sábado, 12 de octubre de 2013

Luci in the Sci with monos

Junté el resto de mis venenos,
me lo inyecté en la sien
y salí de paseo,
una sucesión de obstáculos
desenfocados
o con mala puntería
pasa cerca
sin arañarme,
no hay nada detrás de la línea de prohibido que me importe,
sigo caminando
pasándole revista a los restos del incendio,
inmune a todo mal,
no hay nada que más se celebre que el amor
o el amor propio,
el de nosotros y para nosotros mismos,
el águila usa anteojos,
vuelvo sobre mis pasos
para recordar la otra verdad inolvidable,
desvanecida
en alguna espiral incandescente.

jueves, 3 de octubre de 2013

No estoy loco

Soy tan distraído que a veces me olvido de distraerme y aterrizo como el meteorito que extinguió los dinosaurios en un almizcle amniótico llamado realidad, que también es cautivante.

El presente real se me ofrece como un continuo que me llega del exterior a través de los sentidos, pero cuando estoy distraído o intraído o extraído o atraído (o cualquier otro traído menos el de los pelos por este plasma universal que insiste en congregarnos) abandono la pecera y por un rato no soy más “one of the two lost souls swimming in a fish bowl" de uno de los poemas favoritos de un favorito y soy cualquier otra cosa, como un gordo farsante que despunta sus vicios en la cama velando el sueño de sus hijos, o un actor o un escritor o un pintor o uno cualquier otro de los sayos a los que soy candidato.

Chalecos de fuerza debe haber de todos los talles, pero no por eso aceptaré usar uno. Tengo derecho a estar suelto y lo ejerzo, y además no estoy loco, sólo me hago con el válido propósito de usar a mi favor las prebendas que le hacen honor a ese elogio.

No estoy loco.
Ya me curé de eso.



martes, 17 de septiembre de 2013

Chiquilín te amo

Chiquilín te amo, leo agradecido.

Todos tuvimos un amor, que fue el más grande: ningún amor posterior puede ser menos que el que se ha perdido. Eso es lo que hace que nos consolemos creyendo con un poco más de derecho haber encontrado el amor de nuestra vida, inocente de todo nuestro pasado hasta que se demuestre lo contrario y deje de ser amor.

Cuantas veces nos escudamos; como cada vez que nos enamoramos encontramos que hay amores de talles más grandes.

Un amigo
de vez en cuando
decía
la vida
se nos entrega,
celebramos la fe
en la fe de erratas
cuando los sistemas cartesianos
restituyen el orden,
al final la lógica se impone
confirmando que somos una tautología,
verdaderos
en ambas tabas,
somos si y también,
vuelta y vuelta,
viceversa,
esferas,
cuerpos perfectos
de una única cara
rodeada de soles.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Ruleta rusa

Voy a ir a buscar una caja con poemas escritos solo por vicio, voy a agarrar el primero que no recuerde haber mostrado, y lo voy a copiar aquí a continuación:

Deje un par en el camino, porque no quiero hablar aquí de ciertas cosas.

Tomé un tercero, lo leí, me dije "este sí", y vi la fecha después.

Hace un año y un día, el 14/9 del año del fin del mundo, el 2012.




Y de pronto un espejismo
golpea en la puerta,
voces amigas que se leen,
palabras disociadas de su carne.

Entender la búsqueda

como un atajo falso,
entender que la flecha
deja una herida,
y la espera duele,
y la ausencia mata.

Así que ,,, al poema resucitado: ¡feliz aniversario!


PD:
Hice trampa en la ruleta rusa.
Rechacé las dos primeras balas.

viernes, 23 de agosto de 2013

CARA FELICIDAD

Todos los días, desde el alba
vivimos un día que está empezado
y yo no puedo prometerte nada
que dure después del próximo anochecer,
ese puñado de horas
son las que pienso
sin temor a equivocarme
que pueden ser tuyas,
por todo lo que me pasa cuando estoy contigo,
por todo lo que me ha pasado
desde que te conocí,
en cada una de esas veces
hubo un encuentro
y de cada una de esas veces
salí mejor.

No tengo manera de disimular esto,
no tengo manera de olvidar
una colección de casualidades en las que creo
como hechos y como colección
y de las que tengo una duda razonable
sobre su carácter de fortuitas:
si hay situaciones determinantes,
si una persona nos hace encontrar
adentro de nosotros una versión mejor de nosotros mismos
¡que tentación la de ponerle un nombre a todo esto!.

Le temo a algunas palabras
y no las pronuncio
pero las huelo, están ahí, cercanas,
hay algo en el aire,
hay un rumor como de piedras sacudidas en el lecho de un río caudaloso,
como a veces hay olor
a pasto humedecido por el rocío en el campo,
es algo así
como el olor a pan tostado en una cuadra de panadería,
hay una fuerte, fuerte convicción de amanecer en el ambiente.

martes, 6 de agosto de 2013

Que será de mí


Que será de mí
cuando de mí nada quede,
cuando se haga cierta la amenaza.

A veces sueño en cantar hasta morir
dejando algo que me testimonie
además de hijos y recuerdos,
del pasto pisado en ambos jardines
y del agua y el aire removidos.

Que será de mis libros,
de mis canciones favoritas,
que pasará con las letras que no dije,
con todos mis temores, que será de ellos
huérfanos de mí, que será de mi sombra
cuando mi alma la descarte
como a tantos huesos débiles
y a las tumbas visitadas y olvidadas luego
de aquellos que hoy me esperan del otro lado
para pasar revista a las consignas,
para saber si les creímos el ejemplo
o seguimos buscando el dado que dice siete,
el logaritmo de uno mismo,
ese número semilla del que descendió todo.

Que será de las puertas ajenas de mí,
de todo lo que no he conocido,
de mis ahorros y mi colección de proyectos,
de todo cuanto he pospuesto,
quien usará mis perfumes reservados,
quien se hará cargo de todos mis fracasos
(y peor aun, quien guardará consigo mis frustraciones),
quien leerá sobre mi ausencia estas palabras
cuando de mí sólo quede un pasado
hecho tierra y alimento de gusanos.

Pobre de aquel que repita mi discurso
sin darse cuenta de que le hablo a un espejo
en forma de papel, donde clavo una mirada
que emerge para lastimar mis ojos;
no hay una respuesta y no hay una pregunta,
ruido, ruido de sirenas y despertadores,
una alarma cuyo nombre es cuenta regresiva,
la vida es un camino de regreso hacia la noche,
al silencio de las nadas y los nadies
y mi voz es un acorde más, quizás con suerte
de ser algo que atesores
en el esfuerzo inútil
de no sentirte parte de la marcha fúnebre.

viernes, 2 de agosto de 2013

Estar

Estar de novio,
empiezo diciendo
como haciéndome el distraído
de lo que callo:
hablando
de viajes y países
se nos fue la noche.

Son los versos
que rescato
de nuestra orgía,
escribo
mirándote a los ojos
nadando entre tus voces
tibias
y redondas.

Después
de ser calvo
quiero ser pelirrojo
y seguir diciendo
las geometrías.

viernes, 19 de julio de 2013

Arthur Cravan

Otro ejemplo ilustrado de lo fortuito.

Desde que Arthur Cravan nació y murió hasta que yo supe de él pasó un siglo y varias generaciones, entre las que incluyo varias transcurridas sobre mí mismo.

No sé que hacían estos amigos míos en Lomas de Zamora esa mañana o esa tarde, antes de ser mis amigos. Apenas me llegó una película absurda y delirante que -de casualidad, cuando no- me llamó la atención. Un tipo pintón y un tipo pintoresco, y esos versos recitados que me causaron algo que me trajo hasta aquí, donde enhebro esto en la confianza de ser una cuenta más en una carrera de postas que hoy te alcanza.

haganme el favor de tirar a la basura toda esa dignidad,
vayan a correr por el campo,
atraviesen las planicies a galope tendido como un caballo,
salten la cuerda, y cuando tengan seis años de vuelta
ya no sabrán nada, y verán cosas extraordinarias



¡Hie! 

¿Qué alma disputará mi cuerpo?
Oigo la música:
¿me arrastrará?
Me gusta tanto el baile
y las locuras físicas
que siento con evidencia
que, de haber sido jovencita,
habría acabado mal.
Pero desde que estoy sumergido
en la lectura de esta revista ilustrada
juraría no haber visto en mi vida
fotografías tan maravillosas:
el océano perezoso meneando las chimeneas,
veo en el puerto, sobre el puente de los vapores,
entre mercancías imprecisas,
mezclarse los chóferes con los marineros;
cuerpos lisos como máquinas,
mil objetos de la China,
las modas y los inventos;
luego, dispuestos a atravesar la ciudad,
en la suavidad de los automóviles,
los poetas y los boxeadores.
¿Cuál es esta noche mi error?
¿Qué entre tanta tristeza
todo me parece bello?
El dinero que es real,
la paz, las vastas empresas,
los autobuses y las tumbas;
los campos, el deporte, las queridas,
hasta la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta.
Tomar todos los trenes y todos lo navíos,
fornicar con todas las mujeres y engullir todos los platos.
Mundano, químico, puta, borracho, músico, obrero, pintor, acróbata, actor;
viejo, niño, estafador, granuja, ángel y juerguista; millonario, burgués, cactus, jirafa o cuervo;
cobarde, héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino, cazador, industrial,
fauna y flora:
¡soy todas las cosas, todos lo hombres y todos los animales!
¿Qué hacer?
Probaré con el aire libre,
¡quizás ahí podría prescindir
de mi funesta pluralidad!
Y mientras la luna
más allá de los castaños,
 unce sus lebreles,
e, igual que un caleidoscopio
mis abstracciones
elaboran las variaciones
de los acordes
de mi cuerpo,
que mis dedos pegados
a la delicia de mis llaves
absorben frescos síncopes,
bajo mociones inmortales
mis tirantes vibran;
y, peatón ideal
del Palacio Real,
me embriago de candor
incluso con los malos olores.
Repleto de una mezcla
de elefante y de ángel,
lector mío, paseo bajo la luna
tu futura no fortuna,
armada con tanta álgebra
que, sin deseos sensuales,
entreveo, fumadero del beso
coño, mamada, agua, África y descanso fúnebre,
detrás de los estores ya tranquilos,
la calma de los burdeles.
Bálsamo, ¡oh mi razón!
Todo París es atroz y yo odio mi casa.
Los cafés ya están oscuros.
Sólo queda, ¡oh mis histerias!
Los claros establos
de los urinarios.
Ya no puedo seguir quedándome fuera.
Esta es tu cama; sé tonto y duerme.
Pero, último inquilino
que se rasca tristemente los pies,
y, aunque cayendo a medias,
si yo oyese sobre la tierra
retumbar las locomotoras,
¡cuán atentas podrían volverse mis almas!

martes, 16 de julio de 2013

Elecciones

Elecciones,
y aparecen todos
los vivos y los fantasmas
a llenarnos de promesas,
a volvernos a mentir
un pasado o un futuro
mejor o peor pero distinto,
votemos el cambio,
el cambio seguro,
el cambio que hace falta,
el cambio que viene,
el cambio de la hora,
el cambio del juego.

Algunos se instalan en locales
y otros pasean pancartas luminosas
por las avenidas principales
haciendo sonar la bocina,
lo que sea por un voto,
vale todo
hasta la hipocresía perfecta
de la mentira
conocida
y los rumores de rumores
de que nuestra vida depende
de un nuevo poder
o del equilibrio
siempre inestable
de lo que somos,
lo que decimos
y lo que hacemos.

viernes, 12 de julio de 2013

anónimo de mí

Después
de hacer lo que hicimos
jugar a no decirlo,
somos perfectos, pensé en algún momento,
generosos,
olvidados y abandonados,
recordaba versos al azar,
ratificaba
desde la evidencia plena,
hablamos de tantas cosas tan lindas,
nos llevamos sin darnos tiempo a dejarnos llevar,
mil frenesíes,
tan anónimos de nosotros
agricultores de poemas y memorias.

lunes, 8 de julio de 2013

Jack Kerouac

La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas

JK

viernes, 5 de julio de 2013

¿Cuánto dura el amor?

¿Cuánto dura el amor?

Cuanto debe durar el amor es una pregunta lícita aunque los puristas ensayen una mueca de desagrado ante la posibilidad de que no sea eterno. El amor es un estado de ánimo, es una luz que se proyecta desde nosotros mismos. Cada uno de nosotros es un farol en un desierto, en un mar de sombras, y si no vemos la oscuridad es sólo por ser lo que somos o por estar rodeados de los que estamos rodeados, o por ambas cosas en el que es casi -casi- el mejor de los casos. Hay un caso mejor que se nos niega con frecuencia que es el de sumar nuestras luces a las de otra persona, en una operación mucho más compleja que la adición matemática.

Un amor puede durar horas o una vida.
De las muchas maneras de medirlo, la duración es la más desacertada.

sábado, 22 de junio de 2013

En compañia


Despertar
con la ilusión de hallarte
al otro lado de mi cama,
saciar
 la sed de mi boca
en la tuya
y la sed de mi cuerpo
viceversa.

Comenzar
las primeras horas del futuro
habiendo amado en segunda persona,
después de hablarnos o no
procacidades y noctilucas
bajo la sombra de los sinónimos.


miércoles, 19 de junio de 2013

Gringo Viejo

Tres vertebras hilvanadas
forman la cerviz de un árbol,
una luz mortecina chorrea y se derrama
sobre el lomo galáctico de espinas
del paisaje de dinosaurio corteza
en la piel de un palo borracho,
el paraíso del fotógrafo inspirado
se guarda en la matriz de unas plantas,
una gruesa inquisición
de palos con espinas, medievales,
un cactus que es un falo
de seis aristas
y el racimo de saludos desde un tronco
de una cantera de personas verdes
en un metro cuadrado de multitud.

Un farol de hierro desdentado
pare y abandona resortes por ahí,
las macetas montan guardia
a la sombra del camino del exilio,
al flanco del poste dormitado
por la fanfarria del porro horizontal,
encerrado en pentagramas de colores,
hay un piano de bancos a cubierto
y una Mafalda de lunares
que me desafía al juego
de sembrar adivinanzas infinitas.

La foto del cartón de lotería
entre tanta coincidencia coincidida,
cara casualidad de personas,
el capitán al timón en su puente de su arca,
los actores impúdicos posando
o protegidos en japonés
detrás de una bandera,
gente sin filtro,
oportunistas de la existencia,
dueños perseguidos por valijas,
un par de padres en su día
y algún simulacro de impostor
sobreviviendo a su propia letra.

sábado, 8 de junio de 2013

La Vez Prima

Es bueno saberlo
porque así me lo llevo,
en todos los años que convivimos
nunca fuimos tan amigos
como recién esta noche,
¿como pudimos saber
toda una vida sin sabernos?
cuando fuimos niños al mismo tiempo
y en ese tiempo nos conocimos.

Cuando salto de mi corazón a mi cerebro,
cuando pienso,
cuando escucho lo que digo,
me complazco
como Onán
de mi propia voz,
me siento importante,
me siento poeta,
no puedo no pensar
en tu amiga la famosa,
una casualidad divina
(en la que no creo).

Yo sé que estoy ebrio
y algo más,
yo sé que no es mía esta palabra
o es más mía que de costumbre
y eso es casi lo mismo,
pienso en cuan impúdicamente me desvisto,
con cuanta impudicia
sería mejor dicho
según los libros,
una vez en calzoncillos
pienso en salir a la terraza
al mismo tiempo que pienso
si distinguirás la realidad de una metáfora.

Sentía urgencia de ser mi mismo
delante de ti,
de olvidarnos de antepasados comunes
para mirarnos a los ojos,
hoy juego con un corcho
en el alfeizar de mi ventana,
me siento como un dios
dictando ahora,
me cuesta comprender cuanto nos contamos,
me cuesta comprender a la razón.

Bajo la voz
para no levantar sospechas,
cierro la puerta,
levanto la tapa,
apunto al centro del corazón,
me dejo caer,
apunto al centro de mi vida,
asumo el error como una opción
pero no le temo a esa palabra,
me siento como si diera consejos,
no logro salir de mí mismo,
vacío una mochila sobre esta mesa
y no encuentro lo que busco
hasta que pienso en el lugar menos pensado,
el más insólito,
el que nadie diría,
escribo otra vez en primera persona
como cepillándome los dientes
con ganas de tener la boca limpia,
la vida dice cosas que yo digo metáforas,
sé que estoy escribiendo,
¿y qué si las dos cosas pasan al mismo tiempo?,
¿quién podrá decirnos qué no?,
¿si lo que nos dicen castigo resulta ser un premio?
aunque el escalón cruja bajo nuestros pies.

La opción es dormir
o pagar otra vuelta,
en el momento de apagar la luz
no puedo ni cerrar los ojos,
quizás un vaso de vino no hacía falta
-supimos después de tomarlo-
lo que hacía falta era este rato.

La maldición del escritor
es estar ausente en lo que escribe,
siempre en otro lugar,
siempre testigo
de mi mismo, de mi vida,
a veces temo no ser claro
y a veces estar más allá del silencio,
no puedo no pensar en tu cara mientras leas,
no puedo no pensar en tu amiga cuando opine
o cuando lea
o cuando ignore,
no puedo no pensar, el tema es ese,
lo imposible de pedir silencio
a uno mismo,
tenía tantas ideas hasta hoy,
tengo tantas ideas desde ahora,
esta necesidad de caminar,
de hablar en voz alta.

jueves, 6 de junio de 2013

Por ganar una discusión

Hechos reales.

Tren de Glew a Constitucion, 
5/6/13, 
9:10am

Por ganar una discusión, la gente es capaz de sostener mentiras. Esto lo sabemos todos, pero no todos coincidimos en el desvalor del método.

Por aprovechar una oferta de azúcar y harina, limitada a dos unidades por grupo familiar, una pareja deja de hablarse y pide cuentas separadas en la caja de un supermercado. Ante la evidente treta la cajera, celosa defensora de consignas ajenas, le llama la atención. Entrenada en el arte de la mentira, la mujer plantea una batería de opciones, poniéndole sin saber precio a su alma. Por la satisfacción de ahorrar un dinero que no precisa ahorrar, por el gusto de su triunfo miserable, negó al esposo, negó al hijo, negó todo, levantó la voz, pidió el libro de quejas, destrató a la empleada delante del supervisor, luego al supervisor, luego a la cadena de supermercados, y agotada la instancia, luego de consumar su proeza, se hizo confidente de testigos ocasionales e involuntarios, en los que buscó complicidad para enjuagar su apestosa conciencia.

Yo no tuve la suerte de estar ahí. Si hubiera estado, en uno de esos días en que me siento defensor de pobres y ausentes o con ganas de ser inoportuno, hubiera desenmascarado a esta persona que presume de astucia, en el preciso momento en que creía sorprender a la cajera argumentando ¿cómo sabe que somos pareja?. La hubiera expuesto: es su marido – se fue con su hijo – la espera en el auto – está presenciando el desenlace desde allí - ¡Señor, venga! – se olvida a su mujer. ¿Tanto necesita una familia con auto mal ganarse diez pesos?

Me tocó presenciar el relato público de la mentirosa a la persona que compartía con ella el asiento del tren. Primero me molestó el tono de voz, impúdicamente alto, luego la historia en sí, mas tarde la combinación de orgullo y alegría con que narraba su epopeya y por último (por ahora) la risa que le causaba a ella y a su oyente este acto que, estoy seguro, desnuda ante el espejo le daría vergüenza.

Antes que todo eso me molestó su descarada voluntad de no ceder el asiento, ni ella ni su oyente, cuando tenían frente a sí mismas a una mujer con un niño en brazos. Seguramente tendría una batería de justificaciones para no hacerlo, porque en ese oficio dio suficientes muestras de experiencia durante el relato de su compra, pero no llegamos a conocerla porque otra pasajera le entregó su asiento a la joven madre. ¿Qué nos habremos perdido?. Seguramente la recomendación de esperar el próximo tren aprovechando la condición de cabecera de la estación Glew, la conveniencia de viajar a otra hora, la ventaja de los métodos anticonceptivos o –ya la imagino capaz de eso también- la grosera admonición ¡volvé a Bolivia a ver si te dan el asiento!

Nos pasamos el viaje mirándonos de reojo o furtivamente. No sé si sospechó que escribía sobre ella, ni si se percató del momento en el que le robé una foto. Creo que no.

Llegando a Constitución, demoré mi descenso sólo por tenerla a tiro de pregunta. No quería terminar esta crónica sin dejar completamente expuesta la verdad. Venciendo algún prejuicio le toqué el hombro izquierdo y sostuvimos el siguiente diálogo.
- ¿En serio hiciste una queja en el supermercado?
- Si.
- ¿Pero era tu pareja?
- Si.

No tenía caso extender la situación. Los ateos son ateos, los creyentes creen, los escépticos dudan y sospechan. Poco podría agregar en esa conversación: ¿Comentarle que estaba escribiendo y sobre ella?. Temí desatar alguna fuerza maligna y terminar dando explicaciones ante alguna otra persona distinta de mis lectores, y temí más, mucho más, que el hecho de haber alimentado a un escritor engrandezca su absurdo orgullo.

martes, 4 de junio de 2013

Mi hermana mayor

Mi hermana mayor es un enigma, una vida compartida a la que no tuvimos acceso. La suerte o el destino o la voluntad de alguno de todos los dioses quiso que así fuera. Me lleva un poco más de cuatro años, le siguen mis otras dos hermanas mayores antes de mí y delante de mi casal de hermanos menores, que no fueron los peques en su infancia tan solo porque no existía esa palabra. Tengo en mi hermana mayor una sensación plena de injusticia. Tengo una curiosidad mayúscula por todas las cosas que hubieran sido diferentes si hubiera sido una persona capaz de hablar. Aun es, ella aun es: el azar quiso ganarle a la estadística, dándole una longevidad que no califico por su duración. La presencia de mi hermana Cecilia es de algún modo una ausencia. Siempre estuvo para no estar, para habitar en un mundo inaccesible, un sarcófago intelectual que no le permitió nada. Muchos otros padres se hubieran desanimado, los míos no, y entre todas las sucesiones infinitas de casualidades bajo las que existo, esta fue una. Nada menos que la vida de uno mismo dependió de una casualidad adversa. No quiero hablar de mí, quiero hablar de mi hermana, y de mi hermana es tan poco lo que puedo decir. Es mucho más lo que puedo no decir, de una persona que jamás dijo una palabra, y cuando digo una es literalmente una. Tenía –hasta la última vez que la vi- la capacidad de hacer algunos sonidos, y tengo el recuerdo lejano de haber escuchado alguna vez una canción gutural, y no sé pensándolo bien si tengo el recuerdo o el recuerdo de las ganas de tener ese recuerdo. Jamás supimos que escuchaba cuando oía. Percibía la onda sonora y no sabemos más. Aprendió muy pocas cosas hasta la última vez que la vi (un última vez del que tomo conciencia de su capacidad de convertirse en el última vez definitivo), hasta esa última vez la vi aprender un camino dentro de la casa que la llevaba de su dormitorio a su balcón, el balcón principal del living. Se le daba de comer en la boca. No recuerdo que se le diera agua (esto es una segura omisión de mi memoria). De las incontables tertulias familiares jamás participó. Cuantos novios no tuvo. Cuantas opiniones se llevó. Y cuantos abrazos, y cuantos besos, y cuantas caricias, y cuantos sobrinos, o cuantas revoluciones, o cuantas bombas. Tengo de momento una tristeza, y mi único consuelo hoy es un recuerdo, o una próxima visita, que hace tiempo medito, un hace tiempo a partir de hechos más o menos recientes en mi vida. Es una hermana que no tuve. Es un pariente. Un afecto infructuoso, unilateral, ciento por ciento unilateral. Tengo mucho miedo de llorar en público si alguna vez leo ante testigos este homenaje. Podria dejar de hablar acá, que me ha ganado la tristeza.

jueves, 30 de mayo de 2013

Una noche de marzo

En un cambio de táctica, comienzo a escribir -literalmente hablando- sobre un teclado, a una hora imprecisa de la noche, cuando creo que es aun temprano y en esa anomalía del orden diario, terminó todo lo demás que se hizo hoy y sólo me quedo yo con parte de mi elenco de fantasmas interiores y una hoja en blanco. No se aun quienes dijeron presente y quienes faltaron a la cita conmigo. A un par trate de perderlos de vista, por conocidos, por no querer escucharlos a esta hora.

Sin saber aun hacia donde poner proa -me refiero a este texto ahora, o mejor dicho me refería a este texto, o creí estar refiriéndome a este texto hasta pronunciar la palabra proa, momento en el que sentí la inmediata curiosidad enciclopédica de repensar la intención, y ver en cuantos otros significados podría traducir las primeras siete palabras de este segundo párrafo. Releo y confirmo.

Por alguna imprecisa también cantidad de causas, hace mucho tiempo que no enfrentaba esta situación en esta misma situación, me refiero al acto de escribir sobre la notebook en primera instancia, y a la voluntad expresa de prosear en vez de escribir poemas. Por algún motivo estoy muy cerca de los versos últimamente, por algún motivo estoy acostumbrado a hacerme dictados que luego desgrabo (en su gran mayoría, y no todos básicamente por falta de tiempo) o escribir en mi cuaderno de hojas lisas cuando intuyo que voy a expresar algo mejor, dentro de la calidad de buen aficionado de mis versos, o en una hoja cualquiera de papel cuando no tengo el cuaderno a mano o esa intuición. Es una invalorable ayuda poder releer lo que uno está diciendo antes de seguir diciendo, asegurándole al conjunto de lo expresado un hilo invisible pero firme y un cauce armonioso en sus meandros. Como ejemplo de lo que esta posibilidad permite, reconozco que en algún momento de este párrafo salí a recibir la ayuda de mi vecino a fin de solucionar un detalle menor de mi automóvil, tras lo cual di un par de vueltas a la manzana y ahora heme aquí re enhebrando mi voz.

Varias veces pensé en escribir hoy -recién ahora puedo- sobre otro tema, del que ni siquiera hablé aun. Presencié anoche un número de varieté, "incomunicados", donde la actriz desarrolla una conversación frustrada entre un hombre y una mujer, que se desean y precisan pero se desencuentran, entre conversaciones cortadas, teléfonos ocupados, teléfonos mudos; y va creciendo la urgencia recíproca y va al mismo tiempo haciéndose estadísticamente adverso el resultado, dos personas que quieren encontrarse y que no pueden.

Al terminar alguna de las secciones de la noche me encontré y saludé a la actriz, con quien coincidimos en la duda respecto del próximo intento, aquel que aun no se hizo y que, por esa misma condición, es de dudosa factura. Se hará, no se hará, repetirá, no repetirá. Lo que en un momento es deseo en otro momento se hace voluntad, y en otro momento se hace inercia, y vamos con el mensaje adonde ya nos dijeron que no vayamos, y mantenemos la duda sobre la autenticidad de la inercia y sobre el fin de la voluntad. ¿Porqué no olvidar y ya?. ¿Porque ese retorno al mostrador, a intentar lo que no intentamos además de reintentar lo ya intentado? ¿Nos estarán llevando la cuenta de las mejillas presentadas?

Los síntomas van y vienen. De algo no estoy curado. Hay un poema, quizás no sea tan perfecto.

jueves, 23 de mayo de 2013

Hada Madrina


Mi primera vez
en un escenario,
la de ella fue un tren,
unidos en un mismo color
cuyo nombre es un pasaje lejano
a una infancia maravillosa
a la que vuelvo cada tanto
y en la que aun habito
cuando olvido mi edad.

Donde algunos miden
el tamaño del gesto
yo peso el efecto,
en varias bisagras de mi vida
encuentro su notable coincidencia,
testigo, fiscal, juez y defensor,
la misma cara en los cuatro retratos,
ideas, sociedades,
nuestra pequeña logia privada,
ese lugar en que nos encontramos
del otro lado del otro lado.

La tercera pata de la mesa
apunta al norte,
al centro del futuro,
hacia el polo positivo de la tierra,
la apuesta es la máxima
permitida
por la irresponsable certeza
de que no existe lo que no conozco,
demasiada seguridad
para la punta de una aguja.
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