miércoles, 14 de noviembre de 2012

Demencia


La fe en el juez
del juicio perdido
en algún lugar en otro lado,
los testigos aplaudiendo el alegato
y hablando cada quien de cada que
como si nadie escuchara.

Resultó la hipotenusa
un atajo huérfano de escalas
y yo tan submarino
gozo cuando no padezco
lo que Arquímedes predijo,
cada tanto me siento ajeno,
extraño del lugar en que buceo,
que no lo entiendas no lo desmerece
(que ya lo sepas tampoco).

Bajo las planchadas sobre el foso
y dejo los cerrojos francos,
jamás pido un santo y seña
antes de escalar la torre,
cuanto más lejos voy
mejor te escucho y te veo,
y más te necesito.

Debieras visitarme más seguido,
quizás logre contagiarte
la alegría que tengo al bailar solo
y la paciencia con que me desvisto
mientras amputo a los rehenes
para alimentar mis cuervos.

3 comentarios:

  1. Las palabras tienen una fuerza extraordinaria. Muy buena la poesía y excelente la imagen que esta al lado de la poesia.

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