martes, 10 de abril de 2012

Escalones

Así como toda flor se enmustia y toda juventud cede a la edad,
así también florecen sucesivos los peldaños de la vida;
a su tiempo flora toda sabiduría, toda virtud,
mas no les es dado durar eternamente.
Es menester que el corazón, a cada llamamiento,
esté pronto al adiós y a comenzar de nuevo,
esté dispuesto a darse, animoso y sin duelos,
a nuevas y distintas ataduras.
En el fondo de cada comienzo hay un hechizo
que nos protege y nos ayuda a vivir.

Debemos ir serenos y alegres por la Tierra,
atravesar espacio tras espacio
sin aferrarnos a ninguno, cual si fuera una patria;
el espíritu universal no quiere encadenarnos:
quiere que nos elevemos, que nos ensanchemos
escalón tras escalón. Apenas hemos ganado intimidad
en un morada y en un ambiente, ya todo empieza a languidecer:
sólo quien está pronto a partir y peregrinar
podrá eludir la parálisis que causa la costumbre.

Aun la hora de la muerte acaso nos coloque
frente a nuevos espacios que debamos andar:
las llamadas de la vida no acabarán jamás para nosotros...
¡Ea, pues, corazón arriba! ¡Despídete estás curado!

Herman Hesse

lunes, 9 de abril de 2012

¿entendido?

No creo que entiendas lo que quiero decir hoy. Por mi parte, no está claro ni siquiera por que me siento frente al teclado a escribir. No tengo un tema, no tengo una frase, no tengo nada que justifique que alguien se detenga frente a esto que digo hoy.

Tan solo escribir, escribir. Tengo mil cosas que hacer, de las que no deseo hacer ninguna, y la que si siento que deseo hacer ahora ... languidece por falta de una idea que la alimente, y la otra que siento que deseo hacer, debe esperar aun, un poco más. Como quien sale a caminar sin saber ni donde ni para que, sin ni siquiera la expectativa de que el camino le presente en algún lado la justificación del acto, así me senté a escribir, confiando en que el avance de las letras se mantenga, pero sin mayor confianza en que aparezca la idea cuya ausencia -lamento desilusionar a los optimistas- aun no aparece. Escribo porque si. Podría dormir una siesta, pero tampoco tengo ganas de hacerlo, aun cuando cierta pereza parece indicarme que quedarme dormido en un sillón es una empresa completamente factible.

Quiero hacer algo de lo que tenga ganas. Vengo -me levanté un minuto y se ve que la circulación sanguínea algo aporta- de poner a calentar agua para el mate en la pava eléctrica, con regulador de temperatura. En el camino pensaba que podría dejar de escribir y ponerme a terminar un espejo, una pequeña artesanía, a la que solo le falta el último paso, pero eso supondría dejar de escribir, que es algo que me gusta hacer y que ya estaba haciendo. Esperará el espejo otra oportunidad, ya que en esa ida y vuelta hasta la pava apareció el tema.

Un gran hallazgo la pava. Tiene una perilla que permite indicar el punto de corte, para que el agua quede a la temperatura que tiene que quedar. Inicialmente le apuntamos al final de la letra E de la palabra MATE, y a medida que va acumulando sarro en el fondo metálico le damos un poco más al termostato, porque si no deja el agua un poco más fría de lo que me gusta. Cada tanto la limpiamos con vinagre, para quitar el sarro que se adhiere en un proceso gradual y continuo, una suciedad que se acumula sin que nos demos cuenta como, y al final degrada las cosas. Surgió de un regalo, luego de una seguidilla de veces en que el agua se reiteraba en el hervor cuando la olvidaba -proceso que en casa se menciona como "hacer una nube"-, y mis lamentos al aire al respecto inspiraron la elección, porque para hacer té o café el agua debe hervir, y si me la olvido tan solo agrego un poco, pero con el mate, si te pasas, tenés que andar agregando agua fría o cambiándola.

Justo hace un rato encontraba y compartía en Facebook (tengo muchos costados, también el cholulo) un texto de Neruda, que para quien lo conozca le alcanzara con esto "Muere lentamente quien ... no arriesga lo cierto por lo incierto, ..." y para quien no lo conozca la foto al pie o Google, y en ese ir y sencillamente poner la pava con la certeza de que el agua estará como me gusta.


Cuidado con la costumbre, que suaviza los matices, disimula las aristas, esconde los pliegues. Nos vamos repitiendo en los mismos caminos, a fuerza de reiterarlos nos hacemos familiares de los errores, regresamos y regresamos a donde ya estuvimos, asidos a un recuerdo de lo que fue, para volver a ver lo que ya cambió y no está más, para terminar lo que quedo inconcluso, sujetos a una obligación de completar, como si la condición natural del vaso sea estar lleno.

Bienvenida la incertidumbre.
Bienvenido lo desconocido.
Bienvenido el riesgo.
Bienvenida la vida.

Es curioso, como la vida va sembrando y plantando en cada uno, dejando semillas y rastros sobre nosotros, sin saber como ni para que. Recuerdo ahora un poema de Herman Hesse, con el que un ex-compañero de trabajo se despidió cuando dejó la empresa, que viene al caso y publicaré otro día, demasiado hermoso para perderlo al final de este post.

sábado, 7 de abril de 2012

Problema y Caos

Podría decir que cada tanto me asalta una idea, lo cual sería bastante cierto, aun cuando la imprecisa expresión "cada tanto" esconde que las ideas, -mis ideas, que son todo lo que soy- me tienen a su merced, y se suceden, incansables, una tras otra, desde que me despierto hasta que me duermo, y no siempre menos oníricas que las que se asoman en mis sueños cuando la razón descansa. No dejo de pensar, no en el sentido del pensamiento analítico, no en el sentido de la razón aplicada, sino pensar dicho como metáfora de la sucesión de ideas y palabras, de imágenes, a veces geométricas, muchas veces lógicas, y muchas veces absurdas, que se me presentan en una secuencia que no puedo prever ni gobernar. Podría decir que en mi reina la anarquía, pero la anarquía no reina, y aunque yo no lo deduzca hay un orden, y el orden supone reglas, y las reglas, nos gusten o no, asi como elevan al azar a la categoría de ciencia -la estadística-, del mismo modo convierten a la anarquía en una disciplina apta para la aproximación metodológica, metódica y lógica, el caos,

Bienvenido sea el caos. Entre tantas cosas, se me apareció un verso hoy, que atribui a la Madre Teresa de Calcuta, con el que mis neuronas se alinearon para darle vida a este post. Gracias a Internet, esta version moderna de Alejandría, esta materialización de la biblioteca de Babel soñada por Borges, y a Google, que no sería otro que el bibliotecario, pude rescatar el poema en un instante:

LA VIDA ES UNA OPORTUNIDAD, aprovéchala
LA VIDA ES BELLEZA, admírala.
LA VIDA ES BIENAVENTURANZA, saboréala.
LA VIDA ES UN SUEÑO, hazlo realidad.
LA VIDA ES UN DESAFIO, enfréntalo.
LA VIDA ES UN DEBER, cúmplelo.
LA VIDA ES UN JUEGO, juégalo.
LA VIDA ES UN TESORO, cuídalo.
LA VIDA ES UNA RIQUEZA, consérvala.
LA VIDA ES AMOR, gózalo.
LA VIDA ES UN MISTERIO, descúbrelo.
LA VIDA ES UNA PROMESA, realízala.
LA VIDA ES TRISTEZA, supérala.
LA VIDA ES UN HIMNO, cántalo
LA VIDA ES UNA LUCHA, acéptala.
LA VIDA ES UNA AVENTURA, arriésgate.
LA VIDA ES FELICIDAD, merécela.
LA VIDA ES VIDA, defiéndela.

Mi memoria no es buena. Recordaba un poema más breve. En teoría de conjuntos, aprendí el concepto de definición por extensión y por comprensión, y la diferencia entre detallar y definir. La definición es implícita, incluye todos los resultados posibles, en tanto que el detalle, por ser expuesto, deja a la vista lo que está y lo que no. A veces elijo un camino, a veces otro, según lo que quiera decir. Hay que tener cuidado, porque la misma palabra puede representar algo distinto para quien la pronuncia y quien la escucha. El gran riesgo de la definicion por comprension, mi preferida, es que quien escribe la fórmula y quien la interpreta deben estar en sintonía, para disminuir el riesgo de deformación de la idea. La función de los ejemplos es ayudar al receptor a decodificar correctamente la intención.

Releyendo el poema, encuentro dos versos que faltan, o que yo hubiera incluído, y que quizás puedan ser la definición por comprensión o parte de la definición por comprensión de las palabras de la santa, y sus versos, ejemplos de lo que se debe deducir de lo que digo aquí:

LA VIDA ES UN PROBLEMA, resuélvelo.
LA VIDA ES UN CAOS, entrégate.

Siempre y cuando el poema citado no sea una definición por comprensión, en cuyo caso lo mío puede ser considerado un par de ejemplos de dudosa necesidad, o algo muy parecido a la insolencia, o las dos cosas al tiempo.

jueves, 5 de abril de 2012

Años atras,


tomar tu mano, robarte un beso,
sin forzar un momento


Es peligroso el juego, por eso hay que jugarlo. Quizás tampoco sea un juego. Se reiteran los días y los momentos, se reiteran las posibilidades, y ahí estoy, predispuesto, bien dispuesto, haciendo mi papel. Como sin saber porque, fingiendo que las casualidades existen, como si fuera lo mismo que si y que no, sobrevuelo como el águila, silencioso, tratando de que mis ojos encuentren lo que buscan. No sé quién es el cazador y quien la presa, quien atrae y quien se acerca. No sé si soy Ícaro en busca del sol, o la llama que atrae a la polilla, o soy tanto lo uno como lo otro.

Tal vez haya un gran titiritero manejando todo, y soy solo una marioneta, un torpe muñeco de madera deseando ser carne con alma. De a ratos me distraigo pensando así, pero en general no es tanto lo que lo creo como lo que lo repito. Hago. Acometo la acción aunque me cuesta hacerme cargo de la consecuencia de mi acto, y disocio la voz que me devuelve el eco del grito que profiero, como si no supiera de donde viene, como si la luz que irradio y se refleja cerca mi de mi no naciera de mi mismo.

Vuela en el aire algo difícil de bajar a palabras. ¿Con que voz nombro lo que no entiendo?, con que combinación de letras y silabas, con que oración podrè dejar por escrito lo que pienso, si ni siquiera lo abarco. Un esfuerzo casi inútil, tratar de condensar en un par de párrafos algo que al leerlo me recuerde lo que quise decir, y confiar en que quien encuentre el mensaje lo reciba, lo interprete, y en ese proceso de decodificar perciba la intención con que lo lancè.


jueves, 29 de marzo de 2012

Fidel Castro

Estas viejo, Fidel.

Vi la foto de Fidel Castro hoy, tapa de los diarios. Mal que le pese a la CIA, aun esta vivo, salvo que querramos creer en que la conspiracion mundial para negar su muerte cuenta con no solo con el testimonio de Hugo Chavez, que ya sabemos que miente, sino con el de Benedicto XVI, que como todos sabemos, no solo no miente, sino que ademas es infalible en cuestiones de la fe.

Dos ancianos. 85 y 86 años de edad, no se cuantos cada uno. Con esa impunidad que da saber que queda poco resto, y cierta chochera a la vista, la desatinada e importuna pregunta de Fidel: ¿que hace un Papa?, como si la pregunta hiciera falta, como si no estuviera claro y fuera de discusion que es lo que hace y lo necesario que es lo que hace. ¿O alguien tiene dudas?. Ojo, que viene la inquisicion y los excomulga, o en su defecto viene inmigracion y los deporta, o viene el cuco y los asusta, o el hombre de la bolsa y se los lleva.

Hasta ahi fue la primera reaccion. Despues, segui pensando, que cosa la edad, como cuando la Chiqui-Mirta Legrand-la señora de los almuerzos le pregunto a la ex-amigovia o ex-follamiga relativamente joven de un multimillonario si el costosisimo anillo regalado por el señor al que acompaño y que lucia con orgullo "lo habia ganado con dignidad". Hay preguntas que no se deben hacer, porque el preguntado no las puede responder, y no es cuestion de incomodarlo.

Segun el diario La Nacion, que tampoco miente, el vocero vaticano dio la siguiente version:"El Santo Padre le explicó que está al servicio de los pueblos que visita en los diversos viajes y al servicio de la Iglesia Universal".


Claro, ahora me cierra todo. Benedicto esta al servicio de la Iglesia Universal, sobre la cual ya hable y seguire hablando, un multimedios, un conglomerado de empresas con origen en Brasil (¿querran ser la iglesia mais grande do mundo quizas?), propiedad de un multimillonario que ya paró de sufrir, que ha reconvertido todos los cines de barrio en cenaculos, que tiene una liturgia rotativa como los juguetes de la cajita feliz de Mc Donalds, que de todas las partes de la biblia rescata especialmente la del diezmo, un shopping de la fe, con soluciones para todos los gustos.

Esta es la "Iglesia Universal del Reino de Dios" al servicio de la cual nos acaba de sincerar el vaticano se encuentra el Papa, y entonces uno entiende todo, el pasado filo nazi, la proteccion a los abusadores sexuales, la condena al condón y su consecuencia, el destierro de los portadores de HIV al leprosario o al reino de la castidad, el estigma sobre los divorciados, la reinvindicacion del lavarropas como el mayor aporte de la historia a la liberacion femenina, y otras opiniones asi de explicitas sobre el amor a dios por sobre todas las cosas y al projimo como a si mismo.

Me corrijo, Fidel, no estas viejo, estas grande.

martes, 20 de marzo de 2012

Las flechas

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.


Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.


Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.


La de la vida,

Allá, en algún momento del invierno de 1963, me convertí en flecha. Desde un casal que parecía una fuente inagotable, salieron millones de saetas –me gusta la palabra- entre las que estuve yo. No sé si fui la mejor o la más fuerte o la más hábil o la más rápida o la más longeva, pero ahí estaba yo atravesando el aire, en un vuelo que supo ser triunfal, inconscientemente confiado a la suerte de encontrar la hendija por donde vencer al escudo y tomar la fortaleza. Quiso el azar o el destino vestirme de peón coronado y regalarme el mundo, incluyendo una fugaz estadía en el paraíso, bajo la luz de un ombligo que hacía de sol.

La del amor,

Más adelante, comenzó un ejercicio que presagiaba la metamorfosis, aunque no fue tampoco en ese momento que entendí el peligro permanente en el que vivo. En aquel tiempo, en la era de Cupido, creía en la ilusión de que el cambio de forma era decisión mía, y respondiendo a un mandato que excede en mucho la combinación de instintos y necesidades con el que la zoología lo confunde, me hice blanco y cerré los ojos y abrí mis brazos cuanto pude, ofreciendo mi corazón vulnerable, y me hice flecha y tensé la cuerda del arco una y mil veces hasta lograr hacer centro, y jugué a ese juego de roles por el cual todos somos causa y casualidad hasta que la intuición de Dios se hace manifiesta en forma de amor reciproco.

La de la muerte,

Nacemos, vemos nacer a otros, nos casamos, tenemos hijos nosotros y nuestros hermanos y nuestros amigos y todo marcha bien. Cada tanto suena por ahí un ¿supiste lo de …? pero son cosas que nos llegan de lejos, y nos distraemos en la alegría de atender y compartir con los vivos, hasta que un día aparece una segunda generación por debajo, y alguien sale a festejar voceando “voy a ser abuelo” y claro si ya tiene cuantos años, o como si es tan joven, y en un momento como ese alzamos la vista, y vemos que San Pedro ha seguido trabajando, y hacia arriba tenemos una generación menos que hacia abajo, y ya no tenemos abuelos y tíos abuelos, y se va diezmando la fila de nuestros padres, y vamos entendiendo que, queramos o no, siguen lloviendo las flechas, y en cualquier momento nos toca a nosotros poner cara de valientes y jugar a ser soldados de infantería -si tenemos suerte en la primera fila-, cumpliendo nuestra función de blancos descartables para proteger a los de atrás, porque llegamos después de nuestros padres y debemos irnos antes de nuestros hijos.

Noche

Crepúsculos del descanso,
prólogo y epílogo,
donde la razón y la voluntad se callan,
y el músculo desobedece la inercia y la cordura.

Son esas horas,
entre sueños fugaces,
donde tu amor aun es posible.

Este es el momento,
en que mi voz se hace verso sobre ti,
y tu cuerpo se hace mar y se hace orilla,
y mis manos son jinetes en tus médanos,
y el pulpo y la medusa se cortejan,
y las olas impacientes y erráticas
se reiteran haciéndose espuma en tu arena,
indiferentes a lo que diga el universo
y atentas al capricho de la marea.

jueves, 15 de marzo de 2012

La cordura

Quise hablar de esto antes de que me olvide lo que quería decir -el proceso de evaporación de ideas es incesante e inclemente- y lo que degustaba anoche leyendo a Cortázar, más o menos digerido, vuelve en este regurgitar, que intento sentado en la mesa del comedor, acompañado de mis hijos menores que se han levantado hace un rato, con la inercia del horario del colegio al cual hoy no asisten por que el incansable San Pedro decidió apuntarle al corazón de Edith, la portera.

Mientras ellos dibujan o afilan lápices o alimentan al gato del que me tienta enviudar porque está calmando sus ansias infantiles lastimando con sus uñas algunos sillones maltrechos pero sin recambio a la vista, tomo un mate cada tanto, con cierto temor de que la vorágine del día me arranque de la silla antes de llegar a desagotar las ideas y palabras que merodean por ahí, sabiendo ellas que no hay lugar para todas en lo que dejo por escrito y entonces se arremolinan diciendo yo yo yo como -y es real la metáfora- la vida se les fuera en salir en esta foto.

Leí un rato largo anoche, especialmente atraído por el tema del capítulo en cuestión, donde Don Julio -ya casi me siento un conocido- habla de la cordura, de los locos, los piantados y los idos. Hace una disección del término, cuenta un par de anécdotas, plantea una distinción entre locos y piantados, y una crítica a los cuerdos con la que con perdón de la rima, concuerdo.

La cordura. Que virtud nefasta. Imaginemos un mundo poblado de gente cuerda. Todo en orden, todo a tiempo, todo como es debido. Ni muy frio ni muy caliente, justo de sal. Donde todo parezca predecible. El paraíso de la rutina. Plan, ejecución, resultado. En un mundo de cuerdos, Cristóbal Colón no hubiera venido a América. Las pirámides y la esfinge y el partenón y la acrópolis no hubieran sido construidas. Y de ahí para acá, anda y seguí tachando, que de la historia universal solo nos quedarían las grandes obras de los cuerdos: las guerras.

El arte en general, o la expresión creativa, para hacerlo más general y menos estricto, no son de los cuerdos. Los cuerdos pueden ver y mirar y oír y escuchar y leer y apreciar sinceramente, pero hace falta una pizca de locura al menos para hacer algo innecesario, o mejor dicho, convertir en necesario para el creador materializar y hacer existente algo que, de no haber, no sería echado de menos por nadie más que por él.

Aquí estoy yo, parte de este ecosistema virtual. Tómenlo como un elogio, el solo hecho de que estén por aquí, viendo y tratando de entender que bicho me pico hoy, los devalúa en "el cuerdómetro", y si de casualidad comparten la afición por escribir el autoelogio los abarca: la devaluación está descontada, como tituló Clarín citando a Duhalde, haciéndose el inocente que no sabe que se beneficiará en forma dramática de ese hecho.

Me resisto a creer que la vida sea nacer, crecer, reproducirse y morir. También me resisto a creer que la vida sea nacer, estudiar, trabajar, acumular, jubilarse, gastar y morir. Este mísero argumento me aterra. Por favor, necesito algo más que la combinación de esas dos listas de verbos.

No soy el primero en pensar así, ni el último. Milito en La Resistencia, por definición. Sea cual sea la corriente, la moda, la tendencia, tan pronto la detecto me resisto, solo por resistir. Quizás este siguiendo, sin saberlo, la moda de resistir, pero en este caso mas que un seguidor o un adherente soy un partícipe.

Hace miles y miles de años, ya existían el vino y la cerveza. Es indudable la necesidad del género humano de "descuerdarse", porque es demasiada casualidad que todas las etnias, desparramadas e inconexas en el globo terráqueo, coincidan en el hallazgo de fermentar vegetales para obtener alcohol y en la costumbre de celebrar fiestas y –usando una expresión de los cuerdos- cometer excesos.

Me viene a la cabeza Tiempos Modernos, de Chaplin. ¿Cine infantil?. Hay una escena ¿graciosa? en la que se ve a un grupo de gente que pugna afanosa por entrar (me permito distraerme comparando esa imagen con lo que decía sobre las ideas y las palabras y este texto y vuelvo) decía gente que se esfuerza por entrar en la boca del subterráneo para llegar a tiempo a un empleo y en un instante se convierten en ovejas y JA, JA, JA, ahora esta era la imagen graciosa, y aquí tenemos la vida de los cuerdos, o mejor dicho, la vida que los cuerdos que gobiernan nos proponen, y entonces que alguien ayer a la tarde haya decidido dejarse caer debajo de un tren en la estación Ángel Gallardo no es tan incomprensible, y me da mucha más lastima que la suerte de esta señora escuchar a un montón de gente cuerda renegar de la inoportunidad de los débiles, preguntando a qué hora se normaliza el servicio y refunfuñando porque ahora no saben cómo llegar a destino.

Tenía en algún tiempo un amigo de la calle, de quien aprendí la frase “Los niños y los locos son los únicos que dicen la verdad, por eso a los locos se los encierra y a los niños se los educa”. La repetía con cualquier pretexto, en esa época en que valorábamos la locura y la creatividad pero creíamos necesarios los atajos. Yo creo hoy que la locura infantil es la condición natural del género humano, el resto es lastre, y comienzo a sospechar o darme cuenta del porque de la especial conexión de los abuelos con los nietos, esa capacidad de postergar la cordura y sus urgencias y entregarse a los juegos y los dislates, y si nos lleva una vida descartar todo lo que nos explicaron y pusieron en la mochila los catequistas y los maestros y los jefes y los gurúes, que bueno es darse cuenta a tiempo, o por lo menos, antes de haberlo perdido del todo.

No creo que mis palabras tengan tanta repercusión como la frase que cité. Me gusta repetir y decirme a mí mismo también “El problema no es estar loco, el problema es que no te encierren”. Acuñé la expresión en honor a no-importa-quien y la difundo convencido, mientras miro por la ventana a “el terror del parrillero”, que no es otro que el garófalo, un animal con cuerpo de ballena y cinco millones de alas del tamaño de las de las abejas, que merodea las parrillas y con su cola que termina en punta roba carne cuando el asador se distrae, fábula que inicialmente creé para mi hijo varón y finalmente construí, porque si el movimiento se demuestra andando, la locura debe demostrarse de algún modo también.


Bueno, creo que lo logré. No sé cuál de las ideas previas quedó en el tintero, y alguna que otra se coló por ahí. Casi dos horas después terminó de hacer lo que quería, escribir, no me animo a decir escribir lo que quería por razones obvias que por las dudas aclaro: no recuerdo que quería escribir. Dos horas menos buscando un nuevo empleo (si me dicen irresponsable agradeceré el elogio), dos horas permitiendo que los peques hagan y deshagan sobre la mesa que compartimos que por suerte es grande, donde quedaron -corro la tapa de la notebook para empezar a dar la lista y me saluda el desánimo- aparte del mate y el termo, marcadores, plasticola, cinta scotch, dos tijeras, una caja de zapatos que guarda lápices, un tubo de papas Lays que guardará nuevamente los marcadores cuando los levante de la misma mesa y algún otro lugar de la casa, un pote con plastilinas, un juego de imanes mío con el que juegan ellos (hay alguna menos de las 216 esferas imantadas iniciales), un aparatito para perforar hojas con forma de pisada de perro, un cuaderno de uso múltiple, la caja de una película, el trapito que usa Mía para dormir, una tempera vacía, la caja de otra película que están viendo ahora, servilletas de papel, la lista de compras para el supermercado y una birome, otra tijera más, un par de libros de pintar (que ya no sé si los había nombrado) y creo que basta ya, si falta algo fue sin intención.

martes, 13 de marzo de 2012

10:34

10:38
Acabo de borrar lo poco que habia escrito.

Vuelvo a empezar.
Paso por acá para decirte que ¡Te amo!.

Lo demás,
que no me sale como quiero,
son palabras que sirven solo para decorar.

Te amo,
y no me importa mas nada,
y no quiero otra cosa mas que amarte.

Vendrán tiempos mejores,
saldrá de nuevo el sol,
y el dolor se hará ausencia,
y se volverá orgullo,
y los recuerdos alegres
anestesiaran las astillas,

y la vida,
la que sigue,
la que empieza hoy, ahora,
esa deberá ser mejor,
tiene todo lo que hace falta para eso,
incluyendo las dolorosas lecciones,
y estarè contigo para ayudarte,
y sacarle provecho.

Anoche,
con los peques en la cama,
escuchando sus chistes,
anoche fui feliz,
y vi la alegria en tu cara,
y fui mas feliz aun,
y me dolio tu dolor despues,
pero me hizo feliz,
sentirme necesario en tu vida,
haber estado a tu lado,
cuando precisaste consuelo.

Te amo,
estoy contigo,
nunca lo olvides.

lunes, 12 de marzo de 2012

Empezar

Empezar, y empezar,
y volver a empezar,
sin haber terminado aun,
dejo los intentos por la mitad,
tengo una idea aun mejor,
y la otra no avanzaba,
y quizas esta si, esta sea,
o tal vez no,
tal vez la proxima,
o esa otra que deje hace un tiempo,
hoy me parece mejor,
o el recuerdo era mejor,
por que no la encuentro,
traspapelada tras otras,
aparecerá algún dia.

De todos los rostros del amor,
de todas las maneras de entenderlo,
de decirlo y demostrarlo,
no encuentro un camino en las palabras.

Probaré los gestos,
en silencio,
acompañar tus horas,
atender tus necesidades,
espantar tus temores.

No hay caso,
las palabras no estan de mi lado hoy,
queria decirte lo que ya sabes,
de una manera mejor que la anterior,
pero no,
asi que solo dejaré un,
muy poco original,

¡Te amo!

Y ya volverá la poesía.

Me duele

Me duele
la paz de las encías,
memoriosas del arco iris.

Me duele
la garganta silenciosa,
agonizando seca de sangre.

Me duele,
la almohada cómplice,
de promesas y urgencias rotas.

Me duele,
que el amor sea una idea,
bañada en lágrimas de miel amarga.

viernes, 9 de marzo de 2012

No hay

No hay un lugar que no quiera ver contigo,
no hay una noche en que estés de más,
no hay un día en que no te precise,
ni hay un momento en que no te piense.

Conozco todos tus lugares,
y los repito,
y perdi un poco la capacidad,
de inventar una rutina.

Me gusta,
todo,
de vos.

martes, 6 de marzo de 2012

Febrero terminó

Febrero terminó.

Ningún día de la vida está de más, pero hay algunos de los que la justificación aparece escondida, encerrada bajo siete llaves. No sé, de ningún modo, cuantas son las noches que me tocaron en el reparto, pero cuando suena la retreta y me rindo ante la almohada, un fantasma personal pasa revista, y me mueve a preguntarme, a veces cómplice pero en general molestamente inquisidor, que obtuve a cambio de las veinticuatro horas que me debitaron del saldo.

No estoy del todo satisfecho con los últimos resultados. Tuvimos un mes bisiesto este año, pero aun escapa a mi entendimiento si el vigésimo noveno fue un día de yapa o un adicional imprevisto en la factura. En el esfuerzo del recuento no sé si la memoria no quiere ayudarme, o se contagio de la tarde oscura que sucedió a la tormenta de verano al mediodía, pero miro hacia atrás y veo lo que dejó el mes como lejanos restos fósiles en un televisor viejo, con lluvia y fantasmas, donde lo que no es gris es negro.

Un tipo de Tauro -no creo en estas cosas, pero tampoco reviento- amante de lo sólido y lo concreto, palabras puestas aquí como metáfora de obra y creación. Me gusta hacer, y tengo mala memoria, entonces hago listas de las cosas que me digo y me miento que tengo que hacer, porque al elegir el verbo tener le estoy dando un tinte de obligatoriedad que no es necesariamente cierto. Podría haber elegido decir quiero, o deseo, o preciso, o algún otro que en este momento no aparece, y ninguno sería exacto, creo que no hay un término tan versátil. ¿Que tiene que ver sacar unas sosas tradescantias verde liso que crecen e invaden y albergan mosquitos y ya me aburrieron con hacer la denuncia de venta de un auto que el comprador no transfiere o plastificar los pisos de los dormitorios de la planta baja o ... en total conté 80 "diligencias" pendientes si se me permite la palabra como expresión abarcadora del conjunto, en las que no incluyo la lista de detalles a reparar en mi fiel pero no confiable Renault 11 '87 ni tampoco algunos otros temas mayores que por ahora mantenemos en Say No More.

Me recuerdo a mi mismo haciendo listas poco menos que desde que vivo en esta casa, con la que a pesar de decirme su dueño tengo pendiente una discusión sobre quien le pertenece a quien, ya que a veces siento que ella tiene una vida independiente y la mía le pertenece. Allá por el lejano siglo XX, las listas eran en papel, lista tras lista, y como manda la ecuación, se traspapelaban. Cada tanto las rehacía, cada tanto encontraba alguna anterior y hacía el curioso ejercicio de ver como algunas cosas reencarnaron de lista en lista, con o sin mutaciones, otras se cumplieron, muchas, pero muchas, perdieron su oportunidad y cayeron en un olvido profundo, del que no las sacó ni siquiera el hallazgo de la hoja en el fondo de un cajón a la hora de mover un mueble. Hace no mucho tiempo, comencé a ponerle fecha a las listas, y a partir de entonces fue quedando más en evidencia la poca utilidad del método para la función: si hay algo que digamos que quiero hacer hace dos años y aun no lo hice, ... ¿de qué me sirve el recordatorio?.

Tema de discusión quizás, la costumbre de hacer listas para acordarme de las cosas pendientes. ¿Y si me olvido qué?. A la larga, si lo quería hacer y no lo hice, si lo tenía que hacer y no lo hice tampoco, debo dudar del deseo y de la obligación. ¿Realmente las quiero?. ¿Me estoy distrayendo detrás de ellas?. ¿Si no está en la lista, no es necesario?. ¿Es real que los deseos debo anotarlos para no olvidarlos?. Tomo esta costumbre de las listas sin tanto cuestionamiento. Me gusta hacer listas, y punto. Me gusta ver listas con cosas tachadas. A veces agrego en la lista cosas que estoy por hacer, y alguna vez agregué cosas ya hechas, solo por el gusto de tacharlas acto seguido, y ver que taché, y cuanto más taché más hice. Cuestión que pasó febrero, y me cuesta distinguir, entre las cosas tachadas, cuales taché cuando, pero taché pocas estas últimas semanas.

Hay millones de blogs. Hay millones de cosas para leer. Y para hacer. Y tan poco tiempo. Apenas tenemos una vida. Digamos que en este bingo virtual que es la blogósfera, estuvieron saliendo los números de mi cartón, durante un período en que estuve ausente o lejano. Sé que será difícil que recupere el atraso, mejor dicho imposible volver sobre las huellas de los pasos que haya dado cada una de las voces que escucho. No sé cuantas cosas me perdí. Entre cosas de relleno y otras quien sabe, seguro, pero seguro, que alguien habrá escrito algunos versos de esos que justifican la labor del buscador de pepitas de oro. Entre las ochenta diligencias, no incluí "leer los blogs que sigo". ¿Por qué será que me cuesta agarrar un blog y leerlo para atrás?. Salvo excepciones puntuales, nunca conoceré las palabras que me perdí, y si como decía antes soy las ideas y las voces que de algún modo sedimentaron en mi, bueno, seré distinto de lo que habría sido.

Me hace unos juegos de espejo la memoria, y de pronto me encuentro frente a mí mismo, cuestionándome esta sensación de no haber usado mi tiempo de un modo eficiente, de que me alcanzó para algunas cuantas cosas pero no para todas, y claro, queda claro que algunas cosas quedaron pospuestas por otras. Un relato imparcial dice que empezamos febrero despidiendo en Ezeiza a una hija adolescente afortunada, en el que hasta ahora fue el viaje más importante de su vida, busqué trabajo, planifiqué vacaciones, despedí a un ser querido hacia el otro viaje, nos fuimos de vacaciones –por los peques-, volvimos, volvió mi hija, nos aprontamos para el inicio de clases (primer grado y sala de tres), y entre todo eso, que no es poco, la noticia devastadora y el dolor de mi amada y los deseos y las urgencias a la mierda, que hay lágrimas cayendo y no puedo, de ningún modo, ausentarme de ella, y todo lo que parecía importante y todo lo que parecía urgente y todo lo que parecía necesario cobra una dimensión tan estúpidamente pequeña.

Me cuestiono más que nunca la costumbre. Erijo yo mismo la tarima a la cual subo la lista para que me mire como una margarita acusadora diciendo me tacha, no me tacha, me tacha, no me tacha, como si la vida se me fuera en hacer esto o lo otro, y me respondo sacando de contexto unos versos sencillos de Jorge Drexler:
Quien no lo sepa ya
lo aprenderá de prisa:
la vida no para,
no espera, no avisa.
Tantos planes, tantos planes
vueltos espuma...

viernes, 2 de marzo de 2012

Flores y puñales

Dejame esconder la mano,
y finge sorpresa cuando veas las flores.

El puñal no lo preciso,
puedo cortar venas con una rosa.

Eureka

Nota Bene:
Salvo grandes errores, no acostumbro retocar lo escrito, pero necesité esta excepción.
Releyendo el post original (Sedimentos) noté que estaba demasiado lejos de donde lo quería llevar.

-.-

Por un momento me pregunto: ¿que soy?.

La pregunta es mínima, vaga, imprecisa. No está muy claro que es lo que uno se pregunta, ni mucho menos la respuesta. No podría darla. Ninguna colección de sustantivos y adjetivos podría abarcar todo. Y probablemente, si respondo y enumero, caiga en la trampa de decir que soy mi pasado, porque lo que soy es ahora, ya, lo demás lo fui o lo seré.

Entonces, soy durante un segundo, un arsenal de recuerdos y vivencias, de conocimientos e ignorancias, y soy también uno o más planes, soy todos mis proyectos, no necesariamente congruentes entre sí.

Me está costando, por H o por B, hacerme este tiempo. Es mucho más el tiempo que paso deseando sentarme a escribir, queriendo disponer del rato necesario para dejar que las palabras se organicen de algún modo convencionalmente útil, porque no se trata de dejar un acertijo sino de expresar una opinión, o puesto en términos culinarios, no solo listar los ingredientes sino también adelantar un poco el método, y dejar un poco más en evidencia las sinapsis y los silogismos; pero cuando el tiempo apremia, como anoche, apenas me alcanzó para cerrar la idea y quedan textos con errores de sintaxis, o palabras repetidas sin intención, o cosas en el tintero.

Ando por ahí, distraído en lo de siempre, y cada tanto me asalta una idea, pienso que me gustaría desarrollar tal tema, y surgen conceptos, recuerdos, anécdotas, y malaya la hora de que eso no me pase cuando estoy al pie del cañón, y malaya la hora también, porque las ideas son ligeras, son como semillas de estación, hay un momento para plantarlas, y sino más tarde ... a esforzar la memoria.

Soy todo mi pasado, menos lo que dejé en el camino. Soy todos los libros que leí -que son menos de los posibles-, soy todas las charlas que tuve, soy todas las cosas que escuché. Sé que cada una de las ideas que anuncio tener, es algo que ya tenía desde antes de pensarla. Cuando una idea se abre camino, y llega a los codazos hasta el plano de la conciencia, decimos "tengo una idea", cuando en realidad tenemos miles (y dejo para Borges pensar si no será que las tenemos todas). Es decir, no producimos ideas, las ideas están ahí, esperando su cuarto de hora. Cuando decimos que elaboramos una idea, en realidad estamos haciendo un trabajo fino, como cuando los arqueólogos con el pincel u otra herramienta le quitan el polvo a los huesos a medio desenterrar. Entonces, de las ideas que se asomaron y se volvieron a refugiar dentro de mí, se que puedo esforzarme en recrearlas con resultado incierto pero diferente -uno no es uno, es uno y su circunstancia- o respetar su propio ciclo y esperar su regreso, apostando a que regresen reconocibles o mejores.

Algo de eso me pasa hoy. Encontré el momento para sentarme, justo aquel en el cual las ideas decidieron retirarse. Anoche hubiera sido mejor, es notable como un poco de vino alcanza para lubricar las dendritas. Un poco más de un poco en verdad, pero tampoco tanto. Una botella entre dos, acompañando la excepción que hicimos frente a una costumbre que no tenemos, y ya que el 2012 nos regala un bisiesto, enfrentemos el día bonus de febrero y cerremoslo con unos ñoquis aportados por un amigo de la casa.

Esto de ser todos los libros que leí (etc., etc.) venia en combinación con que también soy todo lo que comí y bebí y -omito algunos verbos comprometedores- en estas casi cuatro docenas de años. Sé que pensar en cual será la relación entre una célula cualquiera de mi cuerpo y algún plato de comida anterior parece una pregunta cannabácea, pero se me ocurrió estando sobrio en todos los sentidos posible, mal que le pese al estigma de Obélix que cargo conmigo.

Recordé entre la escritura original de este post y su primera revisión haber visto estos últimos días, en la cuadra del colegio de mis hijos, un pequeño negocio de ropa llamado "Eureka". A fuerza de relecturas y sinapsis, recordé por que pensé en la palabra Eureka antes de prestarle atención a la marquesina del local, fue en el momento en que me dije "de esto voy a escribir" por última vez antes de comenzar este post, aunque recuerdo eso pero no se si está presente hoy el tema que haya inspirado la expresión. Sé que pensaba titularlo Eureka, decisión que como verán abandoné antes y recupero hoy. Decia que no recuerdo cual fue el tema que me hizo pensar en decir eureka, pero sí recuerdo que me quedé pensando en la diferencia entre la intención de quien convirtió la expresión en onomatopeya, celebrando el alumbramiento de una idea, y cuanto más se popularizo la palabra petróleo como metáfora del hallazgo.

Cuando elegí el título anterior de este post (o el título del post anterior a este, como prefieran verlo), tenía que ver con una más de las ideas que saqué a tomar aire estos días. Sigo leyendo La vuelta al día en 80 mundos de Cortázar, libro que amerita una lectura que recomiendo y algún largo y extenso comentario que quizás algún día escriba. Promediando el libro, ya encontré en varias oportunidades la palabra cronopio, que creo recordar de haber leído por algún lado antes, siempre asociada a Cortázar. No conozco con precisión su significado, pero me da la sensación de que ser cronopio es bueno. En alguna de las últimas noches, encontré que mencionó la existencia de almas y esperanzas además de los cronopios. No entendí aun la clasificación que propone.

El libro me sigue gustando, pero reconozco que no lo estoy leyendo con la dedicación necesaria. Además de abocarme a él como última actividad del día, previo a quedarme dormido, lo que ocurre a las pocas hojas, lo leo en un estado de desconcentración, y el mecanismo de asimilación no funciona a nivel consciente. No se trata de una novela, donde hay una cronología, una historia, un personaje que seguir. Entonces yo sé que la vista pasó letra por letra, palabra por palabra, oración por oración, pero hay un funcionamiento defectuoso en el mecanismo triangular de la vista, el intelecto y la memoria, aplicado a las funciones de conocer, entender y memorizar. Leo sin entender ni capturar, o leo y entiendo pero me olvido como un pasatiempo, o como alguna película polaca que vi en el teatro San Martín, leo y recuerdo pero nunca aprendí nada. Hay en cada capítulo un tema tratado, pero no se cuanto de lo que leo se registra en forma individual, o va a parar a un repositorio de palabras y conceptos, una nube amorfa e indeterminada, de la que, cada tanto, algo precipita.

Entonces es como el aire, que siempre tiene polvo en suspensión, y de a poco va dejándolo caer. Uno no se da cuenta ni como ocurrió ni puede precisar cuando y probablemente tampoco decir de donde vino, pero ese polvo que no se percibe mientras flota va sedimentando, y tan pronto sedimenta, es polvo pero es tierra, y con el tiempo, algo nacerá de ahí. A esto venia, cuando decía al principio que soy un montón de ideas, y probablemente no sea más que eso, ideas de las que en una gran mayoría no recuerdo el origen, son conceptos que estaban en el aire, y por distintas causas sedimentaron en mí.

-.-

Y releyendo, llego a la conclusion de que no soy mas que lo que el tiempo hizo sedimentar, mis ideas, conocidas por mi o no, expuestas o no, no soy mas que todo ese gran repositorio neuronal. Lo demás, lease intentos de responder mencionando un rasgo físico, una ocupación, una conducta, son clasificaciones parciales e inconducentes, el que quiera saber quien soy, que conozca mis ideas más que mi persona.

¡Y despues que me lo explique!.

jueves, 1 de marzo de 2012

Sedimentos

Por un momento me pregunto: ¿que soy?.

La pregunta es mínima, vaga, imprecisa. No está muy claro que es lo que uno se pregunta, ni mucho menos la respuesta. No podría darla. Ninguna colección de sustantivos y adjetivos podría abarcar todo. Y probablemente, si respondo y enumero, caiga en la trampa de decir que soy mi pasado, porque lo que soy es ahora, ya, lo demás lo fui o lo seré.

Entonces, soy durante un segundo, un arsenal de recuerdos y vivencias, de conocimientos e ignorancias, y soy también uno o más planes, soy todos mis proyectos, no necesariamente congruentes entre sí.

Me está costando, por H o por B, hacerme este tiempo. Es mucho más el tiempo que paso deseando sentarme a escribir, queriendo disponer del rato necesario para dejar que las palabras vean la luz. Ando por ahí, distraído en lo de siempre, y cada tanto me asalta una idea, pienso que me gustaría desarrollar tal tema, y surgen conceptos, recuerdos, anécdotas, y malaya la hora de que eso no me pase cuando estoy al pie del cañón, y malaya la hora también, porque las ideas son ligeras, son como semillas de estación, hay un momento para plantarlas, y sino mas tarde ... a esforzar la memoria.

Soy todo mi pasado, menos lo que dejé en el camino. Soy todos los libros que leí -que son menos de los posibles-, soy todas las charlas que tuve, soy todas las cosas que escuché. Sé que cada una de las ideas que tengo,es algo que tengo desde antes de pensarla. Cuando una idea se abre camino, y llega a los codazos hasta el plano de la conciencia, decimos "tengo una idea", cuando en realidad tenemos miles (y dejo para Borges pensar si no será que las tenemos todas). Es decir, las ideas no se producen, las ideas están. Cuando decimos que elaboramos una idea, en realidad estamos haciendo un trabajo fino, como cuando los arqueólogos con el pincel u otra herramienta le quitan el polvo a los huesos a medio desenterrar. Entonces, de las ideas que se asomaron y se volvieron a refugiar dentro de mí, se que puedo esforzarme en recrearlas con resultado incierto pero diferente -uno no es uno, es uno y su circunstancia- o respetar su propio ciclo y esperar su regreso.

Algo de eso me pasa hoy. Encontré el momento para sentarme, justo aquel en el cual las ideas decidieron retirarse. Anoche hubiera sido mejor, es notable como un poco de vino alcanza para lubricar las dendritas. Un poco más de un poco en verdad.

Esto de ser todos los libros que leí etc. etc. también venia con que soy todo lo que comí y bebí -omito algunos verbos comprometedores- en estas casi cuatro docenas de años. Sé que pensar en cual será la relación entre una célula cualquiera de mi cuerpo y algún plato de comida anterior parece una pregunta cannabácea, pero se me ocurrió estando sobrio en todos los sentidos posibles, aunque el estigma de Obelix me persiga.

No recuerdo cual fue el tema que me hizo pensar en decir eureka, pero sí recuerdo que me quedé pensando en la diferencia entre la intención de quien convirtió la expresión en onomatopeya, celebrando el alumbramiento de una idea, y cuanto más se popularizo la palabra petróleo como metáfora del hallazgo.

Al ver el título que elegí para este post, recuerdo ahora una más de las ideas que saque a tomar aire estos días. Sigo leyendo La vuelta al día en 80 mundos de Cortázar, libro que amerita una lectura que recomiendo y algún largo y extenso comentario que quizás algún día escriba. Promediando el libro, ya encontré en varias oportunidades la palabra cronopio, que creo recordar de haber leído por algún lado antes, siempre asociada a Cortázar. No conozco con precisión su significado, pero me da la sensación de que ser cronopio es bueno. En algún capitulo reciente, menciono que además de los cronopios hay almas y esperanzas. No entendí aun la clasificación que propone.

El libro me sigue gustando, pero reconozco que no lo estoy leyendo con la dedicación necesaria. Además de dedicarle el último rato del día, previo a quedarme dormido, lo que ocurre a las pocas hojas, lo leo en un estado de desconcentración, y el mecanismo de asimilación no funciona a nivel consciente. No se trata de una novela, donde hay una cronología, una historia, un personaje que seguir. Entonces se que la vista paso letra por letra, palabra por palabra, oración por oración. Hay en cada capítulo un tema tratado, pero no se cuanto de lo que leo se registra en forma individual, o va a parar a una nube de palabras y conceptos, una nube amorfa e indeterminada, de la que, cada tanto, algo precipita.

Es como el aire, que siempre tiene polvo en suspensión, y de a poco va dejándolo caer. Uno no se da cuenta ni como ocurrió ni puede precisar cuando y probablemente tampoco decir de donde vino, pero ese polvo va sedimentando, y tan pronto sedimenta, es. A esto venia, decía que soy un montón de ideas, y probablemente no sea mas que eso, de las que en una gran mayoría no conozco el origen, son conceptos que estaban en el aire, y por distintas causas sedimentaron sobre mi.

-.-

Hoy viernes pulí un poco lo dicho anoche. Vi hoy de donde vino la palabra Eureka, de un pequeño negocio de ropa en la cuadra del colegio de mis hijos, al que estoy yendo a diario, asi llamado.

Y releyendo, llego a la conclusion de que no soy mas que lo que el tiempo hizo sedimentar, mis ideas, conocidas por mi o no, expuestas o no, no soy mas que todo ese gran repositorio neuronal. Lo demás, lease intentos de responder mencionando un rasgo físico, una ocupación, una conducta, son clasificaciones parciales e inconducentes, el que quiera saber quien soy, que conozca mis ideas.

¡Y despues que me lo explique!. Quizás deba corregir mi presentacion en el encabezado del blog.

viernes, 24 de febrero de 2012

El País de las Muertes Boludas

Curiosa costumbre la de la gente de este país, de morirse antes de tiempo y sin necesidad. Necesidad no, necedad si, y mucha, y de la buena. Nos hemos acostumbrado a ver muertos a nuestro alrededor, de las maneras más absurdas posibles.

Empezando por el final, el incidente ferroviario de hace unos días. Digo incidente y no accidente, porque el accidente presupone una cosa fortuita, imprevisible. Muchos de los mal llamados accidentes son en realidad consecuencias lógicas. Nos empeñamos en apostar al azar, a que lo improbable se convierta en imposible, y cada tanto la estadística nos demuestra que correr un riesgo mínimo, digamos del 1%, significa que a la larga 99 veces las cosas salen bien, y cuando se da la centésima, proclamamos como si fuéramos impunes: ¡que mala suerte!.

Que mala suerte, sobrepasar un auto a 160km/h justo cuando por el carril contrario viene otro que no parecía que venía tan rápido como nosotros. Que mala suerte, que el nene encontró la pistola del papá justo el día que el papá la dejo cargada. Que mala suerte, que alguien celebro año nuevo disparando al aire y a 2 kilómetros de ahí alguien empezó el año velando un bebé con una bala en la cabeza. Que mala suerte los motoqueros, que pensaron que 5 centímetros son un margen seguro a 80km/h. Que mala suerte, que se produzca un cortocircuito porque un cable de 1/2 mm2 no soporto un consumo de 3000 watts y se produjo un incendio.

Debe ser mala suerte también, que el chofer de un colectivo desconozca el principio de la física que establece que el mismo espacio no puede ser ocupado por dos cosas distintas al mismo tiempo, decida ignorar la barrera a medio bajar e intentar cruzar la vía justo cuando el tren esté pasando por ahí. Al margen, algunos otros decidieron ignorar primero que la barrera no funcionaba correctamente, y otros cuantos –especialmente las autoridades de control- aun ignoran que los dueños de los colectivos imponen a sus empleados exigencias horarias imposibles de satisfacer respetando las normas de tránsito.

Así las cosas, estos ejemplos anteriores cada tanto nos regalan un “cuando te toca te toca” por parte de los corteses y un “algún día le iba a pasar” por parte de los realistas, alguien lo justificará con un “murió en la suya” y alguno dirá “no lo puedo creer” para no quedarse callado.

No sé si la cultura de la muerte está tan arraigada entre nosotros de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo, o quizás sea tan universal –transversal se dice ahora- como nuestro destino común de alimentar gusanos. Del modo que fuera, así como consentimos los episodios individuales, permitimos por parte de quienes nos dirigen el ejercicio de la irresponsabilidad, en el sentido de que todos parecen serios y circunspectos y solícitos ante los incidentes múltiples, pero nunca aparece un responsable cuya cabeza pueda ser cortada, o su trasero amortizado a puntapiés.

Hace unos años se incendió Cromagnon. 200 promesas rotas. La lectura simplista dice que el local estaba sobrepasado de gente, como es habitual ante la tolerancia tarifada de quienes deben verificar que eso no ocurra. Que en el local había instalaciones que no debería haber habido, que se tiraban fuegos de artificio que no debiera haber habido. Que no había o no funcionaban las luces de emergencia. Este hecho, además de los jóvenes muertos, le costó la intendencia al inútil de turno, le costó un poco de cárcel al dueño del local, y poco más que eso es lo que los responsables pagaron por 200 vidas. Si los inspectores coimeros y el intendente tolerante de los arraigados usos y costumbres municipales hubieran ido presos, no pulularían como lo hacen hoy los locales que se alquilan para “fiestas privadas”, que quedan fuera del control comunal, donde un entrepiso colapsa y aplasta a los de abajo.

Decía que el reparto de responsabilidades de Cromagnon presenta una lectura simplista. Esto ocurrió en el año 2000. En el año 1992, en Olivos, se incendió la discoteca Kheivis Key, con un saldo de 17 personas muertas por no poder salir, y ningún responsable de nada, salvo un adolescente que derramo una bebida alcohólica sobre un sofá. Mi teorema es que si el dueño de ese lugar y los inspectores de ese lugar hubieran ido presos, el dueño y los inspectores de Cromagnon hubieran sido menos negligentes, y no hubiera ocurrido lo que ocurrió años después.

Se me ponen los pelos de punta, cuando recuerdo de chico pasar por la avenida Constitución en Mar del Plata, donde había un local prácticamente bajo tierra. Vi en el año 1987, en San Miguel (General Lemos para ser más exactos) el incendio de un boliche en construcción, también una trampa escarbada en la tierra, con techo de paja, que afortunadamente se prendió fuego antes del estreno y sin dejar víctimas entre los imprudentes obreros que preparaban su asadito del mediodía.

Hace unos años frecuentaba Santa Rosa, por motivos de trabajo. Habitualmente me alojaba en el hotel Calfucurá, que presume de ser de 4 estrellas, lo que atribuyo a algún borracho que ve doble, porque 2 estrellas le quedarían mejor. El caso es que me tocó presenciar como un turista norteamericano –colectivo al que no desprecio en forma individual- preguntaba en un difícil español por la salida de emergencia, que no podía localizar, y los socarrones comentarios y silenciosas sonrisas en la recepción del hotel, luego de explicarle que no había tal cosa. Al fin y al cabo, si se incendia el hotel y no puede salir, vaya a la terraza, que si se muere ahí está más cerca del cielo.

Vuelvo al tren. Ahora están averiguando si el maquinista entro rápido por distracción, si fallaron los frenos, si fue un desperfecto mecánico. ¿Y?. Me permito aportar algunas sugerencias. Renueven las vías. Renueven el material rodante. Cambien el sistema de control de las formaciones. En una época en que los aviones vuelan solos, con un poco de informática, los trenes deberían saber cuándo deben frenar y a qué velocidad circular en cada sector, y el conductor debería ser liberado de las funciones automatizables. Acá no se trata de que por una combinación de factores imprevisible chocaron 2 trenes, se trata de la lógica consecuencia de combinar tecnología obsoleta con vías en mal estado, y de entregarle el negocio a algunos amigos del poder sin endosarles la responsabilidad. ¿O alguien va a ir preso?. ¿O alguien va a pagar de su bolsillo?.

Hace unos años, tuvimos el incidente de LAPA. Un comandante de avión y su tripulación que intentan despegar desoyendo una estridente alarma. 67 muertos. Ahora no sabemos si el piloto era irresponsable o estaban acostumbrados a manejar aviones con alarmas encendidas. En el informe de la JURCA se mencionaban una serie de inconductas y defectos de procedimiento por parte de la tripulación. Como al pasar, menciona que en la cabina algunos tripulantes compartieron un cigarrillo. Viendo lo que paso poco después, un escalofrío me recorre la espalda y la duda subsiste. Lo cierto es que no fue culpa de nadie. Vi la película Whisky Romeo Zulú, lapidaria, pero nadie le hizo juicio al director, y vi al inmutable Neustadt defendiendo al empresario, y como diría el tío Bernardo, ¿lo dejamos ahí?

Salvo unas pocas excepciones, las rutas tienen hoy el mismo ancho que hace cincuenta años, cuando los camiones eran lentos y pequeños y los autos ya alcanzaban los 120 km/h. Había muchos autos menos circulando, muchos camiones menos y las maniobras de sobrepaso eran relajadas. Hoy tenemos moles con acoplado que van a 100km/h, ómnibus que ocupan el 90% del ancho del carril (con lo que se cruzan entre sí a un brazo de distancia), y millones de autos mas. Es cierto que somos un país de conductores imprudentes, pero las técnicas de control del estado no privilegian la seguridad sino la recaudación.

En tiempos de GPS y seguimiento satelital, no han logrado instrumentar un mecanismo que verifique en forma inmediata la velocidad a la que se desplazan camiones, ómnibus y colectivos, entonces un micro que viene de Corrientes Capital a Buenos Aires con una velocidad máxima autorizada de 90km/h recorre 1000km en 10horas, y si el promedio es mayor que la máxima autorizada, la máxima real debe ser superior aun. Mi hermana me refirió, en un viaje de Buenos Aires a Santa Clara del Mar, que el chofer del micro desoía sus pedidos de circular a la velocidad reglamentaria y sus compañeros de viaje la hostigaban invitándola al silencio con tal de llegar más rápido.

En mi penúltimo viaje a la costa, llevamos el detalle de los radares ubicados sobre la autovía 2 y la ruta 11. Solo uno, de una docena de radares, está ubicado en un lugar donde rige la velocidad máxima de 120km/h, el resto esta desparramado en lugares donde la velocidad máxima está restringida a 60km/h y 80km/h; porque el propósito no es evitar que vayas a 180km/h donde podes ir a 120km/h sino que no pases a 70km/h en vez de 60km/h el cruce de la ruta con un camino vecinal por el que no viene nadie. Entonces, cuando un par de años después vas a vender el auto o renovar el registro te aparece una multa de la que ni te enteraste, que ya fue a juicio -tampoco te enteraste- y tuvo sentencia y entonces con los intereses debes una pequeña fortuna.

El otro chiste, es el de las luces bajas encendidas. Es una excelente medida de seguridad. Ver que viene algo de frente con 2 kilómetros de anticipación ciertamente ayuda a evitar accidentes. Es común olvidarse de encender las luces apenas se sale de una estación de servicio donde cargamos combustible. ¿Y dónde estará el control policial o municipal, presto a aplicar una multa o “aceptar” una colaboración económica?. Obvio, está por ahí nomas. Y si no, ponemos un control sobre la ruta 210, en una zona donde la ruta se hace urbana, con semáforos cada 400 metros. Para el que no conoce, eso no es una ruta sino una avenida, pero no importa, a pagar lo que acuerdes con el policía de tránsito o $900 para una municipalidad.

Recuerdo la marcha del Mundial'78. ¡25 millones de argentinos, jugaremos el mundial!, y hoy somos mas de 40 millones, así que, para que nos vamos a preocupar por unos cuantos muertos antes de tiempo, si total tenemos argentinos para tirar al techo.

domingo, 19 de febrero de 2012

Guillermo

El agua se llevó todo,
y el viento se llevó lo que quedaba.

Salió el cero en los dados,
un comodín negro en la baraja,
y la perinola mintió pierde uno,
como si no supiéramos que todos.

A tanta certeza,
le sobreviven algunas dudas,
el resto de algo en la botella,
y un par de secretos,
huerfános de tiempo y de confianza.

Gané un vacío al lado de los otros,
y una silla estúpída que mira ausente,
a este señor solo de vos,
presidir tu gente en una mesa rota.

martes, 7 de febrero de 2012

¿Y ahora qué?

Dame un mapa de tu amor.
Dame que quiero encontrar tu corazón.

La pregunta desnuda la duda, y la duda desviste el temor.

Confieso no sentirme preparado para lo que sigue. Quizás si lo esté, pero no lo siento así. Muchas veces he tenido el ánimo desprotegido, anduve deambulando medio atontado, esperando un cachetazo que me despierte, o que me duerma, y me permita descansar un rato de los fantasmas. Aun estoy vivo, y no podría decir que "me va mal", por lo que debo deducir que me haya sentido o no preparado, que lo haya estado o no, no han hecho mayor diferencia.

Esta sensación, la de no saber que viene, por un lado estimula, por otro lado asusta. Quizás el hecho de que esté lloviendo y no haya sol tenga que ver. Por algo, los antiguos adoraban al Sol, como dador de dones, como generador de vida. ¿Eran creencias primitivas, no?. Adorar al sol, el agua, la tierra. Después apareció otro que dijo "Todo esto lo invente yo" y allí nos fuimos, crédulos, como si el hacedor fuera más importante que la obra. El caso es que llueve, es un día gris, y una cierta tristeza se apodera de mí.

Tengo un día así. Debiera estar más o menos contento, pero no me sale aun. Si creyera que el dinero hace la felicidad, tendría el consuelo de una indemnización. Es cierto que calma los nervios. Puedo aguantar unos meses. Si consigo pronto un nuevo empleo, puedo capitalizar unos pesos, lo que no viene nada mal. Hay algunas cosas postergadas, por falta de presupuesto.

Miro el jardín. El agua lo revive. Los verdes se ven más limpios, y el mar de pinocha gana un color naranja. La grama finalmente está ganando donde faltaba cubrir, ya casi todo está verde, o parece verde desde aquí. Las orquídeas comienzan a florecer. En un par de semanas, o quizás un poco más, habré o habremos o le habremos pagado a alguien para que pinte lo que tenemos que pintar. Me falta colgar algún cuadro en su nueva ubicación, hay un par de adornos nuevos que quiero ubicar donde se luzcan. Los plantines de frambuesa parecen prosperar.

Curioso, pero confirmado. Una casa cada vez más personal y más linda, un jardín que gratifica. Se nota, tanto en la casa como en el jardín, el propósito de mejorar. Uno se pone un objetivo, traza un plan, lo ejecuta, ¡y funciona!. Si todo fuera tan sencillo. O al menos, tan inexorable. Como quisiera que no me martillen la cabeza los versos de Spinetta.

viernes, 3 de febrero de 2012

Picazón de manos

Decidí hace un rato darme un respiro a mí mismo, o de mí mismo, y dedicarme a lo que no es importante, desde el punto de vista del siglo XXI en el que estamos, desde el momento especial en que estoy –sin trabajo-, y por qué no, desde la precaria situación en la que se encuentra mi vida, tal como puede ser entendida por muchos, de cuarentón casi al borde, páter-familia, en plena crisis existencial, en gran parte autogenerada como escape a una situación de feliz normalidad que por momentos resulta apacible y cada tanto, precisamente por apacible, se hace insoportablemente adormecedora.

Abandoné la cama recién. Antes, poco antes, me acosté con un nuevo libro, ya que los que tengo en la mesa de luz no me están llamando la atención, quizás por llevar varios días –semanas tal vez- intentando o esperando su turno, y eso ha hecho que el ojo los incorpore y los devalúe. Entre ellos alguno del que dudo a pesar de que me vino recomendado, de una letra demasiado pequeña, que no sobrevive a la distancia que le impone la presbicia sin lentes, otro medio existencialista que no sé si estoy releyendo aún o ya dejando de releer y creo que también hay otro de Neruda, que le saqué a mi suegra junto con el anterior sin que ella lo sepa ni sospeche, que me gustó leer, sobre todo para darme cuenta de la inmensa distancia que hay entre mis torpes intentos –que yo leo con hipócrita indulgencia- y lo que podríamos decir poemas mayores, o poemas de un poeta mayor.

Avancé unas cuantas páginas de un libro que mencioné como tarea pendiente bien al principio de este blog: La vuelta al día en 80 mundos, de Julio Cortázar. No sé cuantas hojas llegué a leer, quizás una docena. Claro, como explicarlo, Perogrullo diría “Que pedazo de escritor”. Salvando el talento y probablemente la erudición, en ambos casos mayores en él que en mí, leo y digo no solo como me gusta, sino como me gustaría escribir así. Oraciones largas, ideas que van y vienen, salta de tema -en eso me parezco- pero luego vuelve y lo cierra magistralmente, o eso parece. Entonces, en pocas páginas ya habló de tantas cosas, que no voy a repetir, ni tratar de inventariar. Desde ya recomiendo el libro. Quizás cuando me adentre vea algo distinto, pero hasta ahora veo un libro que parece un blog, claro que escrito muchos años antes de Internet y sus opciones, la única referencia que puedo dar, sin ir a ver la fecha de edición, es que es posterior a Rayuela, porque la nombra. Es un poco autobiográfico, o mejor formulado, auto referenciado, habla de él o a partir de él o de cosas que supo o de cosas que conoció o escuchó o vivió, un título y un texto y otro título y otro texto, con citas y menciones, y el único hilo conductor entre las partes es el mismo Cortázar.

Delicioso, notables hallazgos, como la Nube Magritte o el método para desaparecer ciudades o el origen del nombre de un gato –Teodoro W. Adorno- y lo que importa hasta tanto encuentre una mejor interpretación no es lo que cuenta sino como lo cuenta, como elige las palabras y las frases y las combinaciones y uno –ese uno soy yo- lee rápido y con avidez, dándose plena cuenta de que si fuera más lento vería más detalles pero a pesar de ello no logra sacar el pie del acelerador y deja que la vista vaya deslizándose de palabra en palabra y de línea en línea y en el medio de ese trance me digo a mí mismo que el respiro que necesito es aún mayor, hace poco tiempo descubrí o redescubrí que puedo ponerme a escribir porque si, sin un planteo previo, sin una intención más trascendente que el mero acto de hablar por escrito, y si bien pude hacer un cuento y lo hice y pude pensar en otro cuento que luego se volvió novela (proyecto que no abandoné pero se me escabulló en algún pliegue del cerebro, en la parte que resuelve la voluntad, que no me hace acordar del tema ni desear acometer la obra), hago una autocrítica de mis últimas expresiones (casi digo creaciones, pero como todo esta creado, en realidad expresión me da una voz más fidedigna y publicación más exacta pero a la vez más fría) y creo que en muchos casos fue más importante la idea que la forma, y precisamente este intento es un respiro a eso: no sé cuál es la idea, lo que me propuse hacer es elegir una forma –que ojalá alguien piense es parecida a la de quien me inspira- y dejar que las ideas la invadan.

Acabo de releer. Tengo una mala costumbre con respecto a los acentos, tara que le agrega al acto de escribir la obligación de esta primera revisión, y en esa segunda recorrida además vemos palabras reiteradas, como si no pudiéramos usar un sinónimo o escribir la idea de otra forma, evitando la repetición, que no sé porque pero me suena a defecto. Esta relectura tiene además una consecuencia adicional, que es recordarme un poco de donde venía la cosa, o hacia donde la quería llevar, que son diferentes manifestaciones de la improvisación que dejo que me gane, lo que no sé tampoco si es bueno o es malo, supongo que es mejor que revise y corrija un poco, que acepte que esto –tal como está hasta ahora- es un gran borrador y debe ser pulido, en nombre del buen gusto y de la técnica, o por lo menos en una demostración de respeto hacia quienes tengan la suerte –en la versión neutra de la palabra- de encontrarse ante estas líneas.

¿Y qué tal si me voy a dormir? Hago mía la pregunta y pienso que no quiero, sé que en la cama me esperan tu compañía y un libro o la compañía del libro o la tuya o nada de eso, pero me ganó la pulseada este afán de escribir porque si y de esta manera, anárquica, caótica, desprolija, lo que digas pero auténtica, tratando de sacar de algún lado una metáfora o una anécdota o algo que premie a los pacientes o a los constantes. Creo que escribo casi como si estuviera respirando ahora, con la misma automaticidad, palabras y palabras que me recuerdan al boxeador del cuento, dan vueltas y vueltas y no tiran ningún golpe, te entretienen y adormecen, y cuando te das cuenta, se fue otro round.

Me empieza a ganar la desazón, la sensación de que no logré lo que quería cuando me senté. Tenía poco para decir, tenía poco pensado para decir ahora, y lo agoté. No hay acá un estilo que me salve, tampoco una idea, ni siquiera una cita. Voy y vengo, en la misma baldosa. Había una lista de posibilidades en el aire, como en los bailes de pueblo a temprana hora, todas las candidatas estaban ahí esperando el cabezazo que las invite, y mientras dimos la vuelta eligiendo con cual, se fueron desvaneciendo, y lo poco que quedó alcanzó apenas para esto. Que no es poco, porque le doy el valor del ejercicio. No tengo tema, últimamente no tengo tema, pero me picaban las manos de ganas de escribir.
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