo que hagas, pero no sé si esto incluye el cómo sentirnos mientras lo ejecutamos. El plan debe ser sentirnos bien, debe hacernos sentir bien, porque si es el plan debe ejecutarse sin darle lugar al conflicto.

Conflicto es una palabra bélica pero adecuada. El conflicto surge cuando no nos sentimos bien, pero ese es el síntoma, la causa está en el desvío.

Si no nos sentimos bien, hay que hacer otra cosa.

Así de fácil.
Así de fácil.


III) Día de Reyes, 18:56

Meternos en la boca del lobo (en forma de pregunta) es lo que me preguntaba hace un rato y lo asocié con el poema inconcluso que suspendí anoche. Este meternos en la boca del lobo puede tener más de un plano de coincidencia con aquel ejecutar un plan sin parpadeos, identificar el plan y cargarle los cañones. ¿Cuál es mi plan más verdadero? Sin saber cuál es ese plan, a sabiendas de la duda, meternos en la boca del lobo. Es el propósito por estos días. Es el propósito precisamente actual. Y ocurren los pequeños milagros.





I) Día de Reyes, apenas empezado

Son los últimos minutos de este día
la evidencia de la cuenta regresiva
cuando caen gota a gota las palabras,
cuando la mente erra por caminos traslúcidos
y se detiene cada tanto en una forma que
a veces es una figura de nombre posible.

Permitir que el sueño y el cansancio se saluden
y distraerme de esas formalidades
para ver una luna joven cobrando vuelo
en el cielo al que estoy dando la espalda.

Sentir que el universo me conoce y me saluda,
que me contempla precisamente ahora,
que todo sigue un plan que no sabremos
nunca, nunca nos podrá ser dado el privilegio
de la palabra misterio, apenas las señales,
sabernos testaferros de la voz y el albedrío,
cargar a sabiendas los cañones de la duda,
meternos en la boca del lobo a rajatabla.

viernes, 4 de enero de 2013

Invisible


Atravieso el espacio entre las gentes
ignorantes de mí,
atravieso las gentes si es preciso
como una fila de átomos imperceptible,
niego y evito los saludos
salvo unos pocos con los que me reconozco
con una mueca pactada por las noches,
un reojo cómplice, un entenderse mudo.

Ando y desando calles y veredas
buscando una nube compañera que me llueva,
evitando los lugares comunes,
negándome a la caricatura de las sábanas
en las que descanso mi fantasma por las noches.

De nada sirve que canten los gallos,
no distingo mi sombra entre lo oscuro,
aun no comienza un nuevo día
y el sol no se ofrenda a la victoria.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Game Over 2012

Queridos amigos,

Termina el 2012, y llego a esta fecha con la sensación de que el único final que me faltaba presenciar en este año era el de este calendario. Fue, a pesar de las palabras baratas propaladas sobre la profecía de los mayas, un año lleno de fines del mundo, como todos los anteriores. Quienes me conocen saben que he muerto y resucitado en varios sentidos, quienes más me conocen más de estos varios sentidos pueden identificar.

Nos gusta ayudar a la memoria poniéndole fechas a los recuerdos, para conservarlos en los estantes adecuados. Al fin y al cabo solo somos recuerdos y el tiempo que nos queda, y entonces este 2012 será el año de teatro, de escribir, de mi separación, será el año de las personas a quienes amé, o me entregué o me ofrecí, será el año en el que comenzó un resto de mi vida inédito, distinto, inesperado en su riqueza.

A los amigos de siempre, agregué muchos, que confío en retener. El 2013 no tiene más valor que una hoja en blanco en un cuaderno demasiado usado y lleno de remiendos, pero –dije alguna vez en este blog- una hoja en blanco encierra todas las posibilidades. Veré que hago en mi cuaderno durante los próximos meses, no dudaré en pedirles ayuda cuando precise sostener mi mano, y –nobleza obliga- cuenten conmigo para mejorar los suyos.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Final VII

La sensación de no saber quién soy,
donde estoy, a donde voy
montado en esta bicicleta de dos ruedas
voy mirando y veo recuerdos
de cumpleaños infantiles,
de flores de plantas plantadas,
la exacta sensación en la garganta
que no es tan nueva,
me cuesta no quemarme con el fuego,
me cruzo con gente que no está al tanto de nada.

Apurando un final que hace mucho ha sucedido
ya sé todo lo que preciso o precisaba
y me demoro haciendo cuentas y pasando en limpio,
sigo hablando y no sé si a alguien le importa,
no vale la pena complicarse en un final,
yo conozco la voz con la que hablo,
debiéramos tener una conversación ella y yo,
a veces me ofende, me escucha,
a veces llego a aceptarlo todo
y sostengo los naipes
castillos sobre burbujas.

Todo es tan imposible como posible,
no encuentro el orden,
estoy llegando a un lugar que yo conozco
para ir a otro lugar que yo conozco
pero no puedo hacer el viaje corto,
veo más gente que hace un rato,
veo las ofertas a las que obliga la hora.

Me miro como escribo y eso me distrae
del auto que me pasa, de la moto que lo sigue,
de lo que estoy pensando en forma recurrente,
tiempo de decirle basta a algunas pieles,
una piel nueva, un cuerpo más liviano,
la gente se habla como si se entendiera
y yo cambio el rumbo y ahora voy hacia el oeste
hacia la tarde, sigo mi sol
año nuevo vida nueva, el dicho dice y faltan dos días
que es como la mitad de medio segundo,
ya no necesito lo que no se necesita
cuando se obtiene lo que se necesita,
a esto hoy le digo adiós
aunque el eco canta indulto hasta la vista.

La vida no es margaritas a los chanchos
sino chanchos y margaritas,
ahora tengo el alma campechana
de decir las cosas simples,
este poema de pronto es un adiós
con el que alguien de algo se despide,
si es tiempo de cruzar pues dar el paso,
caminando se pisa más que en bicicleta
y para pisar hay que pisar descalzo.

De pronto me escucho
mis aires de poeta,
me avergüenzo de mi tercera persona
la que mira lo que hago,
le doy un par de vueltas a la plaza del pueblo,
intento hacer pie firme, no muy a salvo
y esto es porque no estoy pensando en mi mismo,
a veces es sólo sentarse y tomar un helado,
lo demás ya está resuelto,
lo importante se sabe, sino no importa,
descansar un rato, desear que nadie nos vea
que no nos importe nada,
pero nada excluye todo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Neruda, Saramago, Benedetti y yo

Casi me río desde el título que elegí para esta entrada, y casi me río de nuevo cuando se me ocurre que puede ser muy oportuno ilustrarla con la clásica figura de los monos: que no escuchen, no vean y no opinen sobre mi impertinencia de poner sus apellidos en el mismo cartel en el que me incluyo, como si fuera lo mismo un póker de ases que una pierna de ases y un dos de trébol.


A veces pienso en que me diferencia de ellos, o puntualizando bien la cuestión, que diferencias hay entre mis versos y los de ellos. No es que no las haya o que yo no las sepa hallar, pero me resulta un poco difícil hundir el bisturí en el centro de la herida, quizás porque hay varios lugares posibles para la incisión quirúrgica, por lo menos tantos como voluntarios interesados en comparar sus producciones con las mías, y probablemente más.

Leí apenas un par de poemas de Saramago. Me alcanzaron para darme cuenta de como ejerce la capacidad de coincidir conmigo en el uso de palabras y metáforas, y sin embargo, con tan distintos resultados. Para mi, que soy apenas un intento, es tan difícil determinar en que momento se distancia mi voz de la de èl que me viene a la mente la imagen de una partida de ajedrez –juego en el que también soy limitado- en la cual un imperceptible paso de peón determina la calidad del desarrollo y separa la victoria de la derrota.

De Neruda aprecio su vocabulario, su capacidad de usar palabras que conozco pero cuya existencia de algún modo no recuerdo, no tengo presente a la hora de escribir. Su riqueza expresiva me conmueve, aunque algunas metáforas requieren de mí la aplicación profunda de la fuerza de gravedad sobre mi nivel conciente para apagarlo y permitir que sus expresiones accedan a mi interior profundo revelando un significado nuevo. Da la casualidad –esta es la poesía- de que la mejor manera de leerlo es olvidando el significado preexistente de las palabras.

No logro el vuelo del chileno, no logro la pericia del portugués. Vuelvo a Benedetti, que parece -pero sólo parece- tan al alcance como su país desde Buenos Aires. Es un panadero que mezcla harina y agua, se maneja con lo más sencillo del lenguaje, no usa metáforas, no busca sus palabras en el diccionario, habla con la voz de una persona simple, común. No hace falta saber nada de nada para entender lo que dice, no hay una segunda lectura de èl, cuando dice casa quiere decir casa y cuando quiere decir cielo dice cielo, no hace juegos de palabras ni exhibiciones técnicas. Sólo dice, pero lo dice con tanta música y tanta magia.

Y de mi voz, poco puedo decir. Me gusta lo que escribo, aunque me reconozco un mal juez, y soy algo impúdico a la hora de exponer mi palabra, rayando con la obscenidad precoz. Debe haber entre todo lo que escribo –más que por mèrito propio por obra y gracia de la probabilidad y la estadística- algo que podría colar en la obra de alguno de estos monstruos y pasar desapercibido, pero no voy a hacer el intento de hallarlo para evitarme la pùblica lapidación.
Me rindo a los pies de los mayores.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Contando hasta ocho

Venía pensando sobre la bicicleta dos versos memorables (que no llegaron a destino) cuando vi y leí un papel en el piso que decía: “sueña respeta ama vive camina y aprende disfruta no seas esclavo del dolor” para después invocar a Jesús. Hasta la invocación acompañé la lectura maravillado por lo oportuno de este mensaje en el piso. “Sueña respeta ama vive camina y aprende disfruta no seas esclavo” alcancé a leer hasta el momento en que decidí guardarlo como recordatorio. Hasta cierta parte lo entiendo universalmente válido, quizás disiento en el nombre y apellido de a quien se le adjudica la capacidad de asegurarnos libertad y vida. Creo en Dios, creo en “Dios es Amor”, creo que es cierto lo que un amigo del alma me mostró en una medalla, que fue San Agustín –sea él quien sea- quien dijo “Ama y haz todo lo que quieras”.

El paseo me llevó hasta una plaza, un espacio que hago sinónimo de libertad, y me trajo a este lugar de revelación: no estoy listo para ser de nadie, contra todas las urgencias.

Si digo "hay una fiesta y estoy invitado" puede leerse en dos planos, distintos: si la noche real es la de hoy, la fiesta de la noche de la metáfora también me espera. Tengo urgencias por hacer escuchar mi voz, urgencia por decir tantas cosas. Ahora ya sé lo que pasa después del balazo, los ocho segundos un día terminan.

Llegar a casa, ponerme cómodo, sentirme a salvo, son otras tres metáforas posibles.

-.-

Vi el fogonazo,
escuché el estallido
y estoy contando hasta ocho
mientras la bala desanda camino.

Me distraje un largo rato contestando mezquindades
en una batalla innecesaria,
hay voces que no quiero escuchar, no ahora,
a veces me encanta estar solo conmigo.

Hay recuerdos que resucitan, ensañados,
como esa noche donde te dije las cosas,
te dije tan claro que estábamos a un paso
y un hormigueo amanece a mis pies.

Necesito verte, hoy, ya, ahora,
y reírnos del valor de mi discurso.



No estoy listo para ser de nadie,
contra todas las urgencias
hay una fiesta y estoy invitado:
tengo urgencias por hacer escuchar mi voz,
urgencia por decir tantas cosas

Ya sé lo que pasa después del balazo
los ocho segundos un día terminan.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Epitafio




















Estás tan filosa y al unísono tan frágil
que no sé cómo acercarme sin que nadie salga herido,
si ir de puntillas desde la noche de mis sombras
o al ritmo de la orquesta a plena luz del día,
no sé cómo atrapar este momento tan ausente,
cómo hacer que la lluvia caiga hacia las nubes.

Quiero dejar de pensar en opciones que no hubo,
ver que el viento se divierta jugando con las hojas,
olvidarme del olor que desnuda el acertijo
y de todas las maneras de nombrar las direcciones,
me falta poco tiempo para nacer de nuevo,
no hay un antídoto para mi propio veneno,
no hay un motivo para evitarnos nada.

Transcurre la tarde bajo una llovizna gris,
resucita el miedo a la palabra solo,
no hay un camino que se sepa a dónde va
ni una almohada que conozca las respuestas,
conservo colecciones de espejos que no fueron
y la manía de seguir pateando puertas.

No me sorprende saber todo tan claro
sino que cara y cruz no expliquen la moneda,
no encontrar el número par entre los primos
si es tan simple cómo sumar uno más uno.

Cómo evitar la tentación de la estadística
el álgebra puesta al interés de lo mezquino,
cómo hacer del futuro una promesa nueva
anclados en engordar el testamento,
terminar de aprender lo imprescindible
con tiempo de elegir nuestro epitafio.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Preámbulo

La pregunta anuncia el naufragio
esa soledad tan indivisible
como el océano entre las islas.

Querer saber lo que se sabe
para decir lo que se sabe,
preámbulo
de necesidad irrelevante,
el temor de convertirse en una herida.

Ninguna promesa se hace para exigirla,
el recuerdo es un arma de doble filo
y la palabra es arena en un desierto estéril.

La cordura es un corset de seda,
no hay un pie si no hay un territorio.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Tu nombre IV


Un incierto porvenir es todo cuanto poseo,
poco queda para ofrecer:
el recuerdo de las veces y el camino
y esta sensación de no saber
si naranja o si manzana o si las tres.

Llega el verano, madurando tantas cosas,
la certeza de que algunas no serán
y nadie ni nada podrá evitar que pase,
la calesita completa un giro más
desde alguna distancia todo son vueltas en redondo.

No sé donde estoy, no puedo contestar preguntas,
sólo decir tu nombre
solo hasta que escuches.

jueves, 13 de diciembre de 2012

En Peligro

If you should go skating
On the thin ice of modern life
Dragging behind you the silent reproach
Of a million tear-stained eyes
Don't be surprised when a crack in the ice
Appears under your feet.
You slip out of your depth and out of your mind
With your fear flowing out behind you
As you claw the thin ice

Me veo a mi mismo (espejo de tantos otros) andar por el camino escarpado de las cabras con el precipicio a un lado y desencontrado de un lugar donde dedicarme a pacer sin la omnipresencia del abismo, al que ya siento casi familiar, como una extensión natural de mi ámbito.

Saber que habrá un paso que será el último y no saber si será el próximo, si la capa de hielo que nos sostiene sobre la superficie resistirá nuestra quietud y ante la duda o detrás de ella sólo avanzar atento al crujido delator del peligro.


martes, 11 de diciembre de 2012

Final VI

Sólo resta el silencio
para que todos estén presentes
y comience la fiesta del final,
las exequias de la voz,
funerales de la carne

Cuando él llegue traerá la muerte,
la recesión necesaria
para resucitar lo pútrido.

Primero llegará la oscuridad,
después el frío, detrás lo inerte,
caducará el verde de los bosques
y los árboles serán huesos de fantasmas
incapaces del fruto y de la sombra.

Entre los troncos yermos
soplará el viento cascabel
al compás del ritmo regular
de los pasos escondidos
bajo la túnica mortuoria
de la dueña del metal
que merodea segando la maleza.

Veo
claridad venir del horizonte
entre chispas y artificios
mientras descanso
sobre un lecho de ramas secas,
espero al dueño del fuego
que viene por mi alma.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Sociedad de consumo


Cada tanto me detengo, me sorprendo pensativo y contemplativo sobre mi lugar en el mundo, ese espacio en el que intento hacer pie y aunque de a ratos lo logro, la mayor parte del tiempo soy un pez a la deriva esforzándose por respirar en el fango. De algún modo pertenezco a la sociedad que me rodea y no logro abstraerme de un contrato que me asfixia.

La obligación de comprar mucho de cuanto preciso, la debilidad de precisar más cosas de las necesarias y la frustración de no poderlas conforman un círculo vicioso, un cinturón de plomo para el alma que se ve atrapada por una red pringosa que nos engaña entregándonos insatisfacción disfrazada de promesa.

La misma sociedad nos atenaza, atacándonos por nuestro lado más débil. Cuesta mantenerse altivo e indiferente ante la presión de algunos por imponernos sus necesidades y no es suficiente el ejemplo que podamos darle a nuestros hijos para educarlos en el rechazo a la trampa hecha sistema, cuando nos bombardean con el verbo tener y juntan los escombros con el verbo comparar.

Para ponerle la tapa a la olla, nos persiguen con la bandera de la culpa, buscando quebrarnos el brazo que no damos a torcer, para asegurar la continuidad de un modelo nefasto pero rentable que trae en una caja que dice felicidad las ofrendas de Pandora: envidia, miseria, codicia, lujo, gula, y la ilusión de que la próxima compra será la verdadera.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Llegando tarde

Comenzar el fin de semana de esta manera, donde doblando el codo de un viernes apacible nos agita un compromiso. En un momento nos gana la urgencia por llegar a algún lugar a alguna hora y al momento siguiente el verbo que conjugamos es la impotencia, el asumir la convicción de que cuando lleguemos a ese lugar que hemos denominado nuestro próximo destino lo que el destino tenía para ofrecernos en ese lugar ya habrá terminado. Esta es la metáfora que tiene que ver en su versión tangible con una ruta cargada de autos, un camino largo y poco tiempo para recorrerlo. Cuando llegue a ese lugar que es ese lugar, donde esa persona que es esa persona va a haber estado haciendo eso que sé que es y al mismo tiempo no sé, esos serán un lugar y un momento en los que probablemente haya quedado ausente. Siguiendo con la metáfora, ciertos niveles de distracción y desmemoria se conjugaron para que lo sepa en el número de vez actual por obra y gracia de una voz muy familiar y tenga que ir contrarreloj para no llegar tarde. En la versión intangible de la metáfora digo exactamente las mismas palabras sobre un tema completamente diferente con el mismísimo y válido resultado. ¿Por qué de estas cosas me doy cuenta cuando me doy cuenta? es una tercera metáfora posible. A los efectos de seguir encontrando analogías poco importa cuando uno se anoticia que alguien pueda pensar que es tarde, que es muy tarde o que es demasiado tarde: a partir del momento en que uno se anoticia es cuando puede actuar. No se soluciona el muy tarde con tratar de llegar muy rápido y mucho menos el llegar demasiado tarde con intentar llegar demasiado rápido. Una vez producida la tardanza lo único que queda es tratar de llegar.



Fue una linda reflexión. Se me ocurrió y quise hacerla pública. Ahora voy a finalizar esta grabación para mirar la hora y saber cuál es mi grado de tardanza, con el cual llego al acto escolar de mi hija menor finalizando su primer año de jardín de infantes.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Planes rotos

Amanecer, desayunar,
distraernos del milagro de la piel
enredados
en torpes simulacros de rutina,
unos trapos, un balde, cuatro platos,
todo eso que sabemos
es nada más que aire,
una mascarada en la que no creemos
mientras nos miramos de reojo
con cara de despreocupados
como si no nos importara tanto,
como si no tuviéramos la urgencia.

De las cosas que te quiero decir
elijo hablarte de los días y las horas
de la noche y la tarde y la mañana,
de que todas las ventanas son posibles,
de cómo hacer planes fuera de la cama
para que las sábanas den testimonio
de como se rompen después uno por uno,
de cómo todo lo que decimos se desvanece
cuando nos callamos la boca desvestidos;
vamos y venimos rompiendo juramentos
y nos cruzamos y es otra vez posible
que mi cuerpo y tu cuerpo se deseen, se precisen,
se incompleten al verse separados.

Al menos yo debiera renunciar
a hacer mapas en los que no estés presente,
debiera decirte la verdad, de una sola vez
hacerte saber que estás en todos mis futuros
y después, después que sepas
que todo lo demás será mentira
hablar de descansar y de no vernos
y de ahora no y de otro día
y hablar, hablar, hablar
mientras recuperamos fuerzas
para renegar de los que nunca creímos.

Con vocación de suicida
voy a morir entre tus labios,
me voy a arrojar al vacío tantas veces
entre tus brazos y tus piernas,
voy a honrar tu compañía,
voy a tomarte cada vez que pueda,
voy a entregarme tanto cuanto apruebes,
voy a ser tuyo, tuyo y tuyo.

Llego con mi bandera a ocupar un territorio,
llego con mi cuerpo y mi palabra,
vengo a tomarte en propiedad
con lo que no tengo y lo que soy
vengo a hacerte renunciar a otros caminos
-el que es mío nos pertenece-
estoy haciendo un pacto contigo:
estoy diciendo adiós a todo lo demás
estoy aceptando un lugar.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Insomnio

5:18am

No hay una razón que pueda enunciar de porque el sueño se interrumpe a esta hora. No he descansado lo suficiente, ni tampoco he descansado cuanto me propuse. Sencillamente me desperté, sobresaltado por una pesadilla absurda, que no puedo interpretar. Ver desde lejos que mi abuela (no quedo claro cuál de ellas; tanto Tilín como Aíta murieron vírgenes de la informática hace años) dejó sobre la mesa de un bar, en la vereda, la notebook donde escribo ahora, acercarme con cierta premura y tomarla para que un parroquiano que se encontraba a pocos metros me confunda con un oportunista ladrón y alcance a colocarme una primera esposa mientras yo apenas comenzaba a balbucear una explicación sin darme tiempo a convencerlo de mi derecho. Creo que se estaba identificando como policía, pero esto último ocurrió en la frontera, en el preciso momento en que el sueño y mi estado de inconsciencia llegaban a su fin.

Me sobresalté, me serené, pensé en volver a dormir, pero este pensar fue tan solo la señal de arranque a mi cerebro. Una tras otra comenzaron a presentarse las imágenes y las ideas, y al cabo de pocos minutos me convencí de que no me volvería a quedar dormido a tiempo. Podria haber permanecido en la cama, con los ojos cerrados, intentando dormitar con suerte imprecisa y la certeza de que si recuperaba el sueño sería apenas unos minutos antes de que el despertador hiciera su primer anuncio. Opté por levantarme, cuando caí en la cuenta de que esta desventura podria dejar de ser anónima y convertirse en un relato personal.

En los pocos minutos que duró el intento de invocar a Orfeo recordé algunas cosas y noté otras. No sé de quién es el gallo que cantaba ni si es el mismo que sigue cantando, no he visto cual de mis vecinos es su dueño o anfitrión, y ahora ya levantado caigo en la cuenta de que no recuerdo haber escuchado un gallo cantar en los varios meses que llevo en este departamento constituido en simulacro de vivienda; el efecto de su voz ha sido útil, o por lo menos debo convenir en que es una de las causas de que diera por fracasado mi intento de acumular unos minutos más del otro lado de las sabanas y la conciencia.

Adelanté algo de los planes para hoy. Tengo terapia después del trabajo y una varieté para cerrar -espero que únicamente la parte pública de- la noche. ¿Y si voy con el auto?. Sé que hoy dormiré en otra casa, no sé aun si en la de Cecilia o en la de unos sobrinos, no sé donde dormiré viernes y sábado, el domingo sé que debo volver a recolectar a mis hijos, incluyendo a los menores en la casa de su madre, para participar de una reunión familiar. Podria ir en auto, dejarlo estacionado en la calle Pasco al 500, para juntarme con ella después de mi sesión de análisis, llegar en subte hasta la biblioteca a la cual me afilié hace unos días, que oficiará de teatro y restaurante y emprender luego si tengo suerte uno de los dos regresos posibles hoy (si no logro alinear los astros emprenderé el otro camino y dormiré solo). Es buena la idea de llevar el auto, porque entonces tengo más comodidades para transportar algunas mudas que podre precisar durante el fin de semana, que exceden la capacidad de la pequeña mochila en la que acomodé poco más que lo imprescindible para enfrentar el viernes después de hoy.

Es recurrente en mí la capacidad de imaginarme innecesariamente situaciones de conflicto, o de peligro. Adelantar discusiones. Este es uno de los temas identificados en un ejercicio previo a mi sesión de psicoanálisis de hoy, en una lista de cosas que aun no logro solucionar y con las que tampoco logro convivir con resignación. Es el tema del sueño, el que me despertó. Una situación de ese estilo, en la vida real, tiene muchas maneras de resolverse. Podria no haber estado la computadora en su lugar, al fin y al cabo era un blanco fácil para un oportunista como el que creyó que era yo aquel que me esposó tras confundirme, podría haberse producido un cortés cambio de palabras, pero la situación devino tensa y violenta. Hay una conexión muy evidente entre el inconsciente y los sueños, no voy a distraerme en el análisis interpretativo del significado detrás de los hechos soñados, sino puntualizar en el vivir por adelantado una experiencia bélica; no es tan evidente la conexión entre el inconsciente y el consciente, pero esta tendencia a adelantar y transitar hipótesis de conflicto que rarísima vez se verifican en la realidad es uno de los motivos en los que veo que la distancia de los sueños al inconsciente es la misma que la de lo consciente a lo insconsciente, con apenas unas dendritas de diferencia. Pienso ahora que quizás que no me la hayan robado constituye una mejora terapéutica.

Este mismo tipo de situación, quizás con un motivo más cierto, es la que imagino con el programador que tiene a su cargo construir un documento técnico, tarea que le asigné hace algunas semanas y que, a pesar de que declama que sólo le lleva un rato, aun no pudo comenzar. Al escribir aun no pudo comenzar ya me estoy adelantando por donde no debo, porque no tengo más que la firme sospecha de que no lo hizo, pero no tengo la certeza, como para ponerme a imaginar en qué tono llamarlo al orden o escalar la situación. No nos caemos bien, no debiera mezclar lo personal con lo laboral, pero ambos aspectos de mi vida confluyen sobre mí mismo. Me voy de tema. Ya no importa si tiene justificación o no el recelo con que me trata, no importa si el trabajo está adelantado o no, sino ¿por qué convertir la hipótesis de su atraso en una discusión?, ¿por qué adelantar los términos de una discusión que no se si sostendré?

Viví todas estas cosas, y alguna más que ya olvidé, porque en ese proceso de volver del otro lado a este algunas vivencias se pierden o quedan sepultadas en algún lugar profundo. Sé que no llegué a recordar todas las que me ocurrieron. Al encontrarme rodeado por mis dos hijos menores volví a pensar en la conveniencia de comprar una segunda cama de dos pisos, a fin de que cuando paso la noche con lo que desde hace unos meses a esta parte es mi familia completa tengamos un lugar para cada uno, aunque la cama matrimonial y este servidor merezcan mejor suerte que dormir solos, situación que ha sido necesaria también para que levantarme a escribir sea una mejor opción que quedarme en la cama despierto aprovechando esa hora de tiempo robada al sueño de una mejor manera.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Estos días

Pasado
y más pasado,
toneladas de historia,
telarañas, redes,
una vida convertida en laberinto,
corro, corro
intentando caminos y puertas.

Estos días me resultan conocidos
y al mismo tiempo son tan nuevos,
no sé si ya te tuve o te soñé.

Ayer fue mañana hace dos días
y mañana será ayer en otros tantos,
los puentes que crucé ahora no existen
y tampoco los que enfrentaré mañana.

No pensar, no pensar,
no dejar que la duda sea una opción,
ir, ir, jamás volver, ir
siempre hacia el oriente
como un Ícaro sin alas.

domingo, 25 de noviembre de 2012

ñam ñam ñam

Lo que me gusta de ti
son las cosas sin nombre,
milagros intangibles.

Percibir la luz que se refleja
en tus ojos serenos como lunas,
el olor del aire cuando exhalas,
las baldosas tibias tras tus pies
y esa voz hecha íntimo secreto.

Cuando estoy contigo
no estoy solo sino a solas,
el mundo se eclipsa entre tus labios
y el sol se evapora en tu presencia;
eso también me gusta de ti:
como se enciende lo que iluminas
y se apaga todo cuanto no hace falta.

Cuando estoy contigo a solas
el universo se reduce a nada
más que ese espacio compartido
de brazos y piernas como espadas
afiladas y melladas tantas veces.

Cuando estoy contigo a solas
somos castillo y torre
y somos foso y planchada,
somos sólo necesarios,
sólo un todo entre la nada.

Domingo y solo

25/11/12 13:23

Como flores sin fruto,
como árboles sin sombra,
tengo un día tan huérfano,
palabras que no pronuncio,
caricias desperdiciadas
y esta tosca red
que atrapa algunas voces.

Entre todo lo que hay
tengo una ausencia,
un silencio estéril,
una soledad sin eco.

martes, 20 de noviembre de 2012

Lagrimas rojas

Lloramos por Awschvitz,
y los armenios
y los hutus y los tutsis
y los bosnios y los otros.

Lloramos por los nuestros
y los ajenos
unas lagrimas piadosas
que lavan nuestra conciencia
de todas las muertes
que nos cargamos
para comprar el progreso
de comfort y bienestar.

No los matamos a todos,
apenas los necesarios,
para decirnos dueños
de lo que no nos pertenece.

Todo comprado con sangre.

Etcétera

Apuestas sobre la mesa
al viceversa del sol,
cuando entendemos la palabra etcétera.

Como podré explicarte mi voz,
no la conozco, no sé, o si,
la duda debilita el equilibrio,
osteoporosis de mi mismo,
materia disuelta, degradada.

Deberé aprender a escribir,
si es cierto, habrá otro día.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Del bien y del mal

En algùn lugar sabemos lo que està bien y lo que està mal, entendiendo bien y mal desde una òptica personal. No se trata de una dicotomìa planteada por sistemas morales o religiosos o legales, no es un bien o mal en la opiniòn de otros sino en la nuestra. Cuando acallamos todas las voces, las ajenas y las propias, y dejamos de acosarnos, de estudiarnos, cuando dejamos de lado todo lo que nos dijeron o nos hicieron creer y nos concentramos en lo mas bàsico de nuestro ser, el bien y el mal se reducen a un efecto sobre nosotros mismos.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Demencia


La fe en el juez
del juicio perdido
en algún lugar en otro lado,
los testigos aplaudiendo el alegato
y hablando cada quien de cada que
como si nadie escuchara.

Resultó la hipotenusa
un atajo huérfano de escalas
y yo tan submarino
gozo cuando no padezco
lo que Arquímedes predijo,
cada tanto me siento ajeno,
extraño del lugar en que buceo,
que no lo entiendas no lo desmerece
(que ya lo sepas tampoco).

Bajo las planchadas sobre el foso
y dejo los cerrojos francos,
jamás pido un santo y seña
antes de escalar la torre,
cuanto más lejos voy
mejor te escucho y te veo,
y más te necesito.

Debieras visitarme más seguido,
quizás logre contagiarte
la alegría que tengo al bailar solo
y la paciencia con que me desvisto
mientras amputo a los rehenes
para alimentar mis cuervos.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Funerales

Todo está bien,
todo estará siempre bien,
aunque las nubes
hacen sombra y se hacen niebla.

Con la misma pala
con que trabajo la tierra,
con la misma cavo
el refugio del cadáver
que me habita,
me acompaña y me gobierna
haciéndome promesas al oído.

La muerte, otra vez
se hace presente y me saluda,
me trae flores, me corteja,
enciende velas, quema mirra,
pone los platos sobre la mesa
y tiende la mesa sobre mi lecho.

Está en duda mi lugar en el banquete,
la suerte de saciar mi gula
o una entrada triunfal en andas
con las vísceras ausentes
y el maxilar vencido
por un fruto entre los labios.

Todo está bien, menos el resto,
también todo estará bien cuando no esté,
siempre desprecié los funerales
disculpen si llego tarde al mío.

El deseo y el temor

El deseo y el temor (12/11/12)

Hay un grado de equivalencia planteado académicamente entre el temor y el deseo, hay una relación entre ambas cosas que tienen que ver con nuestro origen más primitivo posible. En el momento en que empezamos a pensar el temor y el deseo se aproximan. A nivel individual esto es así y a nivel general entendiendo por general el nivel más amplio posible, el nivel de la especie hu
mana. A ese nivel, cuando dejamos de ser como raza biológica algo no pensante para ser algo pensante, en ese preciso momento conocimos el deseo como motor de la acción y el temor como freno después de ver que alguna vez el deseo nos hizo sentir mal. El primer ser humano sobre esta tierra que tuvo la posibilidad de pensar tuvo un deseo y probablemente a ese primer ser humano algo le haya pasado y el segundo ser humano viendo lo que le pasaba al primero conoció el temor.

El temor debe ser posterior al deseo. Primero deseamos y después tememos. El temor y el deseo nos han acompañado desde –disculpen mi ignorancia- no sé si antes de Neanderthal o antes de Cromagnon, alguno fue más antiguo que el otro pero yo estoy hablando del hombre más antiguo de todos, el que no queda claro ni siquiera de donde fue. Ese primer ser humano conoció el deseo y ese o el que siguió conoció el temor y desde entonces hasta hoy están con nosotros. El deseo para decirnos donde y el temor para decirnos como. (Que y donde, cómo y cuándo).

Llevando esto a un plano más personal en la palabra temores coincidí contigo el otro día, en reconocernos mutuamente que tenemos temores que tienen que ver con lo que deseamos, por ahí uno piensa que el temor es no poder el deseo. Yo no tengo temor de perder nada de lo que no me importa. De lo que no me importa todo se puede perder. Lo que me importa es imperdible, lo que me importa es un deseo y a partir del momento que tengo el deseo contigo tengo un temor, de no poderlo. Estamos viviendo un pequeño milagro, si un milagro puede ser pequeño. Lo que estoy viviendo es un milagro, y está como un poco a prueba ver si es un milagro de verdad. El temor de que no nace del deseo porque si. Donde nos importa no podemos perderlo, lo deseamos y cuando lo deseamos conocemos el temor. El temor nos dice como lo que el deseo nos dijo donde. Primero se desea. Me complace compartir este milagro.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El temor y el deseo

11/11/12

Hace unos dias entendi que el temor nace del deseo, y hace un rato encontre las palabras para explicarlo. Nuestra coincidencia en esa palabra -temores- y en ese temor en particular nace de un deseo en el que tambien coincidimos, como coincidimos en la palabra milagro y en la palabra amor.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Me encanta

Me encanta tu manera de ser
tímida en tu timidez
para ocupar el lugar que eliges
como si fuera tuyo y no de otro
este, tu lugar en mi mundo.

Me encanta tu manera de ser,
la osadía de tus manos
marcando el territorio
del que no podré escapar
antes de que lleguen tus fauces.

Me encanta tu manera de ser
mía.

Me encanta tu manera de decirme
la importancia de vivir presentes
conscientes del horizonte.

Preciso descansar

10/11/12

Preciso descansar. A la falta de horas de sueño, sistemática, a la reiterada postergación del reparo, le sumo haber estado comiendo y bebiendo. Mi cuerpo acusa recibo de un ritmo insostenible y me presenta la cuenta en forma de pesadez y somnoliencia. Protagonizo una carrera de resistencia, me acerco a la meta, exhausto, con los párpados grávidos y densos suplicándome que permita que la fuerza de gravedad los clausure hasta que la cama se aburra de mí y me expulse entrada la mañana. Quiero dormir, dormir y dormir. Quiero sentirme liviano, enfrentar lo que sea sin esta permanente sensación de hastío que me doblega invitandome a cerrar los ojos y hacerme un ovillo, a esconderme de la luz.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Destino Varieté


Conservo la sangre fría
aunque no deba,
los ojos hielos
entre las llamas,
el oído aguzado
ante los dedos filosos
y ella y su corazón
en un cuarto de clausura.

Parado en primera fila
atiendo la canción
de la orquesta de la hora,
mientras jugamos a Sam
la vista y el ojo se disocian,
la noche se hace naranja
cuando bajo de los barcos
y hay tanto color en las calles,
tantos en tantas vidas,
a pesar del estorbo
de las plegarias expuestas.

El aire todo está redondo,
son sólo esferas y la mía
una pompa de jabón
cerca de su destino,
mi otra cara en el espejo
me está diciendo algo:
monos al norte y al sur,
por un momento viví la jaula.

En los ojos de la calle
las miradas parecen familiares,
vengo con la cara limpia
y tiempo suficiente para el paso,
el lobo no sabe lo que quiere
cuando evita atacar a sus becerros.

Me faltó hoy posar para la foto,
no comprendo el murmullo
de un canon de voces de cristal,
quiero lo que quiero pero no lo quiero ahora,
lo quiero cuando lo quiero, cuando quiero,
que dura es la vida del escriba
preciso de la herida y el desangre,
atento a una palabra que no llega;
algunos merecemos menos fama.

Camino como trying harder
aunque algunos no lo sepan,
así conocí la balsa de la perla
la noche del día que fui oso,
así tropecé con la manzana
que quise darte de probar
antes de aquel último verso
en la curva inesperada de la calle,
¿a qué sabe el sabor del mango verde?

Escribo porque alguien debe hacerlo,
cuán lejos estoy de ser poeta
como lejos estoy de ser actor,
no sé que quiero con quien sé,
casi grito al aire mi deseo
con la astilla de testigo,

Poco pude aprender hoy,
disfrutar cortando ramas,
acordarme de la amnesia y el olvido,
aceptarte como soy,
recordar hasta mi ausencia,
encontrar el papel perdido,
soy un escritor que no sabe
vivir con eso ni sin eso.

martes, 6 de noviembre de 2012

El amor


Algunos desinformados consideran a las relaciones sexuales como un fundamento del amor, lo que expone y deja en evidencia que el amor es algo que algunas personas aun no conocen. La ecuación es al revés. El acto sexual, eso que de lejos parece una batalla campal y carnal entre los cuerpos, en realidad es un proceso anárquico de construcción de un ideal, una tarea colaborativa en la que ambos amantes se complacen complaciendo, y encuentran el mayor gozo en el gozo provocado, pero no es la base sino la cúspide del amor, es la piedra central del arco romano, es el vértice de la pirámide, en ambos casos es necesario, para que el arco no se caiga por su propio peso o la pirámide no se note incompleta. .

Las bases del amor son otras. El amor parte de un compromiso, que es el respeto por la otra persona y por uno mismo, de sostenerse en la verdad, nace de la voluntad de construir sobre esa verdad básica un entramado común, que sea recíprocamente sostén cuando es necesario y un mecanismo de elevación y crecimiento ante cada oportunidad. El amor requiere confianza absoluta en su capacidad de repago, en que todo lo que hagamos en su nombre resultará en nuestro propio provecho, a corto, mediano o largo plazo. El amor implica un beneficio indirecto, para obtener lo mejor doy todo lo mejor que tenga con la absoluta certeza y convicción de que todo cuanto hemos dado nos será devuelto con creces. El que quiera tomar para sí el fruto antes de hacerlo pasar por el otro no va a recibir lo que espera sino lo que merece, el que va a tomar para sí del plato compartido antes de colocar lo que tiene en ese lugar debiera en primera instancia sincerarse consigo mismo y ver a que le está llamando amor, porque en algún lugar lo ha perdido. El amor es una totalidad, el amor es entrega total y el amor es aceptación total, sino es un contrato, sino es un acuerdo, y podrá ser un excelente contrato, un acuerdo provechoso, para una o ambas partes, no soy quien para cuestionar la manera en que cada uno saca adelante su vida, disimulando su soledad y su fragilidad, la manera en que cada uno de nosotros pone cosas entre uno mismo y la perspectiva cierta de nuestro inevitable final común para no pensar en él, y hasta debiera respetar que cada quien le diga amor a lo que quiera. No tengo una verdad absoluta -si acaso existe- pero tengo una opinión formada sobre estos fundamentos.

Quien se acerque a mí y me pida amor, debe entender a que llamo yo de esta manera, conocer la baraja con la que juego, prepararse a recibir todo de mí y estar dispuesto a dar vuelta los bolsillos hasta el último centavo. Así es como amo. Así es como espero.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La canción de los grillos

Oigo grillos a lo lejos,
una marcha de grillos y trompetas
anunciando nada, mas que la llegada
tuya trayendo tantas cosas.

De pronto estás aquí y estoy completo
así como así estás aquí y ya está todo.

Llegar en el momento exacto,
llegar cuando hace falta,
en la hora en que el peligro arrecia,
en el instante antes que tarde.

De pronto estás aquí
y tengo todo y nada falta,
y estoy solo y contigo,
solos tú y yo y que descansen
todos mis otros,
todas mis voces salvo esta,
las que sé hacer venir a acompañarme
hoy se han vuelto innecesarias,
no importarnos nada, mas que nosotros mismos
no importarnos nada más que nada

De pronto estás aquí y estoy completo
escuchando grillos y cigarras
hablar enloquecidos del verano
bailando en la misma rama.

De pronto estás aquí y no hay más nada
que tu voz y tu presencia y tus alas.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tres deseos

De las cosas que digo y tiendo a repetir, tiendo a repetir Cortázar, tiendo a repetir muerte (en una acepción insospechable para quien no conoce el secreto celosamente guardado), tiendo a repetir locura porque es un tema que me compete y tiendo a repetir una publica manifestación en este lugar, una sorda manifestación en el lugar donde dejo impúdicamente expuestas las cosas que escribo: quiero pasar el resto de mi vida escribiendo, y quiero hacer teatro y quiero hacer el amor. Son los tres grandes deseos que tengo el día de hoy y desde una fecha imprecisa hasta hoy son los deseos que tengo todos los días.

Mis tres deseos históricos no se han cumplido. Quizás –dirán los supersticiosos- porque los hice públicos aunque no reconozco haberlos dicho en voz alta como la causa de que no se cumplieran. De aquel llegar a viejo contigo no quedó nada (contigo era otra persona, no ustedes), de el nunca perder mi casa tampoco voy a tener la suerte de no ver que no se cumple y sólo me queda en pie uno de los tres originales, el ver mis muertes en el orden debido, y de este que hasta hoy se cumple el orden debido me tiene entre ceja y ceja. Me estoy reclamando a mi mismo para sostenerlo, me estoy reclamando el terminar de matar a un Juan que debe morir junto con un pasado y darle lugar al Juan que quiere cumplir estos nuevos tres deseos.

Me había propuesto desde hace unos días pasar del decir lo que me pasa al hacer lo que me pasa y entonces hasta hace unos minutos me resistía a decir lo que me pasa ante este grabador, pero en este momento, en este lugar, a once kilómetros del lugar en el que cumplí lo ultimo que elegí hacer antes de lo que quiero hacer ahora, se interpuso este querer decir. Soy indulgente conmigo convenciéndome en una metáfora autorreferencial de que en este momento no estoy diciendo lo que me pasa sino que estoy haciendo lo que me pasa y lo que me pasa es querer decir lo que me pasa.

Mañana ante el auditorio del C.A.P. voy a hablar seriamente con alguna persona sobre uno de estos tres deseos. Quizás dos. Mañana haremos lo que nos pase mañana y dentro de un rato, en un rato, cuando tenga la posibilidad de dejar de estar hablando solo también seré lo que me pasa.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Encuentro


Por vos.
Elijo una camisa importante y me esmero.

O si lo querés por mi.
Por acercar a mi a la persona que quiero cerca.

Hace un tiempo noté que el resto de mi vida cambia a cada instante.
No se mañana.
No se pasado.
Ejerzo una duda razonable sobre quien seré la próxima vez que me despierte.

Desde hace unos días, una duda me persigue.
Y creo que esta noche me da alcance.

Esta noche es el encuentro.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Generosa


Como un puntazo
me llega la palabra generosa
anunciando estar dispuesta,
se enciende la pluma, y algo más,
toda la hoja se estremece.

En el ida y vuelta de las voces
mi eco habló el mismo idioma,
distingo letras, cuatro flores,
escasas estaciones del amor
que de pronto se palpa primavera,
no me importa como sino cual
ni tampoco cuando sino donde
están tu sombra y el milagro.

El tiempo se detuvo en ese instante
alumbrando planes que no hice,
sólo un corazón fuera de ritmo
elegía de acordes disonantes.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Palabras prohibidas

Hay algunas palabras que trato de no usar. Los absolutos siempre me han parecido inalcanzables, aunque en esta frase que acabo de decir he cometido el primer furcio: casi siempre me parecen inalcanzables.

La palabra siempre y la palabra nunca son ciertas hasta el día de la excepción. Siempre que llovió paró, pero algún día va a empezar a llover y no va a parar nunca más; y nunca estuvo celeste la luna, pero algún día lo va a estar. Estos son ejemplos forzados, pero desde el punto de vista de la lógica más estricta, el siempre y el nunca sólo existen hacia atrás. De acá en adelante todo es posible, aunque debiera decir casi todo para ser consecuente con lo que digo. Asumo el casi como implícito en estas afirmaciones.

La única demostración posible de algo es por la vía positiva. Podemos verificar que una acción produce una reacción y nos simplificaremos la vida diciendo que siempre -aunque quepa una reserva- y aunque no podemos ser categóricos al afirmar que una acción no la produce nuevamente nos arriesgamos diciendo nunca. Falacias. En un tiempo tantas veces infinito, no podemos negar la posibilidad de nada.

El todo o nada es una variante de lo anterior, es mas atemporal, no tomamos el todo o nada en función del tiempo sino en función de cantidades, entonces la distinción posible en la escala del tiempo es que el todo o nada hacia atrás podrá ser cierto o falso, pero hacia adelante toma la forma de promesa o de apuesta.

Asocio –no sé porqué, quizás porque es un tema que me desvela- la palabra todo a la palabra amor. Me salen frases quizás cursis, como “todo es amor”, “el amor es todo”, no por cursis menos verdaderas. En particular el concepto de amor que yo defiendo es que el amor es todo, y cuando digo todo es todo, y este si es un todo sin condicionamientos ni excepciones ni letra chica. No hay un casi todo que sea amor, de ninguna manera.

La idea de nada me da miedo. No debiera tenerle miedo a nada, pero a esta misma idea le tengo un poco de miedo. La posibilidad de no lograr nada, no tener nada, no conseguir nada. La altísima probabilidad de que este tiempo que vivimos sea todo y que después no haya más nada nos ha desvelado a todos, o casi todos, desde siempre, o casi siempre, y el hecho de que esto sea todo y después nada es definitivamente el gran motor que debemos honrar.
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