Ayer hablaba del encuentro, como esa combinación de factores única a la que se opone el desencuentro en todas sus formas, y tengo una analogía de signo contrario, porque al encuentro que da origen a todo se oponen los desencuentros que no dan origen a nada, y yo me encuentro regresando a un lugar donde no voy a encontrar nada de todo lo que podría encontrar si fuera un poco más valiente e hiciera uso de mi derecho a ser irresponsable, a patear el tablero, a mandar todo a la mierda y no volver a este lugar al cual llego resignado sintiéndome una oveja, mintiéndome que por debajo de la lana hay otra piel que hoy reservo.
miércoles, 6 de febrero de 2013
A la mierda todo!
Hace mucho que no me encontraba con esta sensación, este deseo tan fuerte de prenderle la mecha a la barra de dinamita que hace volar por el aire la montaña de responsabilidades que debo atender durante la tarde de hoy. Salir a caminar aprovechando el horario de almuerzo de una oficina, adentrarme en San Telmo un día de mucho sol y no demasiado calor, conseguir lo que tenía que conseguir (el propósito, la excusa para esta pequeña excursión) y emprender el regreso apesadumbrado tratando de no acordarme adonde estoy volviendo y para qué. Ganas -muchas ganas- de pegarme un tropezón, darme un porrazo (casi un juego de palabras) y quedarme a disfrutar la tarde y mis manzanas sentado en un banco de plaza o quien sabe que otra opción.
lunes, 4 de febrero de 2013
El encuentro
El encuentro se produce cuando dos personas coinciden en el mismo lugar en el mismo momento, tomando lugar y momento como una reducción de un sistema de coordenadas múltiple que incluye en su representación espacio temporal esas dos condiciones, sin dejar de ser un concepto mucho más amplio y mucho más rico. A partir del momento en que identificamos cuales son las dimensiones en las que vamos a fundamentar el concepto de encuentro queda unívocamente determinado cuando se produce y todas las demás infinitas combinaciones son desencuentros. El encuentro y los desencuentros a veces toman forma de juego, en un cortejo, donde los participantes van y vienen de un lugar, se presentan y se retiran, se muestran y se esconden, amagan, sin perder de vista el propósito de la coincidencia.
Continuará, quizás.
viernes, 1 de febrero de 2013
Instrucciones para encender el fuego
Este métier constituye un imprescindible paso previo a nuestra más cara costumbre nacional. Prólogo y preámbulo a un tiempo, su desarrollo es el primer escollo de los varios por superar antes de poder anunciar la frase que el auditorio espera con la escasa originalidad de disimular la ansiedad cargando sobre el tendal de ofrendas dispuestas para la ocasión, entre las que es habitual encontrar aceitunas, queso, algún salame cortado en rodajas (suele colarse alguno de pie), sin olvidarnos de nuestra bebida nacional, aunque algunas costumbres foráneas quieran imponernos la cerveza.Así pues, antes de poder proclamar que “la carne ya está” o alguna de las expresiones equivalentes deberá realizar algunas diligencias previas, entre ellas la que nos convoca aquí, que es encender el fuego. Procederé a comentarle dos métodos alternativos, ambos probados, para que Ud. elija de acuerdo a sus convicciones.
Opción 1) Es antiecológica y antideportiva, sépalo.
Se reduce a comprar esas pastillitas que venden en los supermercados, de las que se pone una en el medio del carbón, se enciende y se cubre con otros carbones.
Opción 2) Requiere papel de diario y una botella de tinto, mejor si ya esta vacía. En caso contrario puede optar por esperar hasta el momento en que le indique que quite la botella para tomarla o puede tomársela y luego comenzar esta ceremonia u otra ceremonia o actividad que le provoque mejor luego de servir la última copa.
Se coloca la botella en el centro de donde se quiere hacer el fuego, con páginas de diario se hacen unos rollitos de un par de centímetros de diámetro, y se los coloca como toscas pulseras alrededor del cuerpo de la botella, haciéndoles un pequeño nudo simple para que no se escapen y resistan las llamas con estoicismo, como algunas mujeres en la época en que la iglesia era un poco más primitiva. También puede usar una abrochadora de oficina con el mismo propósito, pero no da bien en cámara.
Una vez que la botella parece el cuello de una mujer africana de esas que abundan en las paginas del National Geographic, es hora de colocar en capas concéntricas sobre el eje de la botella los carbones, intentando hacerlo de manera tal que se forme algo parecido a un volcán, nombre que podría darle al método que actualmente describo por un parentesco que confío en que su sagacidad le permitirá reconocer más tarde o más temprano, dependiendo ello no solo de su sagacidad sino también de su estado etílico, su ánimo lúdico y otros factores cuyo nómina y enumeración juzgo innecesarias.
Ahora hay un detalle que es muy importante. No importa si la botella esta aun llena o vacía, ni su número de orden en el proceso de trasvasado en este segundo caso, la botella NO DEBE PERMANECER en ese lugar. Con movimientos adecuados que Ud. seguramente sabrá escoger, quite la botella tratando de que todo lo demás conserve su posición. Recomenzar el proceso puede ser muy tedioso. No tome esta actividad a la ligera.
¿Lo logró?. ¡Enhorabuena!. A mí nunca me sale, por lo que opté por reemplazar la botella por un pedazo de madera de cajón de fruta, pero no tenia interés exponer mi descreimiento en su capacidad, además de que el orden de probabilidades nos obliga a considerar en primera y segura instancia la existencia de una botella de vino llena, en segundo término la disponibilidad de alguna ya liberada de su contenido y aun no desterrada de su hogar (¡apure la primera condición de ser preciso!) y por último la presencia de un innoble cajón aun no deshechado o reintegrado al verdulero que se lo haya facilitado. Mi mejor deseo es que Ud. tenga a mano todas estas opciones, pero a mi me consta que hay gente que es extremadamente ordenada y despliega sus esfuerzos en el orden y disposición de las cosas, como una persona que conocí que sufre calambres y malestares estomacales cuando algo no está en el lugar que le corresponde, restricción que a los objetos les cuesta "internalizar" como dicen ahora los psicoanalistas y algunos otros.
Llega el momento cumbre, y recién caigo en la cuenta de no haberle requerido que aprontara este elemento al inicio. Quizás Ud. ya le dio uso y la botella y el objeto al que pueda haberle aplicado el fósforo la han puesto en una situación en la cual no recuerde muy bien para que estaba haciendo esto, pero créame que es una muestra de previsión acercar el fósforo -una vez encendido y antes de que se apague- al extremo superior de las pulseras de papel.
La llama cobrará fuerza en un par de segundos y pasado ese momento critico, en el que aun es posible dudar del éxito, el fuego descenderá lenta e inexorablemente hasta la base para conformar un foco ígneo que en un proceso de expansión favorecido por las leyes de la física y la química le permitirá a Ud. deleitar tiempo despuès a sus invitados, si todo siguió bien degustando el resultado de su mérito y en caso contrario encomendándole el resultado de la velada al efecto del resto de las botellas disponibles (resultado que afortunadamente se potencia ante los estómagos vacíos, en una esquema ganador a dos puntas).
PD: Hay una variante de este método -que sugerí llamar “del volcán”- que procederé a comentarle. En vez de una botella de vino, utilice como soporte de los anillos de papel un envase de aerosol grande en posiciòn invertida. El mejor efecto se logra cuando en vez de retirar el envase antes de encender el papel quienes se retiran a una distancia prudencial son sus invitados y Ud. Coincidirá conmigo en que el interesante efecto logrado de este modo justifica la designación de Krakatoa.
jueves, 31 de enero de 2013
Despertando
Siempre pienso en que hay señales dispuestas que uno debe interpretar, <pero> a veces con la duda de conocer la interpretación, de tener previsto el mensaje y encontrar en la realidad algo que lo transmita para vivir la confirmación. Que haya escuchado cantar un gallo mezclado con mis otras propias voces poco antes de salir de la cama tiene algo de eso, que esto ocurra ya cerca del mediodía tiene un poco más de esto que digo que son más que coincidencias.
Unas de las cosas que pensaba es cierta familiaridad que tengo con el oficio de la disculpa -combino la capacidad de pedir disculpas con la capacidad de equivocarme- y entonces algo que he decidido hacer en cuanto tenga oportunidad es actuar. Voy a hacer lo que siento que quiero hacer, voy a hacer conforme a mi deseo y si corresponde pediré disculpas por haber entendido mal. Esto para mi es una revelación.
Recordaba entre algunas otras cosas que temo no poder rescatar acá una metáfora habitual, la de la esfera con centro en mi propio ombligo. Un escudo que yo construyo con el válido propósito de mantener fuera de él a mucha gente que <verbo ininteligible>, un escudo selectivo, regulable de algún modo, desde el que veo el mundo exterior y al que invito de tanto en tanto a algunas personas.
Hay días en que las cosas me parecen más claras, en que veo mejor lo que me pasa con otras personas y a veces descubro que esa misma claridad con la que veo convierte mi escudo en una jaula. Esta esfera que en un momento me protege en otro momento me encierra, y me hace ver que apenas un poco más allá de donde termina mi mano hay otra mano extendida. Dos manos que se buscan y no se llegan, y nos miramos, nos miramos cara a cara y nos sabemos cercanos y nos sabemos urgidos y no nos permitimos abandonar la comodidad de la distancia para ver que nos pueda pasar dentro de una esfera más grande y compartida.}¿Como lograr convertir dos pompas de jabón frágiles, irremediablemente frágiles, en una sola.?
Estas y otras cosas pensaba durante ese rato en el que me resistía a dejar que mi lado consciente tomara posesión del día. El resto quedarán olvidadas, creo que estas fueron las más importantes.
lunes, 28 de enero de 2013
Adiós
In memorian N.Ch.
Devastación,sobre la tierra yerma
un cataclismo macabro
de leyes inmutables, crueles,
anónimas y frías en tu nombre,
la urdimbre del azar y de la física,
el veredicto de la intriga dicta solos.
Sigo creyendo que aun era temprano
para conjugar el verbo absurdo ante tus restos,
para extrañar la certeza de tu sombra,
para vivir de un legado inconcluso
y de crónicas pendientes de inventario.
¿Dónde están todos los días que no fueron?,
¿se los tragó la tierra, el mar?, ¿alguien sabe?,
¿con que vacío cubrirán tus hijos el espacio?,
son preguntas, como antorchas en el aire,
al cielo, al sol, las nubes, a mi mismo,
y la respuesta es seca, muda, esa, esa.
sábado, 26 de enero de 2013
¿Símbolos?
Existen unas coincidencias notables en la vida a las que nosotros nos gusta rebajar de categoría y decirles casualidades, hasta que entendemos, en algún momento, por algún hecho iluminador, que hay una conexión tangible e inmaterial entre distintos aspectos de la vida.
Hace -en las dimensiones de mi vida- muchísimos años compré y quiso el azar que fuera ese, un disco de Joan Báez cantando en castellano canciones que eran todas bonitas, pero dentro de eso alguna era más importante que otra. De una de esas que supo importarme, hace una cantidad de años imprecisable, sobre un papel de almacén, tomé nota de la letra. Empieza diciendo: Sube a nacer conmigo hermano.
Este papel fue doblado en dos, en cuatro y en ocho y permaneció sobreviviendo a mi completo olvido en una caja de madera de la que lo saqué hace pocos días, una caja de madera que contiene este papel y otros papeles con otras cosas escritas, que tienen importancia o la tuvieron en el momento en que entraron en ella, cuyo contenido no inventarié después de que me la devolviera hace unos meses la que fue mi primera esposa. Yo había curioseado en esta caja hace unos días o unas semanas o unos meses, pero (recién) la última vez que curioseé la caja lo encontré: a pesar de ser el papel que estaba más arriba no lo había visto. Este reencuentro se produjo a los pocos días de terminar de leer un libro de poesía, una selección -caprichosa como toda selección- de poemas de Neruda, que es el autor de estos versos que son conocidos, pero no para todo el mundo.
Cuál es la línea que va desde un afán por conocer música que me llevó en algún momento de mi vida a comprar un cassette en español de Joan Báez en una punta y en otra punta me hace conocer a una persona, cuya casa visito, cuyo libro me presta, y en él encuentro este poema que reconozco cuando lo leo de aquella canción, esto último antes, unos días, pocos, escasos pero antes de reencontrar el papel donde había tomado nota de los versos. Que este papel sobreviva, que esta caja me fuera devuelta ahora cuando aun no he retirado mis pertenencias de mi anterior hogar en forma sistemática, me fui trayendo las cosas que fui precisando, pero no he traído mis discos, no he traído mis fotos, no he traído mis libros. Esta curiosidad, esta casualidad tan prolijamente encadenada por una mano invisible me tiene hoy, acá, hablando de esto.
Y una amiga sube a Internet un audio de Joan Báez cantando en Hanói durante un bombardeo americano y otra amiga se pregunta si debemos reconocer símbolos en nuestro camino y yo le respondo así:
Sube a nacer conmigo hermano.
Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de la roca.
No volverás del tiempo subterráneo.
El último libro que termine de leer es de Umberto Eco, que de símbolos sabe mucho, y el que estoy leyendo ahora es de Alcira Argumedo, que expone con muchísima claridad algunas facetas del pensamiento social comprometido.
¿Símbolos?. ¡Claro que sí!
BONUS:
Sube a nacer conmigo, hermano.
Dame la mano desde la profunda
zona de tu dolor diseminado.
No volverás del fondo de las rocas.
No volverás del tiempo subterráneo.
No volverá tu voz endurecida.
No volverán tus ojos taladrados.
Mírame desde el fondo de la tierra,
labrador, tejedor, pastor callado:
domador de guanacos tutelares:
albañil del andamio desafiado:
aguador de las lágrimas andinas:
joyero de los dedos machacados:
agricultor temblando en la semilla:
alfarero en tu greda derramado:
traed a la copa de esta nueva vida
vuestros viejos dolores enterrados.
Mostradme vuestra sangre y vuestro surco,
decidme: aquí fui castigado,
porque la joya no brilló o la tierra
no entregó a tiempo la piedra o el grano:
señaladme la piedra en que caísteis
y la madera en que os crucificaron,
encendedme los viejos pedernales,
las viejas lámparas, los látigos pegados
a través de los siglos en las llagas
y las hachas de brillo ensangrentado.
Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.
A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche
como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena,
eslabón a eslabón, y paso a paso,
afilad los cuchillos que guardasteis,
ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.
Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
Apegadme los cuerpos como imanes.
Acudid a mis venas y a mi boca,
Hablad por mis palabras y mi sangre.
miércoles, 23 de enero de 2013
Marita Verón
La trata de blancas es el tema del día.
Nos causa espanto el fallo de la justicia tucumana. Cuesta entender por cual agujero de la telaraña se escapan los acusados, y cuesta, cuesta mucho, muchísimo, aceptar que si por alguna sutileza legal quedan en libertad los victimarios la culpa no es de los jueces sino de los legisladores que no han legislado de modo tal que no encuentren el punto débil por el cual todos se escapen. Aun no sabemos, y la profundidad de la retórica legal me confunde, si los jueces han actuado mal o han actuado bien: no es tarea del poder judicial corregir las leyes mal hechas sino velar por que se respeten todas las formas de los procesos. Coincido con todos en la indignación del resultado, pero no me resulta evidente el reparto de los méritos que concluyeron en la absolución general.
Volviendo al primer punto, se reitera la frase, casi slogan, “sin clientes no hay trata”, lo cual podría ser cierto si no fuera imposible. Por algo le dicen “la profesión más antigua del mundo”. En la mismísima Biblia, libro familiar a la inmensa mayoría nacional de origen teológico judío-cristiano, el único oficio conocido de una mujer fue la prostitución, y seguirá habiendo prostitución (femenina) por mucho tiempo más. Mientras los hombres acumulen testosterona y no tengan una pareja o amistad con derecho, y mientras haya mujeres acorraladas por el sistema en las orillas de la miseria o la necesidad seguirá existiendo el caldo de cultivo necesario para que el oficio más antiguo del mundo tenga su eternidad garantizada.
Debo ser cuidadoso a partir de aquí, porque lo que sigue es apto para la polémica. No estoy a favor de la prostitución. No me parece justo que alguien encuentre en el alquiler íntimo de su cuerpo su modo de subsistencia; más claro: me parece inaceptablemente injusto que alguien deba optar por prostituirse para no sufrir penurias económicas y carencias o para seguir sufriéndolas morigeradas. Pero no soy quien para imponer mi ley a nadie. Si una persona con opciones encuentra una salida voluntaria en la prostitución me parece mal; si una persona sin opciones encuentra una salida obligada en la prostitución me parece peor, pero desde el momento en que escapa a mi proveerle la salida, lo menos que debo hacer es respetar. Y, aunque no me agrade, me siento obligado a reconocerle a una persona adulta y libre la capacidad de decidir (para tranquilidad de mi conciencia, doy por asumido que es una decisión libre entre opciones válidas).
Nos causa espanto el fallo de la justicia tucumana. Cuesta entender por cual agujero de la telaraña se escapan los acusados, y cuesta, cuesta mucho, muchísimo, aceptar que si por alguna sutileza legal quedan en libertad los victimarios la culpa no es de los jueces sino de los legisladores que no han legislado de modo tal que no encuentren el punto débil por el cual todos se escapen. Aun no sabemos, y la profundidad de la retórica legal me confunde, si los jueces han actuado mal o han actuado bien: no es tarea del poder judicial corregir las leyes mal hechas sino velar por que se respeten todas las formas de los procesos. Coincido con todos en la indignación del resultado, pero no me resulta evidente el reparto de los méritos que concluyeron en la absolución general.Volviendo al primer punto, se reitera la frase, casi slogan, “sin clientes no hay trata”, lo cual podría ser cierto si no fuera imposible. Por algo le dicen “la profesión más antigua del mundo”. En la mismísima Biblia, libro familiar a la inmensa mayoría nacional de origen teológico judío-cristiano, el único oficio conocido de una mujer fue la prostitución, y seguirá habiendo prostitución (femenina) por mucho tiempo más. Mientras los hombres acumulen testosterona y no tengan una pareja o amistad con derecho, y mientras haya mujeres acorraladas por el sistema en las orillas de la miseria o la necesidad seguirá existiendo el caldo de cultivo necesario para que el oficio más antiguo del mundo tenga su eternidad garantizada.
Debo ser cuidadoso a partir de aquí, porque lo que sigue es apto para la polémica. No estoy a favor de la prostitución. No me parece justo que alguien encuentre en el alquiler íntimo de su cuerpo su modo de subsistencia; más claro: me parece inaceptablemente injusto que alguien deba optar por prostituirse para no sufrir penurias económicas y carencias o para seguir sufriéndolas morigeradas. Pero no soy quien para imponer mi ley a nadie. Si una persona con opciones encuentra una salida voluntaria en la prostitución me parece mal; si una persona sin opciones encuentra una salida obligada en la prostitución me parece peor, pero desde el momento en que escapa a mi proveerle la salida, lo menos que debo hacer es respetar. Y, aunque no me agrade, me siento obligado a reconocerle a una persona adulta y libre la capacidad de decidir (para tranquilidad de mi conciencia, doy por asumido que es una decisión libre entre opciones válidas).
El problema no es la prostitución, el problema es la trata.
Sin trata no hay trata, aunque haya prostitución y haya clientes dispuestos a pagar por el uso de otro cuerpo.
Trabajé largos años en Suipacha y Tucumán, y recorría habitualmente la calle Lavalle. Cuando la oferta sexual era en la esquina de Esmeralda y Lavalle, la policía estaba en Lavalle y Maipú, y viceversa. Ahora ya no hay oferta “en pie”, o es más discreta, pero pululan por el centro de Buenos Aires pegadores de cartelitos de oferta sexual, con teléfonos y direcciones. Según uno de los muchachos a cargo de esta tarea, percibe $150 diarios por esa labor. No debiera ser tan difícil encontrar los departamentos, ver quien los alquila, quien paga los gastos, quien llama a esos teléfonos, quien manda a imprimir los papelitos, quien contrata a los que empapelan el microcentro y mas allá, expandiendo diariamente el límite de las superficies válidas para ese fin, que comenzó sobre el mobiliario urbano público, pasó luego a cortinas de negocios y ya orilla las vidrieras comerciales, a las que aun no se han animado.
La Metropolitana, la Federal, los funcionarios del poder judicial, y otras gentes obligadas por su trabajo a intervenir de oficio, a denunciar, están todos distraídos de su deber, y lo peor, lo peor de todo, es que no es necesariamente por connivencia o lucro, sino sencillamente por desinterés o complicidad ad-honorem.
Mientras no nos demos un debate adulto sobre el tema, permitiendo la prostitución como cualquier oficio, con un marco legal adecuado, reglas, permisos, condiciones de salubridad, aportes jubilatorios, y todas las demás condiciones propias de una actividad laboral legal, seguirá habiendo trata. Mientras sea necesaria la protección de alguien para desarrollar el oficio, habrá trata. Mientras la posibilidad de trabajar dependa de la venia policial, habrá trata. Por el contrario, en un contexto en el cual la prostitución sea legal, una prostituta no requerirá la protección de un cafiolo para evitar el acoso policial, sino que podrá denunciar en sede policial al cafiolo que la acose (y en sede judicial al policía que no se resigne a dejar de aprovecharse). Las prostitutas trabajarán para sí mismas, solas o en cooperativas, y se van a acabar muchos negocios turbios que se alimentan de la marginalidad forzada del oficio proscrito.
Toda prohibición es estéril en su intento de evitar lo que prohíbe y genera un negocio para quien la desafíe.
En un país progresista, este tema debería ser materia de discusión.
Sin trata no hay trata, aunque haya prostitución y haya clientes dispuestos a pagar por el uso de otro cuerpo.
Trabajé largos años en Suipacha y Tucumán, y recorría habitualmente la calle Lavalle. Cuando la oferta sexual era en la esquina de Esmeralda y Lavalle, la policía estaba en Lavalle y Maipú, y viceversa. Ahora ya no hay oferta “en pie”, o es más discreta, pero pululan por el centro de Buenos Aires pegadores de cartelitos de oferta sexual, con teléfonos y direcciones. Según uno de los muchachos a cargo de esta tarea, percibe $150 diarios por esa labor. No debiera ser tan difícil encontrar los departamentos, ver quien los alquila, quien paga los gastos, quien llama a esos teléfonos, quien manda a imprimir los papelitos, quien contrata a los que empapelan el microcentro y mas allá, expandiendo diariamente el límite de las superficies válidas para ese fin, que comenzó sobre el mobiliario urbano público, pasó luego a cortinas de negocios y ya orilla las vidrieras comerciales, a las que aun no se han animado.
La Metropolitana, la Federal, los funcionarios del poder judicial, y otras gentes obligadas por su trabajo a intervenir de oficio, a denunciar, están todos distraídos de su deber, y lo peor, lo peor de todo, es que no es necesariamente por connivencia o lucro, sino sencillamente por desinterés o complicidad ad-honorem.
Mientras no nos demos un debate adulto sobre el tema, permitiendo la prostitución como cualquier oficio, con un marco legal adecuado, reglas, permisos, condiciones de salubridad, aportes jubilatorios, y todas las demás condiciones propias de una actividad laboral legal, seguirá habiendo trata. Mientras sea necesaria la protección de alguien para desarrollar el oficio, habrá trata. Mientras la posibilidad de trabajar dependa de la venia policial, habrá trata. Por el contrario, en un contexto en el cual la prostitución sea legal, una prostituta no requerirá la protección de un cafiolo para evitar el acoso policial, sino que podrá denunciar en sede policial al cafiolo que la acose (y en sede judicial al policía que no se resigne a dejar de aprovecharse). Las prostitutas trabajarán para sí mismas, solas o en cooperativas, y se van a acabar muchos negocios turbios que se alimentan de la marginalidad forzada del oficio proscrito.
Toda prohibición es estéril en su intento de evitar lo que prohíbe y genera un negocio para quien la desafíe.
En un país progresista, este tema debería ser materia de discusión.
domingo, 20 de enero de 2013
Sobre mi cuaderno
Estaba pensando –estuve pensando- en escribir sobre mi cuaderno, sobre mi cuaderno (así al pasar noté que la reiteración de esas tres palabras tiene completo sentido). Hablaba de escribir sobre mi cuaderno y opté por hablar sobre mi cuaderno. Después escribiré lo que ahora hablo.
Mi cuaderno es como mi vida: hojas que quisiera arrancar, hojas que quisiera tachar y unas cuantas hojas en blanco. La analogía es perfecta. Mi cuaderno es un regalo de una de mis hijas, un cuaderno de hojas cuadradas, blancas, lisas, en el que de a ratos dejo cosas escritas. Quizás debí ser más estricto a la hora de juzgar que cosas elegí escribir ahí y que cosas debí escribir en otro lado, pero no hay ninguna manera de arrancar la página sin que se note y tampoco voy a ganar nada.
Me gustó mucho darme cuenta un día de que mi hijo el varón aprieta el pomo de dentífrico -pasta dental- de cualquier manera porque esa actitud que yo no tenía la he rescatado como valiosa después de la tardía lectura del primer párrafo de Rayuela. Esta casualidad coincide con que las hojas de mi cuaderno son lisas, otra de las cosas que Cortázar menciona muy al comienzo de este libro, y la complicidad padre-hijo (el tal para cual, el de tal palo tal astilla, el a menudo los hijos se nos parecen) se hace evidente en estos dos detalles.
Me distraigo en una conversación de ascensor sobre un segundo gol de River a Boca, tema que hasta hace pocos minutos llamaba mi atención pero dejó de hacerlo luego de un fugaz interinato en el podio de mis intereses. Otra vez encuentro un parecido entre lo que digo sobre algún tema y lo que pasa con mi vida: paso de una preocupación a otra y de una despreocupación a otra momento a momento.
Mientras hablo de mi voy haciendo cosas, como aprontar los menesteres que mi varón va a precisar mañana a la mañana cuando se levante y se mantenga en pie, solo, esperando que yo me despierte. Al momento de decir la frase “esperando que yo me despierte” me repiquetea, me golpea en la cabeza como un pájaro carpintero, buscando hacerme reaccionar. También despejo el camino (me quedo con esas tres palabras de la frase completa como una nueva manifestación de que la vida se hace presente en lo que digo) mientras hablo (despejo el camino) para que mis hijas mayores, la que me regaló el cuaderno y la mayor, cuando regresen de una fiesta a la madrugada no tengan obstáculos que puedan resultar una complicación para sus ojos distraídos.
Si hubiera escrito sobre mi cuaderno sobre mi cuaderno probablemente hubiera concentrado mi atención en algunas líneas más confinadas de mi pensamiento. Tengo una manera muy especial de referirme a esta capacidad de perder de vista el camino por el cual llegué a un lugar, y al irme desde ese lugar a cualquier otro acarreo la sospecha de que es muy probable que haya coincidido el cambio de rumbo con su pérdida, y estoy hablando de lo que estoy hablando y estoy hablando de la vida también; encuentro una y otra vez que digo algo sobre algo y esa misma expresión la puedo aplicar sobre mí mismo. En algún sentido o en otro soy todas las versiones posibles de mi mismo, y entre todo eso que digo ser, ser adorador de las ramas de los árboles es esto de lo que mi palabra está dejando testimonio.
Ser todas las cosas posibles es convertirnos en una esfera capaz de rodar libre. El teorema de la esfera -tal cual lo he postulado en algún lugar- dice que cada una de las cosas que somos es una cara de un cuerpo, y un cuerpo que tiene todas las caras posibles es una esfera. Esto que digo en forma tosca y destemplada tiene una argumentación geométrica, en aquel momento hablaba de poliedros regulares, como el tetraedro o el cubo, que al avanzar en su número de caras empiezan a parecer esferas, porque un poliedro regular de infinitas caras es una esfera. Por ahí el infinitas caras es un exceso, pero si cada una de las cosas que somos es una cara y tenemos muchas caras empezaremos por lo menos a ser algo parecido a una bola de espejos, donde cada una de las cosas que somos es uno de los tantos espejitos que tiene.
Sé que varias veces dije o pensé en decir en este último rato algo de lo que a la pasada me di cuenta que podía aplicar sobre mí mismo pero no quise detenerme a puntualizar y ahora me cuesta identificar que fue. Mañana o pasado o alguno de estos días me pondré a escuchar esto que dije para convertirlo en un texto escrito y sé que me voy a sorprender de cómo en un momento algo se nos revela y en un momento nos queda el recuerdo del hecho y el recuerdo del instante pero nos queda el olvido de la verdad que conocimos.
Me sorprendí hace un rato en la casualidad de que tenía unos versos que aparecieron durante una fugaz ducha y de que logré recordarlos cuando me senté ante mi cuaderno con la primera lapicera que encontré -porque la que hubiera usado está en algún lugar en el cual la reencontraré algún día- y quiso la suerte que haya sido la birome roja, la que uso pocas veces, cuya última contribución descubro en una hoja imprecisa, sin fechar, donde la página siguiente tiene dos meses y el escrito anterior tiene tres. No me voy a tomar el trabajo de ver si en algún otro lugar dice de cuándo son los versos anteriores escritos en rojo, que tienen algo en común con los de hoy, que son unos versos duros, impublicables quizás.
Sé que me fui de tema una vez más. Me interesa la confirmación, pero no me importa. Y tras decir esto me queda la incómoda sensación de estar diciendo algo imposible: ¿como nos puede interesar algo sin importarnos al mismo tiempo?. Estas palabras no son sinónimas. Encontré un ejemplo que para mí es válido y tiene que ver con querer saber el resultado de un partido de futbol –pasión de multitudes entre las que no me incluyo-, ver dos goles, darse cuenta de que uno es una distracción del defensor y el otro es un gesto brillante del delantero y ya está, no me importa más nada. Creo que su mayor valor es poder hablar en este lugar de lo que estoy hablando y poder ilustrarlo con este ejemplo.
Tengo un muy bonito segundo blog. No creo que este ensayo salga en el primero -que se llama Discurso Bravo- como tampoco van a estar ahí y de esto estoy un poco más seguro porque los leí los versos de hoy a la noche, que empiezan con un fuertísimo reproche personal que le hice a otra persona que no soy yo, aunque al releerlos recién me doy cuenta que me lo podría haber hecho a mi mismo con las mismas primeras cinco palabras, las segundas cinco también, y también las tres terceras con las que cierra una primera estrofa.
Acabo de volver de confirmar la corrección de la palabra estrofa, porque le sentí una connotación muy musical. Esto espero que no sea un presagio, no sé cómo entenderlo. De la búsqueda en Internet de la confirmación de la palabra estrofa me fui a un artículo que habla de versos, rimados, libres, blancos y sueltos, donde se cita un poema llamado “El paraíso perdido”. Lo siento. No quiero hablar más.
jueves, 17 de enero de 2013
Leí a Umberto
I
Furgón
de cola,
detrás
solo queda
una estela,
por delante
la vía,
rieles,
la vida,
estaciones,
trasbordos:
al menos
uno
en la próxima
parada.
Los dragones
remeras rojas
y la semiótica
haciéndose acertijo
y carambola.
Afuera,
mirar afuera
adentro,
justo acá,
justo ahora,
un travestido
prepucio,
cambia
hacia allá,
curiosidad
bajo el mar.
Coincidencia
o azar
del dragón
la dragona.
Denuncia
la vida
eficaz
eficiente:
eco, eco,
ilusión,
hoy
empecé a escribir.
II
No cambia
nada
lo que era
lo que vi,
verdades
emergentes,
palabras
adecuadas,
símbolos
o presencias,
dudo
entre visita,
invasión,
continuar
en la refracción,
silencios,
economías,
publicidades,
luces verdes,
carriles
irrespetados,
regateos,
provechos,
ventajas,
anonimatos,
conocimientos,
intenciones,
intimidades,
intimideces,
facsímiles,
dramas,
comedias,
teatros,
prioridades,
anhelos,
arribos,
pausas,
mas remeras,
olvidos,
continuidades,
socialismos,
calles nuevas,
sobresaltos,
nombres viejos,
traducciones,
registros,
maniobras,
renuncias,
aparcadas,
cerraduras,
llaves,
destinos,
música,
fiesta,
placeres,
calma,
puntos finales.
Bonus
19:58
Hace un rato escribí un poema titulado “Leí a Umberto”, ni dirigido ni dedicado pero seguramente influido por una lectura reciente de un libro suyo. Podría extender un poema que di por finalizado -quizás le agregue una postdata- resumiendo el hecho de que al estar barriendo mi casa, sacando el polvo acumulado, rescato de su cercano, fortuito, cuasi probable, posible, indeseable e inminente (estas eran las palabras que buscaba) destino de basura un dije, un pequeño arco del triunfo que reclamaré para mí, porque esto también es un símbolo. Hablaba exactamente de esto hoy con otras voces.
21:01
No sé que fue lo que vi. Estoy dando un paseo errático en bicicleta que me encuentra buscando un lugar oportuno donde deshacerme de una manzana inoportunamente vieja, cuando veo una luz muy fuerte y muy rápida que hace una rajadura en un cielo diáfano que lleva un rato comenzando a oscurecerse para que resalte una luna que se encuentra en uno de sus dos cuartos. Quisiera decir que fue una estrella fugaz, pero fue una luz más fuerte y más rápida y duró menos. En esa fracción de segundo, la que duró desde que vi la luz hasta que me di cuenta de lo que no era, recordé de que hablaba hoy cuando empecé hablando de los signos, los símbolos y terminé hablando de las señales que veo. Hablo del poema y su postdata y su segunda postdata:
PD
Barrer,
desterrar,
rescatar arcos
triunfos.
Luz fugaz,
suficiente,
luz al norte.
Furgón
de cola,
detrás
solo queda
una estela,
por delante
la vía,
rieles,
la vida,
estaciones,
trasbordos:
al menos
uno
en la próxima
parada.
Los dragones
remeras rojas
y la semiótica
haciéndose acertijo
y carambola.
Afuera,
mirar afuera
adentro,
justo acá,
justo ahora,
un travestido
prepucio,
cambia
hacia allá,
curiosidad
bajo el mar.
Coincidencia
o azar
del dragón
la dragona.
Denuncia
la vida
eficaz
eficiente:
eco, eco,
ilusión,
hoy
empecé a escribir.
II
No cambia
nada
lo que era
lo que vi,
verdades
emergentes,
palabras
adecuadas,
símbolos
o presencias,
dudo
entre visita,
invasión,
continuar
en la refracción,
silencios,
economías,
publicidades,
luces verdes,
carriles
irrespetados,
regateos,
provechos,
ventajas,
anonimatos,
conocimientos,
intenciones,
intimidades,
intimideces,
facsímiles,
dramas,
comedias,
teatros,
prioridades,
anhelos,
arribos,
pausas,
mas remeras,
olvidos,
continuidades,
socialismos,
calles nuevas,
sobresaltos,
nombres viejos,
traducciones,
registros,
maniobras,
renuncias,
aparcadas,
cerraduras,
llaves,
destinos,
música,
fiesta,
placeres,
calma,
puntos finales.
Bonus
19:58
Hace un rato escribí un poema titulado “Leí a Umberto”, ni dirigido ni dedicado pero seguramente influido por una lectura reciente de un libro suyo. Podría extender un poema que di por finalizado -quizás le agregue una postdata- resumiendo el hecho de que al estar barriendo mi casa, sacando el polvo acumulado, rescato de su cercano, fortuito, cuasi probable, posible, indeseable e inminente (estas eran las palabras que buscaba) destino de basura un dije, un pequeño arco del triunfo que reclamaré para mí, porque esto también es un símbolo. Hablaba exactamente de esto hoy con otras voces.
21:01
No sé que fue lo que vi. Estoy dando un paseo errático en bicicleta que me encuentra buscando un lugar oportuno donde deshacerme de una manzana inoportunamente vieja, cuando veo una luz muy fuerte y muy rápida que hace una rajadura en un cielo diáfano que lleva un rato comenzando a oscurecerse para que resalte una luna que se encuentra en uno de sus dos cuartos. Quisiera decir que fue una estrella fugaz, pero fue una luz más fuerte y más rápida y duró menos. En esa fracción de segundo, la que duró desde que vi la luz hasta que me di cuenta de lo que no era, recordé de que hablaba hoy cuando empecé hablando de los signos, los símbolos y terminé hablando de las señales que veo. Hablo del poema y su postdata y su segunda postdata:
PDBarrer,
desterrar,
rescatar arcos
triunfos.
Luz fugaz,
suficiente,
luz al norte.
martes, 15 de enero de 2013
Madrugada
encierra un designio, ahora
siento ahora pienso ahora, deseo,
por ejemplo, revelarte
donde conduce el baile
distraído, complaciente,
de los cuerpos perfectos
entre la base de tus alas,
rodando
derivar lo nuevo en llave,
excusa mínima del cofre.
Hay otras cosas que conozco
como el alias de mi madrugada,
la hora de las manos sedientas
de amasar arcillas en tu vientre.
Quisiera estar aquí o allá,
y decirte todo esto de otro modo,
sembrarte palabras al oído,
hacer un mantra con tu nombre
en lenguas peregrinas,
bajo el argot del código morse
demorar el sueño
hasta que el día venza.
viernes, 11 de enero de 2013
Día D
Tengo algo así como un exilio en mi pasado,una infancia entronizada hasta estas horas,
el encierro de cuatro docenas de veranos
en el mecanismo insuficiente del reloj.
Sobreviví a los diáfanos grados de niñez,
a desencantos, desamores, desengaños y desprecios,
a la conciencia frustrante
de lo efímero de ser quien soy,
de saber y no tener lo que me falta.
La vida es juego, pero el juego muta,
un hilo de espuma, sal que cose arena y mar,
una costilla lejana donde el cielo se entierra,
donde nace y muere el sol resucitado
cumpliendo una condena más eterna que la propia.
Aun maduro el salto, el paso, la partida,
el éxodo de los lugares fatigados
por mis pies impúberes e imberbes,
carente del propósito vertebral que me cobije,
de una ley nuclear que alimente mis labios,
que silencie mis desvelos, que entibie mi sombra.
Hay un día de jugar a todo y nada,
de hollar el piso, de apostar al desembarco,
de retar la osamenta a cara o cruz en Normandía,
de ver al crupier cantar la muerte del infante.
Sentir que llego solo en mi ataúd al cementerio
huérfano en mi humanidad de compañía
sin saber de que lado del suelo es el entierro,
que es falso y que real, ni quienes impostores.
lunes, 7 de enero de 2013
A rajatabla
II) Día de Reyes, 02:02
Hace un rato escribí un poema que empieza diciendo: Son los últimos minutos de este día y termina en un verso que aun no encontré, en el que quiero resumir que debemos sentir que el plan se cumple, cualquiera que sea ese plan del que no somos dueños sino testaferros, donde creemos que ejercitamos nuestra voz y nuestro albedrío.
Si en realidad nuestra voz y nuestro albedrío son parte de un plan, debemos amigarnos con ese plan, porque al fin y al cabo nos excede. Vaya por donde vaya y venga por donde venga, debemos saber que es un plan que no hicimos y a partir de ahí aceptarlo sin demoras.
Surge la duda de cuál será el plan: el plan es lo que hagas, pero no sé si esto incluye el cómo sentirnos mientras lo ejecutamos. El plan debe ser sentirnos bien, debe hacernos sentir bien, porque si es el plan debe ejecutarse sin darle lugar al conflicto.
Conflicto es una palabra bélica pero adecuada. El conflicto surge cuando no nos sentimos bien, pero ese es el síntoma, la causa está en el desvío.
Si no nos sentimos bien, hay que hacer otra cosa.
Así de fácil.
Así de fácil.
III) Día de Reyes, 18:56
Meternos en la boca del lobo (en forma de pregunta) es lo que me preguntaba hace un rato y lo asocié con el poema inconcluso que suspendí anoche. Este meternos en la boca del lobo puede tener más de un plano de coincidencia con aquel ejecutar un plan sin parpadeos, identificar el plan y cargarle los cañones. ¿Cuál es mi plan más verdadero? Sin saber cuál es ese plan, a sabiendas de la duda, meternos en la boca del lobo. Es el propósito por estos días. Es el propósito precisamente actual. Y ocurren los pequeños milagros.
I) Día de Reyes, apenas empezado
Son los últimos minutos de este día
la evidencia de la cuenta regresiva
cuando caen gota a gota las palabras,
cuando la mente erra por caminos traslúcidos
y se detiene cada tanto en una forma que
a veces es una figura de nombre posible.
Permitir que el sueño y el cansancio se saluden
y distraerme de esas formalidades
para ver una luna joven cobrando vuelo
en el cielo al que estoy dando la espalda.
Sentir que el universo me conoce y me saluda,
que me contempla precisamente ahora,
que todo sigue un plan que no sabremos
nunca, nunca nos podrá ser dado el privilegio
de la palabra misterio, apenas las señales,
sabernos testaferros de la voz y el albedrío,
cargar a sabiendas los cañones de la duda,
meternos en la boca del lobo a rajatabla.
Hace un rato escribí un poema que empieza diciendo: Son los últimos minutos de este día y termina en un verso que aun no encontré, en el que quiero resumir que debemos sentir que el plan se cumple, cualquiera que sea ese plan del que no somos dueños sino testaferros, donde creemos que ejercitamos nuestra voz y nuestro albedrío.
Si en realidad nuestra voz y nuestro albedrío son parte de un plan, debemos amigarnos con ese plan, porque al fin y al cabo nos excede. Vaya por donde vaya y venga por donde venga, debemos saber que es un plan que no hicimos y a partir de ahí aceptarlo sin demoras.
Surge la duda de cuál será el plan: el plan es lo que hagas, pero no sé si esto incluye el cómo sentirnos mientras lo ejecutamos. El plan debe ser sentirnos bien, debe hacernos sentir bien, porque si es el plan debe ejecutarse sin darle lugar al conflicto.
Conflicto es una palabra bélica pero adecuada. El conflicto surge cuando no nos sentimos bien, pero ese es el síntoma, la causa está en el desvío.
Si no nos sentimos bien, hay que hacer otra cosa.
Así de fácil.
Así de fácil.
III) Día de Reyes, 18:56
Meternos en la boca del lobo (en forma de pregunta) es lo que me preguntaba hace un rato y lo asocié con el poema inconcluso que suspendí anoche. Este meternos en la boca del lobo puede tener más de un plano de coincidencia con aquel ejecutar un plan sin parpadeos, identificar el plan y cargarle los cañones. ¿Cuál es mi plan más verdadero? Sin saber cuál es ese plan, a sabiendas de la duda, meternos en la boca del lobo. Es el propósito por estos días. Es el propósito precisamente actual. Y ocurren los pequeños milagros.
I) Día de Reyes, apenas empezado
Son los últimos minutos de este día
la evidencia de la cuenta regresiva
cuando caen gota a gota las palabras,
cuando la mente erra por caminos traslúcidos
y se detiene cada tanto en una forma que
a veces es una figura de nombre posible.
Permitir que el sueño y el cansancio se saluden
y distraerme de esas formalidades
para ver una luna joven cobrando vuelo
en el cielo al que estoy dando la espalda.
Sentir que el universo me conoce y me saluda,
que me contempla precisamente ahora,
que todo sigue un plan que no sabremos
nunca, nunca nos podrá ser dado el privilegio
de la palabra misterio, apenas las señales,
sabernos testaferros de la voz y el albedrío,
cargar a sabiendas los cañones de la duda,
meternos en la boca del lobo a rajatabla.
viernes, 4 de enero de 2013
Invisible
Atravieso el espacio entre las gentes
ignorantes de mí,
atravieso las gentes si es preciso
como una fila de átomos imperceptible,
niego y evito los saludos
salvo unos pocos con los que me reconozco
con una mueca pactada por las noches,
un reojo cómplice, un entenderse mudo.
Ando y desando calles y veredas
buscando una nube compañera que me llueva,
evitando los lugares comunes,
negándome a la caricatura de las sábanas
en las que descanso mi fantasma por las noches.
De nada sirve que canten los gallos,
no distingo mi sombra entre lo oscuro,
aun no comienza un nuevo día
y el sol no se ofrenda a la victoria.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Game Over 2012
Queridos amigos,
A los amigos de siempre, agregué muchos, que confío en retener. El 2013 no tiene más valor que una hoja en blanco en un cuaderno demasiado usado y lleno de remiendos, pero –dije alguna vez en este blog- una hoja en blanco encierra todas las posibilidades. Veré que hago en mi cuaderno durante los próximos meses, no dudaré en pedirles ayuda cuando precise sostener mi mano, y –nobleza obliga- cuenten conmigo para mejorar los suyos.
Termina el 2012, y llego a esta fecha con la sensación de que el único final que me faltaba presenciar en este año era el de este calendario. Fue, a pesar de las palabras baratas propaladas sobre la profecía de los mayas, un año lleno de fines del mundo, como todos los anteriores. Quienes me conocen saben que he muerto y resucitado en varios sentidos, quienes más me conocen más de estos varios sentidos pueden identificar.
Nos gusta ayudar a la memoria poniéndole fechas a los recuerdos, para conservarlos en los estantes adecuados. Al fin y al cabo solo somos recuerdos y el tiempo que nos queda, y entonces este 2012 será el año de teatro, de escribir, de mi separación, será el año de las personas a quienes amé, o me entregué o me ofrecí, será el año en el que comenzó un resto de mi vida inédito, distinto, inesperado en su riqueza.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Final VII
La sensación de no saber quién soy,donde estoy, a donde voy
montado en esta bicicleta de dos ruedas
voy mirando y veo recuerdos
de cumpleaños infantiles,
de flores de plantas plantadas,
la exacta sensación en la garganta
que no es tan nueva,
me cuesta no quemarme con el fuego,
me cruzo con gente que no está al tanto de nada.
Apurando un final que hace mucho ha sucedido
ya sé todo lo que preciso o precisaba
y me demoro haciendo cuentas y pasando en limpio,
sigo hablando y no sé si a alguien le importa,
no vale la pena complicarse en un final,
yo conozco la voz con la que hablo,
debiéramos tener una conversación ella y yo,
a veces me ofende, me escucha,
a veces llego a aceptarlo todo
y sostengo los naipes
castillos sobre burbujas.
Todo es tan imposible como posible,
no encuentro el orden,
estoy llegando a un lugar que yo conozco
para ir a otro lugar que yo conozco
pero no puedo hacer el viaje corto,
veo más gente que hace un rato,
veo las ofertas a las que obliga la hora.
Me miro como escribo y eso me distrae
del auto que me pasa, de la moto que lo sigue,
de lo que estoy pensando en forma recurrente,
tiempo de decirle basta a algunas pieles,
una piel nueva, un cuerpo más liviano,
la gente se habla como si se entendiera
y yo cambio el rumbo y ahora voy hacia el oeste
hacia la tarde, sigo mi sol
año nuevo vida nueva, el dicho dice y faltan dos días
que es como la mitad de medio segundo,
ya no necesito lo que no se necesita
cuando se obtiene lo que se necesita,
a esto hoy le digo adiós
aunque el eco canta indulto hasta la vista.
La vida no es margaritas a los chanchos
sino chanchos y margaritas,
ahora tengo el alma campechana
de decir las cosas simples,
este poema de pronto es un adiós
con el que alguien de algo se despide,
si es tiempo de cruzar pues dar el paso,
caminando se pisa más que en bicicleta
y para pisar hay que pisar descalzo.
De pronto me escucho
mis aires de poeta,
me avergüenzo de mi tercera persona
la que mira lo que hago,
le doy un par de vueltas a la plaza del pueblo,
intento hacer pie firme, no muy a salvo
y esto es porque no estoy pensando en mi mismo,
a veces es sólo sentarse y tomar un helado,
lo demás ya está resuelto,
lo importante se sabe, sino no importa,
descansar un rato, desear que nadie nos vea
que no nos importe nada,
pero nada excluye todo.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Neruda, Saramago, Benedetti y yo
Casi me río desde el título que elegí para esta entrada, y casi me río de nuevo cuando se me ocurre que puede ser muy oportuno ilustrarla con la clásica figura de los monos: que no escuchen, no vean y no opinen sobre mi impertinencia de poner sus apellidos en el mismo cartel en el que me incluyo, como si fuera lo mismo un póker de ases que una pierna de ases y un dos de trébol.
A veces pienso en que me diferencia de ellos, o puntualizando bien la cuestión, que diferencias hay entre mis versos y los de ellos. No es que no las haya o que yo no las sepa hallar, pero me resulta un poco difícil hundir el bisturí en el centro de la herida, quizás porque hay varios lugares posibles para la incisión quirúrgica, por lo menos tantos como voluntarios interesados en comparar sus producciones con las mías, y probablemente más.
Leí apenas un par de poemas de Saramago. Me alcanzaron para darme cuenta de como ejerce la capacidad de coincidir conmigo en el uso de palabras y metáforas, y sin embargo, con tan distintos resultados. Para mi, que soy apenas un intento, es tan difícil determinar en que momento se distancia mi voz de la de èl que me viene a la mente la imagen de una partida de ajedrez –juego en el que también soy limitado- en la cual un imperceptible paso de peón determina la calidad del desarrollo y separa la victoria de la derrota.
De Neruda aprecio su vocabulario, su capacidad de usar palabras que conozco pero cuya existencia de algún modo no recuerdo, no tengo presente a la hora de escribir. Su riqueza expresiva me conmueve, aunque algunas metáforas requieren de mí la aplicación profunda de la fuerza de gravedad sobre mi nivel conciente para apagarlo y permitir que sus expresiones accedan a mi interior profundo revelando un significado nuevo. Da la casualidad –esta es la poesía- de que la mejor manera de leerlo es olvidando el significado preexistente de las palabras.
No logro el vuelo del chileno, no logro la pericia del portugués. Vuelvo a Benedetti, que parece -pero sólo parece- tan al alcance como su país desde Buenos Aires. Es un panadero que mezcla harina y agua, se maneja con lo más sencillo del lenguaje, no usa metáforas, no busca sus palabras en el diccionario, habla con la voz de una persona simple, común. No hace falta saber nada de nada para entender lo que dice, no hay una segunda lectura de èl, cuando dice casa quiere decir casa y cuando quiere decir cielo dice cielo, no hace juegos de palabras ni exhibiciones técnicas. Sólo dice, pero lo dice con tanta música y tanta magia.
Y de mi voz, poco puedo decir. Me gusta lo que escribo, aunque me reconozco un mal juez, y soy algo impúdico a la hora de exponer mi palabra, rayando con la obscenidad precoz. Debe haber entre todo lo que escribo –más que por mèrito propio por obra y gracia de la probabilidad y la estadística- algo que podría colar en la obra de alguno de estos monstruos y pasar desapercibido, pero no voy a hacer el intento de hallarlo para evitarme la pùblica lapidación.
Me rindo a los pies de los mayores.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Contando hasta ocho
Venía pensando sobre la bicicleta dos versos memorables (que no llegaron a destino) cuando vi y leí un papel en el piso que decía: “sueña respeta ama vive camina y aprende disfruta no seas esclavo del dolor” para después invocar a Jesús. Hasta la invocación acompañé la lectura maravillado por lo oportuno de este mensaje en el piso. “Sueña respeta ama vive camina y aprende disfruta no seas esclavo” alcancé a leer hasta el momento en que decidí guardarlo como recordatorio. Hasta cierta parte lo entiendo universalmente válido, quizás disiento en el nombre y apellido de a quien se le adjudica la capacidad de asegurarnos libertad y vida. Creo en Dios, creo en “Dios es Amor”, creo que es cierto lo que un amigo del alma me mostró en una medalla, que fue San Agustín –sea él quien sea- quien dijo “Ama y haz todo lo que quieras”. El paseo me llevó hasta una plaza, un espacio que hago sinónimo de libertad, y me trajo a este lugar de revelación: no estoy listo para ser de nadie, contra todas las urgencias.
Si digo "hay una fiesta y estoy invitado" puede leerse en dos planos, distintos: si la noche real es la de hoy, la fiesta de la noche de la metáfora también me espera. Tengo urgencias por hacer escuchar mi voz, urgencia por decir tantas cosas. Ahora ya sé lo que pasa después del balazo, los ocho segundos un día terminan.
Llegar a casa, ponerme cómodo, sentirme a salvo, son otras tres metáforas posibles.
-.-
Vi el fogonazo,
escuché el estallido
y estoy contando hasta ocho
mientras la bala desanda camino.
Me distraje un largo rato contestando mezquindades
en una batalla innecesaria,
hay voces que no quiero escuchar, no ahora,
a veces me encanta estar solo conmigo.
Hay recuerdos que resucitan, ensañados,
como esa noche donde te dije las cosas,
te dije tan claro que estábamos a un paso
y un hormigueo amanece a mis pies.
Necesito verte, hoy, ya, ahora,
y reírnos del valor de mi discurso.
…
No estoy listo para ser de nadie,
contra todas las urgencias
hay una fiesta y estoy invitado:
tengo urgencias por hacer escuchar mi voz,
urgencia por decir tantas cosas
Ya sé lo que pasa después del balazo
los ocho segundos un día terminan.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Epitafio
Estás tan filosa y al unísono tan frágil
que no sé cómo acercarme sin que nadie salga herido,
si ir de puntillas desde la noche de mis sombras
o al ritmo de la orquesta a plena luz del día,
no sé cómo atrapar este momento tan ausente,
cómo hacer que la lluvia caiga hacia las nubes.
Quiero dejar de pensar en opciones que no hubo,
ver que el viento se divierta jugando con las hojas,
olvidarme del olor que desnuda el acertijo
y de todas las maneras de nombrar las direcciones,
me falta poco tiempo para nacer de nuevo,
no hay un antídoto para mi propio veneno,
no hay un motivo para evitarnos nada.
Transcurre la tarde bajo una llovizna gris,
resucita el miedo a la palabra solo,
no hay un camino que se sepa a dónde va
ni una almohada que conozca las respuestas,
conservo colecciones de espejos que no fueron
y la manía de seguir pateando puertas.
No me sorprende saber todo tan claro
sino que cara y cruz no expliquen la moneda,
no encontrar el número par entre los primos
si es tan simple cómo sumar uno más uno.
Cómo evitar la tentación de la estadística
el álgebra puesta al interés de lo mezquino,
cómo hacer del futuro una promesa nueva
anclados en engordar el testamento,
terminar de aprender lo imprescindible
con tiempo de elegir nuestro epitafio.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Preámbulo
La pregunta anuncia el naufragioesa soledad tan indivisible
como el océano entre las islas.
Querer saber lo que se sabe
para decir lo que se sabe,
preámbulo
de necesidad irrelevante,
el temor de convertirse en una herida.
Ninguna promesa se hace para exigirla,
el recuerdo es un arma de doble filo
y la palabra es arena en un desierto estéril.
La cordura es un corset de seda,
no hay un pie si no hay un territorio.
sábado, 15 de diciembre de 2012
Tu nombre IV
Un incierto porvenir es todo cuanto poseo,
poco queda para ofrecer:
el recuerdo de las veces y el camino
y esta sensación de no saber
si naranja o si manzana o si las tres.
Llega el verano, madurando tantas cosas,
la certeza de que algunas no serán
y nadie ni nada podrá evitar que pase,
la calesita completa un giro más
desde alguna distancia todo son vueltas en redondo.
No sé donde estoy, no puedo contestar preguntas,
sólo decir tu nombre
solo hasta que escuches.
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